Por Ramiro García Morete

Quizá algunos solo vean una línea recta en ese horizonte. Casi como si confundieran llanura con chatura, sedientos del relieve que su propia alma no posee. Pero a lo largo de más de 300.000 kilómetros cuadrados de extensión, 135 municipios, 16 millones de personas y otros tantos seres diversos, respira el encanto y el misticismo que se esconde tras esos «pueblos dormidos en llanura» –como decía Atahualpa–, uno tan parecido como distinto del otro, hermanados por la arquitectura de plaza central e iglesia, y las infinitas rutas, sagrados y extensos caminos redimidos por santos, rugir de camiones y religiosos parajes de carne y hueso a la parrilla. Así como estos bellos y asombrosos dominios cargan con la falsa cruz de la monotonía, otros –más urbanos y atiborrados– han combatido el estigma con la belleza de las estaciones, los maxiquioscos y la dignidad de las fábricas. Allí donde algunxs ven cordones, otrxs sienten lazos.

Y sienten –citando a Girondo– que ante «la extensa certidumbre de que antes de humillarnos para siempre, has preferido, campo, el ascetismo, de negarte a ti mismo» esta tierra humilde nos delega a nosotros el protagonismo de verdaderas Historias Extraordinarias. Lo habrá sentido Salamone, megalómano e imponente. O quizá también lo vio el payador perseguido al pronunciar: «Solo un inmenso mar pudo detener su geografía inconmensurable». Incluso un escritor de origen inglés e ideas no muy populares: «Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos, pero es intraducible como una música».

Y una vez más hallamos música, ese lenguaje que impera allí donde no llega la palabra. Quizá sea ella un modo no lineal pero profundo de aproximarse a esa construcción aun menos lineal que es la identidad. Quizá la música revele ese código oculto que como el horizonte atraviesa la provincia más grande y poblada del país.

O sencillamente todo este pomposo preludio no sea más que un intento de relato. Si no se le da un cauce u orden, la historia no avanza y se diluye en hechos aislados, tal como la información provista por un algoritmo. De allí la importancia de construir relatos, jamás absolutos, pero siempre enriquecedores. Y uno de ellos es Código Provincia, catálogo musical impulsado por el Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica –conducido por Augusto Costa– en el cual se alojan, difunden e intercambian canciones, sonidos e identidades de la producción musical bonaerense. Con una plataforma web con más de 2.200 músiques (340 de ellxs son mujeres y diversidades) a lo largo de 95 municipios representados y con inminente reapertura para tratar de cubrir el amplio espectro de Buenos Aires. De ella hablamos, esa tierra que algunxs ven como chata y a otrxs les recuerda que lo más grande que tiene la llanura es el cielo.

Nicolás Wainszelbaum, subsecretario de Industrias creativas e innovación cultural, introduce: «El catálogo digital de Código Provincia es un eslabón más y quizás el más importante de este programa de promoción de la producción musical de la provincia. Está pensado para que ilumine las escenas que no tienen un acceso igual al mercado o no cuenta con la circulación o la potencia en los canales de circulación tradicionales y mayoritarios. Y eso lo que la Provincia intenta de alguna manera: iniciar una conversación en este caos que es el universo digital». Y agrega: «Es para nosotros un inicio, un primer paso a partir de la cual esperamos que podamos acelerar distintas acciones de posicionamiento y de jerarquización de escucha». Wainszelbaum remarca la necesidad de curaduría en internet, «un lugar donde falta la palabra humana y la sensibilidad para editorializar, conceptualizar y entregar o bajar contenidos públicos». Código Provincia cuenta con un equipo de curadores especializados (Facundo Díaz, Paz Azcárate, Barbarita Jack, Gabriel Plaza) que tienen a su cargo el armado de playlists destinadas a destacar aquellos tracks que, bajo determinados criterios, representan la calidad de los artistas de la región.

Uno de los desafíos es la descentralización: «Por un lado la oferta publica es de 95 municipios. Hay artistas de la gran mayoría y en breve vamos a abrir nuevamente la convocatoria. Con lo cual opera cierta cosa de lo territorial en lo digital y en esta nueva lógica. A través del filtro y relato de los curadores, aspiramos dotar de información a programadores y eventos a lo largo de toda la provincia. Esa idea del ida y vuelta que abre una conversación con los festivales y que tiene que ver con lo económico y productivo».

Wainszelbaum reflexiona sobre una posible identidad bonaerense y «cómo trasladar el tema de la identidad a una política pública. Parto de dos lugares. Primero: en la formulación lo que podés hacer es exhibir lo que tenés. El catálogo va a ese a lugar. Vamos a exhibir canto surero al último trapero pasando por cumbia y folklore. Después hay algo y es que toda identidad es dinámica. No se ancla en ningún lugar y momento. Mantener viva la discusión es una obligación del estado para que no se anquilose en un lugar. Y después están todas las cuestiones de la dinámica cultural, que es la cultura del remix por mí. Todas las fusiones de géneros y la ruptura de barreras que estaba tabicadas. El jazz, el rock y el tango… Todas esas calificaciones son una gran pregunta. En ese sentido, me parece que el estado genere que la identidad es un fenómeno vivo, cambiante, entre la tradición y el presente. Y hay que exhibirlas a todas».

Código Provincia contó con su propio ciclo («Código Provincia en el Dorado»). Su primera edición, de la que participaron doce artistas bonaerenses, fue transmitida por la TV Pública y, en simultáneo, por la plataforma Contar Bonaerense, donde continúa disponible actualmente. 

También cuenta con su emisión radial, con la conducción de José María «Cuchi» Calderón, todos los jueves de 21 a 22:30 por Radio Provincia 1270.