Por Ramiro García Morete

«Ver salir el sol o el atardecer/ hermosas melodías». Antes de montar la sala de ensayo, la batería estaba en el living. Originalmente había sido una de esas de juguete, con algún Mickey dibujado. Luego -si bien pequeñas- serían ya reales, hasta la actual. Y es que en la casa ubicada a diez kilómetros del casco urbano platense, la música no es pan de cada día pero sí soporte para alimentar el alma. Al punto literal de que la mesa está empapelada con las portadas originales de los vinilos de Paul o The Beatles que sonaban en su casa natal de Gonnet. Si bien su padre era fan de los cuatro fabulosos, solo su abuelo había tenido dedicación real con la música siendo bandoneonista. Sin embargo, ya de pequeño se las arreglaría con una criolla heredada de su tía y una ficha de algún juego de mesa para simular la púa. A eso de los 10 años, «Canción animal» lo marcaría de por vida. Ya en tiempos del comercial San Martín, armaría una pequeña banda y pasaría a la batería.

Como Benito, su hijo. Tras más de veinte años componiendo y tocando la guitarra en bandas como Ojo Shangai, Plup Art y The Plásticos, su camino musical parecía llegar al epílogo. Sin embargo, las melodías omnipresentes lo llevarían a no perder el pulso. Y a la par de hacer canciones, notaría que el dominio del niño era cosa seria. Ya sea en cumpleaños o reuniones familiares, las zapadas pasarían a ser un armado concreto de canciones. Con el legendario Vegas y luego con el Cubase, grabando bajos y guitarras, sirviéndose de la TR5, luego sumando las baterías reales de Benito y siempre acompañado por la producción de su amigo Alfredo Calvelo, lograría un repertorio cuyo paso inicial sería el EP «Canción llévame a otro lugar» (2020). Y que con «Anda solo» da un salto de calidad dentro de una misma búsqueda: armonías bellas y agridulces, entre el rock británico guitarrero de los ´60 y los´90, pero también con psicodelia y algún vestigio sónico, entre arreglos vocales (con la ayudita del buen Juan Irio) y -sobre todo- buenas melodías. Las que desde siempre han acompañado a Cristian Sparapani y las que lo unen tanto a su pequeño compañero de este proyecto llamado Hernández. Como la localidad donde está la casa que es hogar, dulce hogar, cuando las melodías la habitan desde que sale el sol y hasta después del atardecer.

 «Es un proyecto familiar que nació hace 2 o 3 años, en casa -introduce Sparapani-. Un poco me cansé de tocar con gente… ¿viste cómo es? Y mi hijo que toca la batería. Salieron cosas… salió un disco». Si bien «es casi todo mío, tiene una cosa rara. Yo laburo mucho y soy amigo de toda la vida con Alfredo Calvelo. Con este proyecto tan personal y tan diferente a tocar con una banda, Benito graba las baterías sobre el clic y arriba las terminamos».

A pesar de tener mucho recorrido, «esto es como nuevo. Porque yo no canté nunca, aunque siempre compuse. En este proyecto volqué todas mis influencias. Me puse a hacer canciones y un poco que me saqué el prejuicio. Antes decía: no, suena a esto, suena a lo otro. Y ahora si me gusta la canción ya está, va para adelante». Y añade: «Soy fan de las melodías. Siempre el núcleo es la canción. Después sí: me gusta mucho el rock inglés, la psicodelia… esto tiene rock, tiene balada». También hay experimentaciones más electrónicas como «Melancolía», tema donde canta su compañera Lucila Romero.

Respecto a la experiencia singular de tocar con su hijo, asegura que «cuando tocás con él es igual que con cualquier flaco de mi edad. Entiende el gesto de cuándo va un corte, cuándo termina, cuándo se pone más rabioso. Es un par más».

Sin embargo reconoce que como niño que es, no lo presiona y si no quiere ensayar, se las arregla con las pistas. Lo mismo ante la incertidumbre de presentar estos temas en vivo: «Este segundo disco me encanta cómo salió. Me gusta más que el primero. Está mejor en todo. Cuando lo mostré a otras personas vi que había algo diferente. Así que me entusiasmó la idea de salir a mostrarlo, tratar de mostrarlo. Sé que tendrían que conseguir un bajista, que hay que ver lo de Benito… Tampoco quiero flaquearla con eso. Pero es algo que quiero salir a mostrar».