Por Ramiro García Morete

“Quizás donde quedarán esos antiguos labios caídos en un canal de Venecia/ Quizás donde quedarán esas grandes fiestas destiladas por absenta / Quizás te encuentre frente a frente tras la muerte/ y sea la suerte la que se muestre bajo su disfraz”. Anemoia. Un reconocido escritor le explicaría el significado de la no tan extraña palabra: “Sentir nostalgia por un tiempo que nunca hemos conocido”. Desde el departamento de Palermo y sometido al necesario aislamiento, puede que sintiera en verdad alguna nostalgia por la naturaleza o los paisajes de Saliqueló. “Siempre vuelvo”, dirá, sobre el pueblo que dejó a los 18 para arribar a La Plata. Con treinta y pico de materias, la ardua carrera de Ingeniería Industrial cedería ante su principal vocación: la música.

Pero a principios del 2020 –y aún hasta hoy- todo se vería signado por incógnitas. De hecho Argonauticks, la banda con la que recorrió escenarios durante años, entraría en suspenso. Eso no impediría colaborar virtualmente con su amigo y socio Ricardo Dezz, autor de unos versos y un arpegio que le quedaría dando vueltas en la cabeza. “Algo que aprendí con el tiempo -dirá- es saber apreciar y dejarse llevar por los aportes de quienes nos rodean”.

Aquella canción se sumaría a una lista de ideas acumuladas en una de sus pequeñas libretas de bolsillo, esas que completa casi anualmente entre apuntes, dibujos y textos. De ellas habría salido en algún momento “Vorágines de estación” y posiblemente de su Alpujarra criolla, siempre a mano en el living. Es que al margen de la potencia argonáutica o la experiencia de El Churrinche Eléctrico, su debut solitario se había inclinado por algo más “popular”. La madurez, el encierro o vaya a saber qué, lo acercarían a nuevos matices para extraer de la teleca y la strato que habitan en el cuarto de arriba. No sabe muy bien y tampoco se preocupa por las certezas. Más bien por las preguntas.

De ellas saldrían varias canciones más y la decisión de seguir adelante. Con Yamil Genaisir y el Estudio Marsella a pocas cuadras de casa, conciliaría sus melodías con sonoridades modernas, cuerdas sintéticas y baterías “de videojuego”. Inclusive aplicar el Autotune para otorgar una melancolía retrofuturista a esa bella y onírica pieza que es “Quizás”, donde el clima de remanso aumenta su intensidad a la par de un pulso casi rave.

Anemoia, entonces, sería la palabra perfecta para definir el primer single de un disco en construcción. Pero quizá no se trate de nostalgia, sino más bien de anhelo por el más desconocido de los tiempos: el futuro. Y con más paciencia que ansiedad, desde su casa o a unas cuadras, allí va libreta en mano Fran Muñoz.

“Es una nueva cara, una nueva forma de hacer música -introduce Muñoz-. También es una alternativa al encierro del Covid. La salida que encontré para hacer música en el nuevo mundo que nos tocó. Me sentí muy cómodo trabajando mano a mano con Yamil, que se da maña en la computadora y con los efectos”. Pero esa intención de cambio ya había empezado desde la guitarra, respuesta también a ciertas cuestiones de salud: “Empecé a buscar cosas agradables. Desde las composiciones busqué esa sensibilidad. Y después en el estudio se fue dando esto de condimentar con electrónica y esos efectos que le dieron esta onda más moderna”.

Muñoz cree que ese cambio quizá tenga que ver “un poco con la edad. Los treintailargos se hacen evidentes y uno empieza a agarrarle gustito por otro tipo de música. Me gusta escuchar otros discos… me pongo más con el jazz. Supongo que va por ahí, por el lado de la edad. Una madurez compositiva o sensorial… o lo que sea de poder apreciar”. El músico hablará también del “arte de dejarse llevar” y “una chispa donde pasa algo y tampoco hay que buscarle tantas preguntas, tantas respuestas, lo que le pase a cada uno con ello. Vibralo y que sea lo que sea”.

De todas maneras, la idea de encarar un disco precedía a la decisión vinculada a Argonauticks: “Lo venía pensando. Me voy anotando ideas de posibles direcciones que pueden llevar, arreglos que pueden tener. Cada vez que aparece una idea vuelvo a eso. En ese sentido, había unas ganas de hacer un disco nuevo. En diciembre grabé seis bases para desarrollar. La idea es grabar cuatro o cinco más para completar el disco”.

Así como desde lo sonoro anuncia versatilidad (el próximo track contará con la colaboración de “un trapero”), cree que hay algo que atraviesa el futuro disco: “Hay un poco de indagar en qué es la humanidad y por qué los humanos hacemos cosas que van en contra de nosotros. Esa dificultad de entender algunos comportamientos”.