Por Ramiro García Morete

“No descartes que sea la parada…” Reta. En la mesa de Antares o algún bar, surgió la invitación a ese destino. En el auto sobraba un lugar y Mora no dio muchos rodeos. Hasta entonces no había sido mucho más que la “hermanita” de Teo, a quién conocía “del mundo del cine”. “Era obvio invitarla -sentenciará Chiara-. Era obvio que esto tenía que suceder”.

Lo que no era tan obvio por entonces era dedicarse a la música. ¿O sí? En la casa de 15 y 32, Chiara había sido criada entre música clásica por un trompetista y una bailarina. De modo que más o menos a la edad que alquilaba una y otra vez “Mi pequeño Vampiro” en Videomanía, tomaba clases de violín. Sería en la adolescencia cuando los martes -tras salir del colegio- tendría la costumbre de tomar el bondi hacia el centro para escuchar en Musimundo las bandas que descubría en MTV: Sonic Youth, Nirvana o Avril Lavigne. Pero la carrera de cine y la multiplicidad de oficios relacionados al arte postergarían siempre sus sueños de estar sobre un escenario.

No ocurriría ello con Mora, quien poco después de aquel viaje formaría su banda. “¿Te puedo disfrazar?”, sería la propuesta de Chiara cuando  “Mora y los Metegoles” anunció su debut en el C.C. Malvinas. Desde entonces, la amistad seguiría creciendo a la par de producciones conjuntas pero con ambas de lados distintos de la pantalla. Compartiéndose, eso sí, canciones de Elvis, The Mamas & The Papas “y músicas que te dan ganas de llorar”. O “esa idea del juego entre algo que suena feliz y no lo es, y nos da esa melancolía”, tal como dirá de “1979” de los Smashing Pumpkins.

Todo un evento. Así se llamaría significativamente la primera canción de Chiara, surgida alrededor del 2017. Tras una segunda clase de guitarra con Juancho (o Canki), el productor le propondría grabarla. “La escuchás y parezco una nena”, dirá con cierto pudor sobre su voz. Esa voz que hoy le cuesta encontrar en las mezclas cuando se suma la de Mora. Y es que, además de ese intercambio entre la Italia Mondial Classic negra de una y la Fender Mustang gris de otra, hay otro diálogo: el de sus voces. No solo desde el contrapunto intencional, sino desde una suerte de “tercera voz” que se forma mágicamente entre ambas y que no permite distinguir cual está cantando.

Esa conjunción química la descubrirían bastante después de que Mora la acompañase con guitarra en “Chica Chiara”, y que se propusieran componer juntas y que no hubiera ninguna presión ni un estilo delimitado y pasaran meses pensando un nombre y cadáveres exquisitos y descartar genialidades como “Combo Revoque” hasta un desvelo pandémico de 5AM diera con la palabra surgida de viejas marquillas de cigarrillos: Extras. El proyecto que Mora Palvi y Chiara Girimonti armaron para viajar juntas, aunque eso -también es obvio- sucedía mucho antes de planearse.

“Es el primer single… un tema que veníamos trabajando hace un par -introduce Girimonti- y siempre quedó postergado por actividades. Ambas tenemos muchos proyectos”. Cuando finalmente se decidieron, instantáneamente “se nos ocurrió la pregunta y respuesta de voces. Nos  interesaba ese diálogo guionado. Última parada es medio el inicio de Extras, y además el tema donde empezamos a ver cómo funcionábamos juntas. Y nos dimos cuenta de que pasa algo re loco. Cuando cantan por separado es muy obvio quién es quién, pero al mismo tiempo es como si apareciera una tercera persona”. Esa “tercera persona” o sociedad se trasladó a la composición: “La idea es tener libertad absoluta. Tratar mil géneros diferentes y que esté todo bien. Sobre todo por no definirlos de entrada”.

Más allá de la amplitud, es clara una afinidad: las guitarras. Si bien Canki es conocido por su manejo de teclados y sintetizadores, el dúo aclaró al productor que “queríamos que fueran sonidos que podamos reproducir nosotras  en vivo. Y en todo caso, poder hacer una reversión a lo Courtney Barnett y Kurt Vile cuando tocan con dos guitarras. Porque somos fans del juego de guitarras. Nos interesa ese diálogo”. De todas maneras, el próximo tema incluirá cuerdas y trompetas para una estética cuyo norte es Ennio Morricone. “Pero por lo general trabajamos así: componemos desde la guitarra. Es lo primero que sucede. Armamos una base o un punteo”. Por eso, dentro del EP que planean cerrar antes de fin de año, “tres de los cuatro temas siguen esa línea: guitarras distorsionadas, un poco de disonancia… y también hay una cosa melancólica. Con Juancho hablamos de eso y tenemos opiniones distintas. Hay temas melancólicos que me parecen felices. Muy de añoranza y de reinterpretación del pasado. Como cuando ves una película de cuando eras chiquito”.

Respecto al nombre, Girimonti remarca su sentido “polisémico. Esta idea de que es bueno y malo al mismo tiempo. Algo extra puede ser re bueno, un bonus track, que te regalaron… o algo de más, que sobre, que no está bueno. También tiene relación con el cine. Y además es un proyecto extra. Nuclea un montón de intereses”.