Tres veces candidato a presidente, ex diputado nacional y fundador del Grupo de Puebla, Marco Enríquez-Ominami es, sin dudas, una destacada figura del progresismo chileno y latinoamericano.

En diálogo con Contexto, analizó los resultados de las elecciones que se llevaron adelante el sábado 15 y domingo 16 en Chile, en las que se eligieron gobernadores, alcaldes, concejales y constituyentes que redactarán la nueva Carta Magna.

A continuación, el video con la charla completa y un extracto de la entrevista.

«En Chile triunfó un progresismo insumiso».

«Pasaron tres grandes cosas, todas ellas inéditas: se eligieron los primeros gobernadores y los primeros constituyentes; estamos en proceso constituyente que reemplaza a un proceso destituyente; y eso se hizo sin violencia, en paz y en democracia».

«Pero también es cierto que hubo una abstención muy alta».

«Es decir, los que estábamos por el momento tanto destituyente como constituyente no tocamos el alma, el corazón del pueblo, porque el 60 % no fue a votar».

«Eso para un progresista también es doloroso. La abstención también es una derrota».

«Lo tercero que también es interesante es que en este doble voto los chilenos dieron dos señales: para gobernar el presente eligieron ‘políticos con cicatrices’ (con experiencia), pero para gobernar el futuro eligieron gente joven, feminista, indígena y progresista».

«Ganó un relato: esta idea de que ‘hay un nuevo Chile y todo lo antiguo se fue al carajo’. No es cierto, el partido más votado fue la Democracia Cristiana. Un partido que tiene setenta años. Un partido de centroizquierda, con derivas de centroderecha».

«Es real que [el resultado de la votación] fue un golpe, una patada a un orden. Pero digo: ‘¡Cuidado!’, porque en esa división de lo nuevo y lo antiguo no está la respuesta. A mi juicio, Chile está en un debate entre liberal y conservador».

«Chile no juega en las grandes ligas. No es parte del G20. Su economía representa el 0,4 % de la economía mundial. Es una pequeña economía que es relevante por su producción de cobre, la número 1 a nivel mundial. Pero no hay mucho más que contar».

«Chile es un país irrelevante económicamente. Y logra cierta notoriedad mundial por un elemento clave: reduce el tamaño del Estado durante la dictadura, abre su economía hacia Asia, arranca la Argentina y Brasil, abre su economía de manera acelerada, inédita, bancariza a su pueblo y traspasa los derechos sociales a la tarjeta de crédito, a la deuda».

«Mucho intelectual equivocado ha dicho: ‘El capitalismo murió’. No, a mí no me inscriban en esa afirmación. Sí creo que una manera de entender la política murió».

«Esta idea de monopolio de la responsabilidad se acabó. Así se gobernó durante treinta años, se le dijo al pueblo: ‘Tú no sabes de economía, sigue este camino, el paraíso está ahí’».

«Creo que estamos en una frase del subcomandante Marcos, que es muy dolorosa, pero es muy inteligente: ‘No hay revolución sin televisión’».

«Los analistas todos se equivocaron. Ninguno estuvo ni cerca del resultado».

«Las encuestas decían que iba a ir a votar el 70 % de Chile; el 40 % votó. No se equivocaron por un pequeño margen».

«Hay cuatro aspectos fundamentales [a cambiar en la nueva Constitución respecto de la anterior].Primero, el concepto de ‘Estado subsidiario’. Ese concepto plantea que el estado subsidia al mercado y solo si el privado no tiene interés o no puede asumir una tarea entra el Estado. Segundo, la carga de derechos. Los derechos al trabajo decente, los derechos de los niños, niñas y adolescentes, el derecho al agua, etcétera, no están garantizados. Tercero, a la propiedad privada, que es el bien jurídico superior que protegió la dictadura y los economistas de Chicago en Chile, tenemos que ponerle una limitante: sigue la propiedad privada, que es por supuesto esencial, siempre y cuando no afecte al bien común. Cuarto, el más importante para mí, el poder. Al pueblo lo que es del pueblo. Chile no tiene federalismo, no tiene vicepresidente, no tiene referéndum revocatorio, no tiene plebiscito, no tiene semipresidencialismo, tiene un bicameralismo absurdo, porque al no ser federal los senadores y diputados representan exactamente lo mismo».