Por Ramiro García Morete

«Puedes creer que todo ha terminado / pero esto, amigo, recién ha empezado». Quizá fue tras alguna visita a La Plata de Les Luthiers, instancia en la que Miguel no solo opera al legendario grupo sino que también aprovecha para ver a sus amigos. Y es que -ante todo- eso son. Quizá ya no se vean a diario como en los años de de calle 61 y ese patio con ciruelos al fondo de la casa materna de Walter, donde el cantante había armado su pequeña guarida y donde ensayaban hasta cualquier hora. Si bien cada uno ha hecho carrera por su lado, no mucho ha cambiado desde los años de Bellas Artes o los primeros ensayos en plena dictadura.

 Muy poquito después formarían parte importante de la renovación del rock argentino a través del llamado new wave, compartiendo más que escenarios con bandas como Virus o Soda. Inclusive serían los primeros en utilizar la palabra «pop» en la revista Pelo, más allá de una actitud rockera que se vislumbraría en letras contestatarias como «Un grito en la pared» o aquella sobre la torta podrida que no pudieron publicar. La ingenua juventud de ellos ante una industria conservadora, donde «te grababan cinco viejos milicos y caducos», atentaría contra el sonido de la banda. «El primer disco suena todo grave y el segundo todo agudito», dirá Walter. Aunque desde una perspectiva externa -a veces menos injusta que la propia- tanto Energía para compartir (1984) como Prendas íntimas (1985) logran un destacable mix de buenas canciones y un audio que envidiarían muchas de las bandas. No por nada desfilarían en aquella década por ATC, Domingos para la Juventud y distintos medios.

El asunto es que nunca se quedaron muy conformes. Y que en algún pos show de Les Luthiers -o tal vez en la quinta de City Bell- alguien preguntó: «¿Y si grabamos un disco bien?». En pandemia y a distancia, realizarían Buscando formas y luego se encontrarían para reversionar «Mi moto». Siendo todos productores musicales y con búsquedas propias, optarían por el estudio en Acasusso de Miguel y la impronta colectiva de la banda que completan Fabián (guitarras) y Pierino (bajo). Quizá más valvular y «suelta» que antes, pero sin abandonar la impronta ochentera con la batería Yamaha con muchos cuerpos «a lo Phil Collins». Diez temas registrados a publicarse el 4 de marzo forman parte de este regreso que se corona con el concierto que darán este sábado a las 21 en La Casona Cultural (19 y Cantilo). 

«La sensación primaria es que lo hicimos por una cuestión emotiva -comenta Walter García Luna-. Somos amigos desde hace 40 años. Seguimos en contacto, además de seguir trabajando como músicos y productores. Como tenemos un estudio, se nos ocurrió juntarnos y hacerlo a nuestra modalidad. Viejos temas y algunos nuevo». Y añade: «Es la frutilla de la torta».

Tras jornadas extensas de ensayo y de ir escuchando Stevie Wonder o Norah Jones en la Meriva, la banda está preparada para una noche especial y la salida de un nuevo disco, treinta y cinco años después. «Nos remitimos a plantearnos que necesita la canción -comenta el músico ante el desafío sonoro-. Se actualizo a nivel más valvular, más cruda. Incluso hicimos muy pocas variaciones, y nos permitimos tocar más stone… en el sentido de estar más sueltos, más tranquilos, para que no sea tan estructurado». Y compara aquellos años en los que cultivaban las influencias de The Clash o The Police: «Cuando entramos a grabar, eran todos viejos y caducos. Y nos hicieron grabar como los pibes del colegio, todos buenitos. Así que ahora nos dimos el gusto de ser más crudos».

Otro desafío fue el rumbo, habiendo tanta variedad de productores en el mismo seno del grupo. «Nos remitimos a lo que era Abrelatas, no a lo que era cada uno de nosotros. Sino uno querría grabar el álbum blanco de los Beatles, otro un disco como Toto, otro como Lebón… Nos remitimos a tener una idea global de qué era Abrelatas: una banda de new wave, rock y bastante de pop. Es Abrelatas pero no imitando para atrás».

Más allá de la importante trayectoria lograda en los ´80, García Luna entiende a la banda como algo que «nos abrió puertas a cada uno» y hace énfasis en el presente. Inclusive, opina sobre la actualidad musical: «Nos interesan las nuevas tendencias. Como Ca7riel o Wos, pibes que nos encantan a todos. No somos viejos caducos que nos quedamos con lo bitle o The Police y que lo de antes es mejor. Hay jóvenes que laburan bien y producen muy bien. He tenido alumnos en la EMU que te dan vuelta como una media. Yo creo en los pibes».

Hablando de los pibes y citando a The Who, los chicos están bien. Por eso García Luna no se atreve a sentenciar nada sobre el futuro. «No se sabe. Capaz que después de esta fecha alguno pregunta: ¿Y si nos juntamos de nuevo? ¿Y si alquilamos un teatrito? Hoy el chiste es que nos volveremos a juntar dentro de 35 años. Pero no se sabe, porque vamos a ser amigos hasta la muerte».