Cada día aparecen más funcionarios del Gobierno del expresidente Mauricio Macri involucrados en el contrabando de armas desde Argentina hacia Bolivia con el fin de colaborar con el Gobierno golpista de Jeanine Áñez. En los últimos días se sumaron a la lista de imputados el ex jefe de Gabinete, Marcos Peña, el excanciller, Jorge Faurie, y el ex secretario de Asuntos Estratégicos, Fulvio Pompeo (ya estaban imputados la ex ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, el ex ministro de Defensa, Oscar Aguad, el ex jefe de la Gendarmería, Gerardo Otero, y el propio Mauricio Macri).

El plano internacional del golpe de 2019 contra Evo Morales se ve cada vez con más claridad. Contexto dialogó sobre este tema con Oscar Laborde, diputado argentino del Parlasur.

Laborde señaló que «el Parlasur tiene una Comisión que está investigando la posible colaboración de otros Gobiernos en el golpe de Estado en Bolivia. Considerando la ayuda que presta Argentina después del golpe, el envío de armas desde Ecuador, el viaje de Jeanine Áñez dos días después de que asume, viaje en el que no se sabía a dónde fue la presidenta de facto, pero sí que el avión presidencial sobrevoló espacio aéreo brasileño, lo cual es muy llamativo, parece evidente que la colaboración con el golpe no llegó solo desde Argentina».

«A esta altura, está más que probado que hubo un involucramiento del Gobierno de Mauricio Macri. El excanciller [Jorge Faurie] dijo que no sabía nada, y ahora fue imputado. Todos los ministros estaban informados y es imposible que Macri no lo supiera. Es imposible que un presidente desconozca lo que estaban haciendo de forma conjunta cuatro de sus ministros. Eso está probado», sostuvo.

El parlamentario destacó: «Aún más grave que ayudar a un Gobierno golpista es ayudar a los golpistas a llegar al Gobierno, y eso fue lo que habría hecho Macri. Todos los indicios señalan que la colaboración fue anterior. Dos años antes de que se produzca el golpe, Argentina mandó a Bolivia un segundo agente de inteligencia. Algunas embajadas argentinas tienen un agregado de inteligencia, pero ninguna tiene dos. En Bolivia estaba Luis Varela y luego llegó José Sánchez, que estuvo con sede en Santa Cruz. Sánchez es un hombre cuyos vínculos con la CIA son conocidos y no hay justificativo para que Argentina haya enviado a un segundo agregado».

«En septiembre, dos meses antes del golpe, Ivanka Trump [hija del entonces presidente norteamericano Donald Trump] llegó a Jujuy con el jefe de la USAID, que sabemos es una herramienta que utiliza la CIA para financiar las ONG. En ese marco se producen unos vuelos desde Jujuy hacia Santa Cruz de la Sierra con voluntarios que supuestamente iban a colaborar en la lucha contra los incendios que allí había. Los testimonios que están saliendo a la luz indican que esos voluntarios llevaban más cosas que las que servían para apagar incendios», sostuvo.

Laborde afirmó que «no casualmente, quien era embajador de Argentina en Bolivia, Normando Álvarez García, ahora es ministro del Gobierno jujeño de Gerardo Morales, y cuando todo este escándalo salió a luz, Morales lo condecoró. En un mensaje terrible».

«Esos y otros elementos indican que la colaboración venía desde antes. Porque, además, no es un dato menor la rapidez con la que se concretó el envío de armas. Solo 48 horas después del golpe se habían enviado 70.000 municiones, con toda la burocracia que eso implica, ya que involucra por lo menos a tres ministerios (Seguridad, Justicia y Defensa)», detalló, y luego agregó: «Parece estar claro que hubo una preparación anterior y que hubo una colaboración para el golpe. Por eso, desde el Parlasur se está haciendo una investigación, porque, insisto, si bien es grave colaborar con un Gobierno golpista, más grave aún es colaborar con la preparación de un golpe».

En relación con la posible participación de otros países, del secretario general de la OEA, Luis Almagro, y del Departamento de Estado de Estados Unidos, el parlamentario argentino sostuvo que «la derecha siempre se mueve en bloque, y el golpe en Bolivia fue parte de una estrategia regional. Washington se ha movido en todo este tiempo con la estrategia de las ‘democracias tuteladas’. La información que recolectaba ese agente de nombre José Sánchez seguramente era para la CIA. La agencia de inteligencia norteamericana ya no necesita actuar con gente en el terreno: tutela agencias de ‘Gobiernos amigos’ y por allí consigue la información. Por eso, no tengo dudas de que el golpe en Bolivia fue parte de una estrategia regional comandada por Estados Unidos».