Por Ramiro García Morete

Este 3 de diciembre en el Teatro René Favaloro (117 y 67) a banda presenta “Ni muy cerca del sol” donde expande su esencia rockera con sonoridades contemporáneas

“Hay que transmutar/es una buena ocasión/para salir de la burbuja/y tomar algo de envión”. Correría agosto del año pasado cuando de pronto salió. Por alguna razón, no había escrito nada desde el 2018. Sí surgían melodías, como cada vez que agarra la Gracia criolla que lo acompaña desde hace cinco o seis años. Pero Guillermo Ghe Centurión no sentía que tuviera algo especial que decir o plasmar en el cuaderno anillado sin tapa. El mismo en el que conserva en su primera hoja la letra de “Bartolo”, ese primer ejercicio o intento compositivo de hace muchos años ya, cuando probó cambiarle la letra a un tema de Divididos para ver qué pasaba. Bandas como esa –o al menos emparentadas por alguna razón- lo habían formado: Redondos, Piojos, La Renga. Y también Led Zeppelin o los Chilli Peppers. Eran años en los que vivía aun en Ringuelet, en la misma casa familiar tendrían los primeros ensayos.

Pero ahora estaba en Tolosa, el barrio que actualmente comparte con el guitarrista Nicolás Lindblom. Curiosamente todos los integrantes representan lugares distintos: Manuel García Ortega (Bajo), del centro; Jorge Vallejo (Batería), de Villa Regina; Agustín Monje (Sintetizador), de Berisso; Francisco Tolone (Trombón y Trompeta) , de Citi Bell; Federico Bojanovich (Saxo), de Ensenada.  Y al parecer, gustos o influencias distintas pero con un norte siempre cancionero. Lo cierto es que de pronto volverían las canciones. No una sino muchas. Después de esa cuyo nombre no recuerda pero “tenía una melodía medio Strokes”, sobrevendrían catorce.

Ensayando en La Loma, trazarían algunos objetivos. Por lo pronto, repetir el mismo productor que en trabajos anteriores “nos abrió muchísimo la cabeza”: Darío Carelli. Pero también se plantearían expandir sus propios límites o –mejor dicho- no imponérselos. Con una identidad claramente heredera del rock argentino de décadas pasadas, sin embargo la banda consumiría propuestas más contemporáneas tales como Lo Pibito, El Mató o Bándalos Chinos. Tratando de conservar una línea sin atarse a una soga, seleccionarían mediante comicios internos cuatro canciones para darle forma a “Ni muy cerca del sol”. Rock cancionero y potente a base de brasses pero también con pequeños toques de modernidad, mayor presencia de sintetizadores y algún coqueteo con el rap conciencia. Un EP donde Las Alas de Ícaro vuelven a sortear sus laberintos.

“Básicamente-introduce Centurión-  lo que queremos lograr con el sonido es mantener la esencia con los discos anteriores, que por ahí son más cercanos al rock de los ´90 y ´2000 con mayor protagonismo de guitarras. Este EP da más lugar a los vientos y las teclas. Ya que somos una banda de siete integrantes, participan todos por igual”.

Pero más allá de los cambios, la premisa fuera “que suene a Las Alas  de Ícaro.  Por eso es fundamental jugar con ese límite también. Un límite muy fino de ir por lo nuevo o aggionarse a otros sonidos y mantener la estética. Tratamos de buscarlo y por suerte nos convenció. Básicamente buscamos transmutar”. Y cuenta que implicó un proceso: “Nos criamos con esto (en referencia al llamado rock barrial).  Nuestra niñez y adolescencia fue esto. Pero escuchando sonidos nuevos, dijimos: ´Pará… ¿por qué tenerle miedo?¿ Por qué resistirse a un cambio que ni siquiera es un cambio de 100% que dimos vuelta el panqueque?”. Y evalúa: “El rock clásico que nos crió está un poco desplazado. La idea es mantenernos pero darle una vuelta de rosca con los sonidos actuales”.

En esa búsqueda, “cada uno algo diferente, le da su impronta y ahí genera la identidad del sonido de la banda. Este EP lo hicimos en capital con Dario Carelli. Laburamos con él desde  el primer disco. Es difícil darle las canciones a alguien. ¡Es como darle tus hijos! La verdad que por suerte nos abrió muchísimo la cabeza. Sacar un poco de letra. Todos detalles que antes ni los pensábamos. Esa fue acomodando un poco las melodías de la banda. Porque se ve que cada cual tiene su espacio. Que cada uno prueba brillar en los suyo”.