Por Gabriela Calotti

Cacho era técnico matricero y capaz en la fábrica de vidrios Sariq de Lanús. Numerosos trabajadores militantes de esa fábrica fueron secuestrados por fuerzas conjuntas del Ejército y de la Policía bonaerense. Cacho fue llevado a la Brigada de Investigaciones conocida como El Infierno de Lanús. A su madre un policía le dijo que había sido trasladado al III Regimiento de Infantería de La Tablada. Allí lo fueron a buscar infructuosamente sus padres, Oscar y Celia.

«Mi nombre es Ernesto Darío Borzi, de 52 años, trabajador de la Nación, y en condición de sobreviviente vengo a ofrecer testimonio por mi familia. Ada, de 30 años, mis hermanos Juan Manuel de 3, Luis Alejandro de 6, mi papá, nuestro papá, Oscar Isidro Borzi de 35 años, quien fuera detenido y desaparecido el 30 de abril de 1977», afirmó el hijo mayor de Cacho que por entonces tenía 7 años de edad en la audiencia número 45 que tuvo lugar el 26 de octubre pasado y que continuó este martes.

Esa madrugada, cerca de las dos, un grupo numeroso de hombres armados irrumpió en su casa en Lanús Este, donde dormía el matrimonio y los tres varoncitos. Ese «grupo de asalto» tal como los calificó Ernesto Borzi «tomó nuestra casa y nos mantuvo en situación de privación ilegítima de la libertad», en cuyo ínterin secuestraron a su padre, que permanece desaparecido, precisó el testigo ante el Tribunal Oral Federal Nº 1 de La Plata en el marco de la audiencia número 45 del juicio por los delitos de lesa humanidad perpetrados en las Brigadas de Banfield, de Quilmes y de Lanús, con asiento en Avellaneda.

Cacho militaba en la Juventud Trabajadora Peronista (JTP). Poco antes del brutal allanamiento en su casa esa madrugada de abril había sufrido un episodio violento en la fábrica. Días después el Ejército había irrumpido en la planta, donde detuvieron a uno de los delegados, Norberto Tito Vidal.

Según el relato de Ernesto Borzi, que reconstruyó los hechos junto a su padrino, fueron varios los episodios de amedrentamiento hacia su padre en los días previos a su secuestro.

Ada, su esposa, le insistía para que se fueran de allí y del país. «Papá esa posibilidad no la veía, no la aceptaba», aseguró su hijo mayor el martes. «Mi papá sabía que lo venían a buscar», agregó luego.

La madrugada del 30 de abril «golpean aproximadamente a las 2 de la mañana, muy fuerte. Mi papá pregunta ‘quién es’ y desde la calle le dicen, ‘abrí la puerta, Ejército argentino’». Su madre le contó que «al abrir la puerta, mi papá es herido en el pecho y tirado en el piso, donde es reducido a golpes y patadas».

Durante esas primeras horas de violencia su madre fue «violentada, abusada». El mas chiquito, enfermo del corazón, lloraba sin parar hasta que permitieron que su madre lo calmara. Ernesto dijo que él no escuchó nada. Que empezó a darse cuenta de lo ocurrido a la mañana siguiente.

Los hombres permanecieron casi dos días en la vivienda. A su madre la obligaron a cocinar. A él lo manosearon. «Jamás en toda esa jornada tuvimos contacto con papá», dijo al Tribunal.

El hijo mayor de Cacho aseguró que durante esas largas horas de secuestro en su propia casa vio al general Ramón Camps y al médico de la policía José Antonio Bergés. Asegura que los reconoció porque «cuando fui adulto, estudiante, investigador, recorrí todos los archivos que pude», sostuvo.

El 1° de mayo, según el relato que pudo recabar de los vecinos, a su padre lo sacaron «caminando» de la casa «y lo meten en un auto».

Esa noche los represores-secuestradores le dijeron a la mujer que se fuera de la casa con los tres chicos. Una vecina le prestó dinero para el colectivo y fueron a la casa de sus abuelos paternos.

En la búsqueda de su cuñado y compadre Cacho, Antonio Eduardo Ibarra, el padrino de Ernesto logró hablar con un policía de la Brigada de Investigaciones de Lanús identificado como Jorge Cutrone, al parecer ya fallecido.

«A tu cuñado lo sacamos de la casa y lo llevamos a la Brigada. El 1° de mayo estaba en la Brigada. Pero te voy a decir una cosa, cobró durante dos días. Leña, picana. No hablaba, no decía una palabra», le dijo ese hombre a su padrino, antes de asegurarle que los quince días se lo llevaron a una comisaría de Lanús.

A su abuela, un policía conocido de la familia le dijo «Cacho está en La Tablada», relató Ernesto Borzi, antes de afirmar que sus abuelos hablaron allí con Federico Minicucci, también imputado en este juicio.

Al cabo de cinco horas de declaración, el presidente del Tribunal, el juez Ricardo Basílico, dispuso un cuarto intermedio hasta este martes 2 de noviembre.

El martes continuó el testimonio de Ernesto Borzi, quien rechazó de forma tajante el pedido del presidente del Tribunal a su abogado querellante Pablo Llonto para que «encausara» ese testimonio que se prolongó varias horas más sin referirse de forma concreta al paradero de su padre, y abundando en consideraciones de contexto de aquellos años.

Borzi argumentó que «en 44 años es la primera vez que puedo hablar» y sostuvo que se sentía «avasallado» por la solicitud de Basílico.

Los testimonios de sus hermanos, Luis Alejandro y Juan Manuel debieron ser reprogramados para después del 8 de noviembre. Ese día por primera vez en este debate oral y público, tendrá lugar una audiencia presencial.

El presente juicio por los delitos perpetrados en las Brigadas de la policía bonaerense de Banfield, de Quilmes y de Lanús es resultado de tres causas unificadas en la causa 737/2013 con sólo dieciocho imputados y con apenas dos de ellos en la cárcel, Miguel Osvaldo Etchecolatz y Jorge Di Pasquale. El resto está cómodamente en sus casas ignorando las audiencias.

Ahora son diecisiete imputados luego del fallecimiento de Miguel Ángel Ferreyro ocurrido días atrás según su abogado. Ferreyro, que nunca había sido juzgado, murió impune.

El juicio oral y público comenzó el 27 de octubre de 2020 de forma virtual debido a la pandemia por Covid-19. Por esos tres CCD pasaron 442 víctimas tras el golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, aunque algunas de ellas estuvieron secuestradas en la Brigada de Quilmes antes del golpe. Más de 450 testigos prestarán declaración en este juicio. El Tribunal Oral Federal Nº 1 de La Plata que lleva adelante este juicio está integrado junto a Basílico por los magistrados Esteban Rodríguez Eggers, Walter Venditti y el cuarto juez, Fernando Canero.

En esta etapa de juicios, que se hacen mediante plataformas virtuales en razón de la pandemia, invitamos a todes a acompañar los testimonios a través del canal de La Retaguardia TV o el Facebook de la Comisión Provincial por la Memoria.

Más información en el blog del Programa de Apoyo a Juicios de la UNLP.

La próxima audiencia tendrá lugar el martes 8 de noviembre a las 13 hs. También será transmitida.