Por Ramiro García Morete

“Si estás confundido encuentra mi voz”. El canto de los horneros afina en La menor. O al menos eso deduciría tras un no muy ortodoxo pero sí repetido estudio ornitológico. Y es que salir a la terraza, tocar la Fender acústica de Pablo y escuchar los pájaros se convertiría en una de las pocas salidas en tiempos de aislamiento. Eso o mirar por la ventana. Es curioso que con La Teoría del Caos editara “Desde la ventana”, una canción compuesta mucho antes de la pandemia y que ahora parecía estar hablándole a todo el mundo. Las canciones, a veces, saben cosas antes que nosotros. Posiblemente las aves también.

Lo cierto es que este verano, entre los huecos que libera la vida doméstica y familiar, indagaría en ese sonido. No en el de los pájaros, sino en el de la acústica, con su cálido respiro que ama en las mañanas. No solo retomaría discos de Dylan, Neil Young o Johnny Cash, sino que descifraría el secreto del rasgueo del folk. Ese pulso aparentemente simple y repetitivo que sin embargo se sostiene con la firmeza de un árbol anciano. Y es que sí: el folk le remonta a imágenes poderosas y a geografías casi cinematográficas.

Aunque también lo transportaría un ensayo de Demasiado Humanos durante el 2009. En su cuarto, Bruno tocaba “Desarma y sangra” hasta que comenzaría a sonar un disco de Lennon. Al escuchar “Working class hero”, el por entonces “cantautor” del Uf Caruf recordaría una broma a su hermano inspirada en un emblemático capítulo de Los Simpson. Sobre una armonía similar surgirían frases e imágenes de un mundo en conflicto, pero la canción quedaría postergada o guardada por ahí. Quizá en alguno de esos cuadernos -tan desprolijos como los que aún utiliza- donde hace días encontró una letra a mano alzada de su amigo Rulli.

Más de una década después, las imágenes del mundo no cambiarían sino que se agudizarían. Sin embargo, ahora tenía el secreto: “Un dos tres, un dos tres, un dos tres cua cinco seis”, tratará de explicar el tempo del fingerpicking. Con su “bunker” y el Ableton a mano para producir y mezclar, rescataría el tema con el aporte de Juan Fraticelli en guitarras, Oscar Trani en batería y Canki en master.

“Las tristes noticias llegaron a mí”, anuncia con temple profético sobre una base en La menor donde no especifica eventos y recurre a consignas universales, a conciencia de su atemporalidad y de que la densidad del mundo se traduce mejor en el sonido. Con una reconocible melodía de folk-blues, el músico construye una atmósfera western y cinematográfica entre slides, trémolos, percusiones y hasta pájaros. Lo explícito del título parece recordarnos una verdad histórica: a veces la canción se repite, pero cada uno la canta distinto. Y Seba Coronel, en cierto modo, encuentra su voz.

 “Es una de las tantas que tenía ganas de sacar y no encontraba cómo instrumentarla -introduce-. Una canción es un proceso largo. Es una canción abandonada que pudo retomar su camino para que sea escuchada”. Por fuera de La Teoría, Coronel había editado algunos singles con claras influencias del bolero. Esta tonada folk implica entonces “romper con lo que venía haciendo. Siempre estoy tratando de ampliar el repertorio de escucha. Y esta es una inquietud que tenía hacía bastante”. En cuanto a lo abstracto y a la vez vigente de la lírica, comenta: “Me pasó que la podía cantar. Hay siempre como una cosa latiendo de que las cosas están medio mal. Ahora se resignifica más creo. Cada vez nos estamos quemando más, pareciera…”

Al hablar del género, el cantor de voz profunda y rasgada menciona “los primeros discos de Dylan, algunos de los Rolling o Johnny Cash”. Y se extiende sobre esa sonoridad: “Me transportan a un lugar. Y por lo general un lugar… tiene una sensibilidad especial. Como cuando escucho tango o grabaciones de otro momento, hechas con cosas muy simples del cotidiano que tenés a mano. Eso me gusta”.

Con lo que había a mano encaró estas grabaciones que no quiere llamar proyecto y reflexiona sobre el trabajo solitario: “No armo proyectos. Trato de armar bandas que funcionan con el andar del tiempo de alguna manera.  La verdad que no me costó demasiado hacer esto. Pero con La Teoría tampoco nos cuesta tanto ponernos de acuerdo. Hacer esto solo es totalmente distinto. No me costó porque siempre estoy haciendo cosas en mi casa. Lo único que no las muestro. Ahora se dio esta situación que es extraña, porque yo quiero trabajar de la otra manera. Me gusta más la sala de ensayo y que sí me atraviese otra gente en las ideas”.

(Foto: Manuel Cascallar)