Por Ramiro García Morete

«Tu demora me demora». Habiendo cursado seis materias, en plena tesis y con alguna situación sentimental orbitando, el 2019 no transcurría con calma en el departamento de Palermo. Stress, decretará. Fiel a su costumbre «vieja escuela», recurriría al lápiz y el papel, aunque es cierto que si la inspiración la interrumpe en la calle utiliza el grupo unipersonal de WhatsApp «Yoooo» (así, con muchas o y el emoji de una mariposa). Lo cierto es que de pronto brotarían frases y entre tantas libretas recurriría a aquella que le había obsequiado Greta, «madre» en el intercambio escolar que durante quinto año de secundario la llevaría a Winston, North Carolina. Con el Casio 1100 acompañándola como siempre, varias oraciones y versos pujarían por salir del papel y finalmente hacerse sonido en la voz de quien acabaría obteniendo la licenciatura en Artes Escénicas de la UADE. Pero como a los 14 o 15 años, cuando escribiría sus primeros temas, habría un camino -esa palabra que rima tan fácilmente con destino- cuyos pasos no podría demorar.

Y es que desde siempre se supo. «Vas a ser cantante», decía la sabia y entrañable abuela Sally a la niña que nació gritando y que a los cuatro años comenzaría su formación de danza en Duvenstedt, Alemania. Mucho espejo y cualquier objeto -desodorante, control remoto- que simulara ser un micrófono serviría para desatar la energía en el living de la casa y pegar las orejas al parlante del minicomponente. De Disney a Shakira, de Erasure a Soda, de Gilda a U2, crecería desprejuiciadamente en una familia donde el deporte predominaba y los viajes por trabajo también.

«Soy una mezcla», se definirá quien a eso de los siete años estudiaría danza con Cristina Zorrilla en Pamplona, y que de regreso a La Plata, ya con 10, incursionaría en ritmos urbanos. Toda aquella devoción por la expresión confluiría ya de adolescente en la escuela de Comedia Musical de Valeria Lynch, donde conocería a Ariel Giordano.

Tantos años después, pero no casualmente, escogería al integrante de Sincronizados y a Julieta Sáenz como productorxs para darle vida a aquellas ideas ya impostergables. Aunque el 2020 -con todo lo que sabemos- haría todo lo posible para impedirlo. Sin embargo, con la primavera, y tras un invierno de mucha angustia pero también de aprendizajes, el corto «Punto Inflexión» -codirigido junto a Lucila Osso y la infaltable colaboración de su amiga Julieta Regueiro- le devolvería la certeza de encarar la composición y producción de ¿un disco?

En esa conformación casi poliédrica que tenemos las personas, indagaría en ciertos costados. Pero sin perder la mirada consciente que sucede a los instintos primarios, optaría por condensar y concentrar. Es decir: si bien el concepto podría inferir un álbum, trabajaría sostenidamente en un solo track para abrevar diversos lenguajes. En lo musical, desde el pop hasta el r&b, no sin elementos de electrónica y hasta algún uso del autotune y rap, con una lírica intensa sobre un vínculo más intenso y un tono apasionado. Desde lo visual, con un imaginario y movimientos físicos que denotan la relación indisociable que parece tener su cuerpo con el sonido. «Costados animales» acabaría siendo entonces una producción audiovisual que expone parte de su universo y la presenta como una artista integral con proyección pop y un deseo que -como tal- no puede esperar: Juliana.

«Es la combinación de todo lo que quise comunicar -introduce la cantante-. A través de mis letras, de lo musical, del vestuario. Es un conjunto de cosas a las que les llamo Costados Animales y es lo visceral, pasional, de las entrañas, del corazón. Un conjunto de adjetivos que reúnen todo lo que considero poéticamente animal». Y agrega: «Fue una decisión hacer una canción y no un disco. Aunque si tuviera que hacerlo o armar una gira, se llamaría así. Es mi carta de presentación a la industria musical. Por eso el nombre, sin apellido y sin apodo. Juliana significa mujer de raíces fuertes».  

Esa presentación implicó fusionar distintas influencias en un solo track: «Desde la composición fue así… quiero un poco de electrónica, quiero estas guitarras, las melodías son súper poperas. En el armado me fui dando cuenta que yo era esto. Soy una mezcla. Bienvenido sea si tiene coherencia y un enlace». Y no duda en mencionar referencias que fueron de Rihanna y Shakira a Cerati y Peces Raros.

En el largo proceso, Juliana cuenta que «muchas personas han colaborado. Muchos músicos, personas en las que confío. De esa manera crecí y aprendí a confiar, a pedir opiniones, a no encerrarme en mi idea y llevarla a lo mejor que se pueda».Juliana coincide en que pop parece ser la palabra superadora y capaz de sintetizar sus intereses. «Por mi búsqueda artística, por mi experiencia, pop es lo que abarca todo lo que hago». Pero aclara: «No es el pop areggaetonado, que es el que escuchamos en la radio. Mi búsqueda es de vieja escuela, más del pop viejo. Me siento de la vieja escuela y medio del futuro. Porque con la electrónica estoy investigando e introduciéndome». Y luego de anticipar que su segunda canción irá por ese lado, concluye: «La búsqueda es el sonido personal. No voy a caer en un trap cerrado, un reggaeton cuadrado. Soy una mezcla. Si así fue mi crianza. Les puede gustar o no. Soy esto y trato de ser genuina».