Por Ramiro García Morete

Se ha dicho tantas veces. Que el tango te espera, que «cómo dicen que me fui, si siempre, siempre estoy llegando». Y que veinte años no es nada.  Tendría veinte o algo más el joven Villabona y estudiaba la carrera que sería su oficio de por vida. Pero había otra pasión que había estado -si no adormecida- postergada. En esa década nueva y con algunas experiencias más, los discos de Goyeneche sonarían distintos y los Tangos Bajos de Melingo lo interpelarían más que el rock. Es verdad que durante la adolescencia se había inclinado por ese estilo de música. Pero la mayor parte tenía que ver con artistas como su amado Palo Pandolfo. O quizá Fito, Charly. Es decir, artistas que iban «por el lado de esa cuestión medio identitaria de ciudadanos de este lado -dirá-, de estas ciudades grises».

Y es que el tango había estado siempre, no solo en los cassettes o la radio de la casa de Diagonal 80. Esencialmente, en la voz de su padre. Narciso Villabona no solo cantaba canciones como «Soledad» a capella mientras caminaba por la casa: también se presentaba oportunamente en peñas y en alguna radio. El redescubrimiento personal del género ya viviendo solo en Barrio Aeropuerto se reforzaría con su trabajo de difusor -como gustará llamar- y por la cercanía con músicos, potenciada por el aire de la 221.

Ya en el 2015, Hernán Menard (líder de Malayunta) organizaría un ciclo de tango con participaciones rockeras en El Moura y sería invitado a musicalizar. Un tiempo atrás había organizado Cultura Tango Emergente, así que al año siguiente ambos generarían un espacio a fin de difundir nuevas expresiones del género y a la vez promover intercambios.

La fecha inaugural tendría lugar en una cervecería con terraza cerca de Plaza Italia. «Desde ese momento y de manera interrumpida hasta marzo del 2020 -cita la fuente oficial- se generó un ciclo de conciertos en distintos espacios culturales con la participación de músicos, músicas y conjuntos de la ciudad y de CABA, Gran Buenos Aires y Mendoza con propuestas de tango nuevo (y músicas afines) pulsando por mostrar de las diferentes corrientes estéticas de la frondosa producción del tango en este siglo XXI», cuenta Ignacio Villabona, el hombre detrás del Ciclo Mistongo. Una numerosa y destacada lista de artistas promovida por su silencioso pero sostenido esfuerzo. O ese lugar en el que –como el tango- se vuelve para contar lo que se ha dicho tantas veces pero de una manera propia, de una manera nueva.

Este domingo a las 20:30, Ciclo Mistongo retomará actividad con el show de Tango Cañón (Julio Coviello en bandoneón y Nicolas Di Lorenzo en piano y bombo) que presentarán su reciente disco Juntos y separados. La cita nuevamente será en La Bicicletería Creación Colectiva (117 y 40) con aforo limitado y protocolos. «La sensación es linda -introduce Villabona-. La verdad es que el regreso se ha postergado porque por la naturaleza misma del ciclo lo que se pretendía era volver en un momento en el que se pueda tener asegurada cierta continuidad. Y ahora parece que está más llano el camino, le estamos dando otra vez. Lo que noto es cierto interés de parte de varios músicos que tienen ganas de volver. También con las ganas de La Bicicletería, así que pensamos hacer una o dos fechas  por mes para volver a generar este intercambio con el tango contemporáneo». Fue precisamente en la semana que se anunció el aislamiento y demás durante marzo del 2020 que el ciclo debió suspender una fecha de Tu Vieja en Tango y otra de Tango Cañón, en ese lugar.

Si bien la pandemia afectó a toda la comunidad musical y en general, géneros como el tango lo sufren particularmente, ya que la virtualidad no es su terreno predilecto. «Totalmente. El tango en La Plata no es algo que esté muy desarrollado. Los músicos de Buenos Aires están más apegados a tocar en las milongas, un contacto que ni siquiera está volviendo. El tango está muy ligado al calor del vivo». Y extiende: «Además el ciclo ha tenido la posibilidad de mostrar grupos que de otra manera no se escuchan en La Plata. Una de las cuestiones fundamentales es programar gente que por ahí el público no conoce bien, pero confían en la propuesta y se mandan sin conocer sabiendo que van a escuchar tango contemporáneo. Van un poco a sorprenderse y a conocer algo nuevo. Si se piensa de esa manera, estuvo bastante cortado. Porque generalmente no pasa por ponerse a ver un video. La magia está en ir a ver algo que no se conoce».

Esa dinámica de intercambiar artistas locales con músicxs de otros lugares hizo del Ciclo Mistongo una referencia local para el tango. «Eso hacía que muchos grupos se comunicaran: gente de Mendoza, de Rosario… Y eso es lo que se cortó. Ahora estamos intentando que vuelva a pasar, pero tímidamente».

Yendo  a lo artístico, Villabona considera que «en La Plata todavía no se ha generado una gran tradición de tango contemporáneo. Está como incipiente esa movida, que por ahí desde hace cinco años a esta parte se empezó a ver más. Grupos que buscan un sonido propio, sus propias mixturas, que buscan componer y proponer sus nuevos tangos… es una historia que está pero que falta afianzarse. Y en ese sentido estaba bueno poder tener la experiencia de primera mano de escuchar a grupos que tienen ya una historia de 15 o 20 años, como los que viene de Capital».

Sobre el final y a modo personal, Villabona responde sobre el por qué de su pasión por el tango: «Encuentro un lugar de pertenencia. De alguna manera media mística. ¿Cómo decírtelo? Aún hoy con todas sus vertientes renovadoras, siento un lenguaje común y algo que me hermana con toda esa gente que está produciendo. Yo sé que puede sonar a cliché esto de la identidad argentina o ciudadana… pero de alguna manera existe».