Por Gabriela Calotti

Borzi, que era delegado gremial, fue secuestrado en su casa en Monte Chingolo y visto en El Infierno de Lanús, y permanece desaparecido al igual que Miguel Ángel Calvo, alias Cachito, secuestrado en La Plata, que pasó por el Pozo de Banfield. Norma Robert, secuestrada en su casa paterna de Carhué, fue vista en el Pozo de Quilmes. Sus restos, hallados en una fosa común en el cementerio de San Martín, fueron identificados en 2009 por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).

El primer testimonio en la audiencia número 42 del juicio por las Brigadas de Banfield, Quilmes y El Infierno de Lanús con asiento en Avellaneda, del martes, fue de Silvia Inés Cavecchia, quien reclamó «verdad, justicia y cárcel para los genocidas».

Silvia fue secuestrada el 1° de marzo de 1977 en Formosa capital. El 25 o 26 de marzo fue trasladada en avioneta a La Plata junto a dos compañeros a los que después identificaría como La Cacha, uno de los centros clandestinos de tortura y exterminio ubicado en las afueras de la capital bonaerense. Fue allí donde vio a Miguel Ángel Calvo, a quien conocía del barrio de 11 y 39.

«Yo llegué tabicada a ese sótano y con mucho miedo, y recuerdo una voz de una persona que me dice ‘no tengas miedo, ya pasaste lo peor, destabicate’ […] Ese muchacho […] era Cachito Calvo. Cuando lo veo me asombro porque sabía que estaba desaparecido. Era un vecino de la casa de mi expareja […] Cachito tenía una militancia en el PC, creo. Era muy dulce y muy contenedor», aseguró Silvia al recordar aquellos días de secuestro.

Según su relato, Cachito Calvo estaba en La Cacha desde fin de año. «Él venía de otro centro clandestino. Estuvo dos o tres meses en el Pozo de Banfield, donde lo torturaron y le pegaron un montón», afirmó la testigo, sobreviviente del genocidio.

«Cachito, Miguel Ángel Calvo, hacía florcitas con los cablecitos. Los pelaba y hacía florcitas. Siempre hacía algo para regalarme», recordó.

Hacia el «10 de abril se lo llevaron a él y a todos los que estaban ahí abajo», indicó al tribunal en una nueva audiencia virtual, presidida por el juez Ricardo Basílico. «Yo no lo vi más. En la actualidad [está] desaparecido», sostuvo esta mujer que declaró en el Juicio por La Cacha, donde recuerda a Cristina, a un señor que era bancario y al señor Bettini. A fines de abril de 1977 la liberaron a unas cuadras de su casa en 11 y 33.

La hermana mayor que estudiaba en La Plata

Norma Robert era la mayor de cuatro hermanas. Tenía 25 años y le faltaba poco para recibirse de arquitecta en la UNLP. Su marido, Miguel Ángel Andreu, a punto de recibirse de médico en la misma universidad, sería secuestrado el 5 de octubre de 1976. Desde entonces permanece desaparecido.

Yamil Robert, hermano menor de Norma, la recordó el martes como «una chica muy desenvuelta, muy inteligente […] Ella tenía mucha afinidad conmigo y yo con ella», aseguró este hombre que en el momento del secuestro de Norma tenía trece años. Aquel sábado 15 o 16 de octubre de 1976, Norma había ido al casamiento de una amiga. Ya a la tardecita noche «estábamos leyendo el diario del pueblo en la cocina». Norma había vuelto a la casa paterna tras el secuestro de su esposo.

Cuatro hombres armados con armas largas que, según el testigo, «eran de tipo FAL», y vestidos de civil, que llegaron en un Torino negro, ingresaron a la casa después de confirmar que allí vivía Norma Robert. Su padre, ingenuamente, les dijo que estaba ahí cuando desde el auto le preguntaron por ella. Entraron y dijeron que le «iban a hacer algunas preguntas» y que luego la liberarían. «El auto sale y nunca más tuvimos noticias de Norma», sostuvo Yamil Robert.

Su padre, Jorge Robert, llamó enseguida a un abogado de Carhué. También ingenuamente en aquel entonces, hicieron la denuncia en la comisaría. «Mi padre se movió muchísimo. Presentó habeas corpus», aseguró el hombre que brindó testimonio desde Carhué, donde se dedica a actividades agrícologanaderas según el legado de su padre.

«Transcurrido el tiempo… no sé qué año sería, estuvo alguien que salió en libertad diciendo que había estado en el Pozo de Quilmes detenida», contó.

Su padre falleció en 2004 y su madre en 2008. Lamentablemente, como en muchos otros casos, se fueron de este mundo sin siquiera recuperar los restos de su hija, que fueron identificados en 2009 por el EAAF luego de ser hallados como NN en una fosa común en el cementerio de San Martín, en el conurbano bonaerense.

«Reconocí los restos. Fue un momento muy difícil. Tenía un tiro en el cráneo», sostuvo. «Ahí nos enteramos que había estado detenida en la comisaría de Ciudadela». Según supo, también su hermana fue asesinada el 6 de febrero de 1977, en lo que fue presentado como una fuga junto a otras seis o siete personas.

Yamil Robert confió en que su testimonio «ayude a clarificar la historia de lo que nos ha tocado vivir y que sea justicia», concluyó.

Oscar Borzi, delegado fabril y militante de la JTP

Oscar Isidro Borzi tenía 35 años, era delegado en la cristalería Saric en Monte Chingolo y militante de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP). Fue secuestrado la madrugada del 30 de abril de 1977 de su casa, afirmó el martes su hermano menor Norberto Borzi, que conoció los detalles del secuestro por su cuñada, Ada, y sus sobrinos Ernesto, Luis y Juan Manuel, que por entonces tenían seis, cinco y tres años.

«Cuando abre la puerta, lo patean, lo lastiman en el pecho y el más chiquito intenta agarrar al papá y empujan al nene también», explicó Borzi antes de indicar que el grupo armado estaba formado por entre siete y diez personas, «todos hombres, todos armados y todos de civil».

Según su testimonio, Oscar «Cacho» Borzi fue torturado hasta el atardecer en su domicilio, alrededor del cual se había desplegado un importante operativo, según le dirían tiempo después los vecinos.

Desde mayo de 1976, él, su mujer y su hijo bebé vivían en Bariloche. Alertado por una carta de su padre, a los diez días supo del secuestro de su hermano. Meses después se enteró que el 1° de mayo había sido visto en la Brigada de Investigaciones de Lanús con asiento en Avellaneda por un conocido del trabajo de su cuñado de la Municipalidad de Avellaneda que había sido policía y había participado del operativo. En todo caso, que conocía bien la casa de su hermano al que había descrito inclusive en su contextura física. «Esta persona con la que habló mi cuñado era Jorge Cutrone. Esto lo dijimos en el Juicio por la Verdad. Se buscó datos de este señor y había fallecido», precisó.

Su padre, Oscar Borzi, falleció nueve años después del secuestro «con muchísimos problemas de salud». Su madre, Celia Castiñeirias, «esperó encontrarse con mi hermano hasta los 91 años», precisó, antes de bajar la mirada con la voz temblorosa.

«En estos casos resulta difícil no quebrarse, porque a mí me vienen a la memoria montones de cosas que hemos vivido en familia con mi hermano y que siempre con mi hermana Celia decimos ‘qué diferente hubiera sido todo si estuviéramos con Cacho’. A partir de que se lo llevaron a Cacho, se terminó la alegría. Ya no disfrutamos las fiestas. Siempre faltaba Cacho, no porque fuera el alma de la fiesta sino porque era un tipo que tenía una personalidad que irradiaba alegría y felicidad», sostuvo su hermano diez años menor.

«Uno a la muerte se acostumbra. A uno se le mueren los papás y es terrible. Pero yo sé qué pasó con mi viejo […] yo no sé dónde está el cuerpo de mi hermano. Con Cacho no pasó eso», dijo Norberto Borzi antes de lamentar la desintegración de la familia «porque por malos entendidos, por pensar de maneras diferentes respecto de la misma cosa, yo no tengo trato con los hijos y la esposa de mi hermano».

Según el testigo, «este proceso militar no solamente provocó daños al país económicos, sino que además provocó un daño terrible a la sociedad en todo sentido […] Fue muy grande el daño que hicieron al núcleo familiar, a las familias y por ende a la sociedad», sostuvo.

El presente juicio por los delitos perpetrados en las Brigadas de la Policía bonaerense de Banfield, de Quilmes y de Lanús es resultado de tres causas unificadas en la 737/2013, con solo dieciocho imputados y apenas dos en la cárcel, Miguel Osvaldo Etchecolatz y Jorge Di Pasquale. El resto está cómodamente en su casa ignorando las audiencias.

El juicio oral y público comenzó el 27 de octubre de 2020 de forma virtual debido a la pandemia. Por esos tres centros clandestinos pasaron 442 víctimas tras el golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, aunque algunas estuvieron secuestradas en la Brigada de Quilmes antes del golpe. Más de 450 testigos prestarán declaración en este juicio. El Tribunal Oral Federal Nº 1 de La Plata que lleva adelante este juicio está integrado junto a Basílico por los magistrados Esteban Rodríguez Eggers, Walter Venditti y Fernando Canero.

En esta etapa de juicios, que se hacen mediante plataformas virtuales, invitamos a todes a acompañar los testimonios a través del canal de La Retaguardia TV o el Facebook de la Comisión Provincial por la Memoria.

Más información en el blog del Programa de Apoyo a Juicios de la UNLP.

La próxima audiencia tendrá lugar el miércoles 12 de octubre a las 9 hs.