Por Ramiro García Morete

En el cuento que da nombre al libro y que lo cierra, el narrador está preocupado por una pareja vecina cuyo hijo desapareció repentinamente. «A Betito, el hijo de Valeria y Mario, los dueños del vivero, se los tragó la tierra. No era suyo de sangre, pero Mario lloraba más que Valeria». Así comienza, como casi todos sus cuentos: con iguales dosis de potencia y economía. La escena se plantea, pero no se revela. Y ese narrador comienza a obsesionarse por lo que ocurre con sus vecinos, atando cabos y especulando. Al punto no solo de escribir e imaginar finales posibles, sino de meterse tanto en la historia que acaba desenterrando una verdad mucho más perturbadora que lo que había fabulado.

Y en cierto modo es lo que logra Federico Watkins con La verdad en los huesos. En espacios reconocibles y familiares, nos adentra con un lenguaje que va de lo coloquial a lo refinado y con un notable dominio de la tensión en historias que acaban desenterrando algo que no queremos ver pero que nos constituye como especie. Y es que a pesar de ser licenciado en Comunicación de la UNLP, la materia con la que trabaja Watkins no es eso que algunos llaman realidad. O mejor dicho, es apenas un velo engañoso para escarbar y tratar de aproximarse a ese tesoro que anhela la buena literatura: la verdad. Aunque a veces se parezca más a un saco de huesos putrefactos que un bolsón de monedas de oro.

Edgardo Scott lo explica mejor en el prólogo: «Cuando Watkins narra, entramos en una zona turbulenta y desconfiada. Watkins maneja con elegancia el viejo arte: sabemos que algo se nos está ocultando, pero a la vez queremos y no queremos saber qué es. La indefensión, la violencia, la desigualdad, la desgracia son algunos de los temas que van delimitando su espacio narrativo. Hay algo de Cormac McCarthy, pero también de Poe, del viejo y sabio Poe, y por qué no de un equipo cuentístico que podría incluir a Abelardo Castillo, Miguel Briante y Haroldo Conti, pero solo si se dejan aconsejar por la gran dama sureña del cuento: Katherine Anne Porter. Es decir, hay crueldad y hay mesura, hay voluptuosidad y hay economía, hay rigor, pero también los caballos jadean y se desbocan y caen por el barranco».

La verdad en los huesos está disponible en algunas librerías locales y porteñas. Y tendrá doble presentación: hoy a las 18 en Crumb (Diag. 77 e/ 3 y 4) junto a Gabriel Morini, José Supera y Federico Reggiani. Y la participación musical del mejor compositor de la historia de la ciudad y uno de los mejores del país: Mister. Y a su vez, mañana la cita será en CABA. Más precisamente a las 18 en Galería Rosas, Martínez Rosas 1260, con Martín Pérez, Eleonora González Capria, Edgardo Scott y un show musical sorpresa.