Por Ramiro García Morete

Como mínimo, cuatro días a la semana. Antes de la pandemia, la asombrosa constancia se traducía en una cifra que ocasionalmente llegó a siete. O sea, todos lo días. A eso de las 19, casi como un rito no exento de mate y disertaciones sobre el día transcurrido. Mirándose las caras, igual que a la hora de tomar los instrumentos y ensayar. O de pedir comida a Alfredo, con Yesper (manager, amiga y madrina) cuidando al pequeño pero gran fan de la banda: Dante. «La fábrica de egos» se llama -curiosamente- ese refugio en pleno barrio norte en el cual cada unx desarrolla su trabajo y su individualidad. Diego Arauz, bajista, ejerce el noble oficio de luthier. El otro hermano de 30 de Agosto, Fernando Arauz, no solo toca la guitarra sino que opera desde la producción y la masterización. A su vez, el baterista tucumano César Garrido oficia de “drum doctor”. Suena lógico entonces que -precisamente- suene así. Es decir: orgánico, potente y preciso. Dice el chiste que la música es el arte de combinar horarios y una vez logrado eso, combinar mucho más que acordes y notas. Suena lógico también que esta artista que concilia fuerza y melodía, de voz rasgada a veces y sutil otras, de canciones simples y sentidas, no solo no se sienta sola sino siquiera solista. Y es que más allá del nombre y la personalidad de su cantante, Lucía Giles es una banda. O un grupo de trabajo, que incluye al Cana San Martín en la operación y un espíritu que va desde discutir cada arreglo a juntar siete bolsas de consorcio de hojas secas para acondicionar una filmación. Tiene sentido también que ante la falta de shows y esa alternativa que son los streamings decidieran realizar un show 360°. Desde el Anfiteatro de la República de los Niños puede verse la primera parte de este show disponible en YouTube.

«Quisimos que fuera al aire libre como propuesta diferente -explica Giles sobre la elección del lugar-. Se ve el lago atrás y las butacas vacías, representando esta cuestión. Y como la idea era un lugar circular, aprovechamos el Anfiteatro». Este no es el primer material en vivo que la banda sube a las plataformas, conscientes de que sea posiblemente su fuerte. «Preferimos mil veces tocar en vivo que grabar. Es otro swing. La mayoría de nuestros videos son en vivo, porque tienen mucha más calidad musical que en disco. Es auténtica la banda, por eso nos gusta mostrarnos en vivo». Y explica la clave: «A partir de mucho ensayo y esfuerzo. Es una familia. Es la primera banda que formo en la que todos tenemos la llave de la misma casa».

Según anticipa la tecladista, la segunda parte del streaming se presentará a mitad de agosto y contará con un interesante recurso técnico: «Con tus auriculares vas poder sentir más fuerte el instrumentos al que esté apuntando».

A su vez, contará con un estreno, pero no la canción que le escribió a su pequeño hijo y que tanta expectativa le generaba. «Creí que la canción más importante iba a ser la que le hiciera a un hijo. Me di cuenta de que al contrario, debía fluir y reconectar con los sentimientos. Es sencilla y conmovedora. Estoy contenta con ese resultado. Puede que a veces sea algo simple y te llene».

Hacia el futuro, Lucía Giles proyecta una producción que «no sea como un bar, que la gente está comiendo pizza o pasa el mozo. Algo como el Pasaje Dardo Rocha o más teatro. Este año tengo ganas de producciones para conectar con el espectáculo y realmente ir a verlo».