En una movilización sindical al rayo del sol, entre los «fierros» de un acto político o una barricada callejera al filo de una represión policial. Junto a Chicha Mariani en una marcha. Junto a Rosa Schonfeld buscando una y otra vez a Miguel Bru en los rincones más sórdidos de La Plata. En la caravana federal docente que copó el Puente Pueyrredón en 2018. En el funeral de Chicha Mariani que María Eugenia Vidal decidió violentar con gases lacrimógenos. Eva Cabrera estuvo en todas.

No hay periodista, fotógrafa o fotógrafo en La Plata –de esa variopinta raza de quienes están «en la calle»– que no haya cruzado el lente, el micrófono o palabras con Eva. Son quienes esta semana celebraron su nombramiento como presidenta de la Asociación de Reporteros Gráficos de la Argentina (ARGra).

Eva es la primera mujer en conducir ARGra en ochenta años. También es una maestra de música de escuela primaria que un buen día, hace tres décadas, comenzó a fotografiar casamientos de modo amateur. Desde el puntapié inicial como reportera gráfica en el diario platense Hoy en 1993, que se extendería por catorce años, a ocasionales suplencias en el diario Clarín, pasando por el viejo diario Diagonales –en su momento, perteneciente al Grupo 23– y la actual participación en la agencia estatal Télam y este mismo diario, fueron los espacios donde curtió su carrera.

Entre medio, al mismo tiempo que batallaba con cámaras analógicas, llegó una licencia ante el embarazo de una de sus tres hijas, único momento en que se quitó el lente de encima. «Cuando volví me pusieron en la mano una cámara digital», explicaría años después en una entrevista, en referencia a lo que llamaría la «democratización de la cámara», acaso para despejar el fetiche snob de los rollos y negativos. Una mirada casi «punk» sobre preservar la potencia del trabajo, sin necesitar tecnología de último modelo ni un conservadurismo purista por la técnica.

No obstante, fue su mirada y ética de hierro frente al oficio lo que le valdría su sello entre colegas, construida siempre en la primera línea de fuego de las coberturas diarias. «La fotografía es la forma de decir lo que pienso», dijo en una ocasión en el marco de una charla virtual organizada por la Facultad de Periodismo y Comunicación de la UNLP.

«Primero, y esto corre por mi cuenta, hay que tener mucho respeto por el otro, hay que saber ponerse en el lugar del otro. Y hay que ver qué contenido uno publica», contó en alguna charla Cabrera, quien alguna vez tomó la decisión de fotografiar a los niños de espalda, que «no se les vea la cara»: la importancia de una cámara como instrumento para resguardar al otro, en contraposición a quienes se dedican a asesinar con imágenes.

En esa misma charla dejó otra recomendación que habría que estudiar en las universidades para formar profesionales: «Hablar entre nosotros, preguntarnos cómo estamos, es muy importante para sentirse contenido», afirmó.

Su sentido de la profesión, del compañerismo, de la generosidad frente a pares –virtud escasa en buena parte del periodismo–, con el lomo y el foco puesto del lado de quienes necesitan una voz de denuncia más que un tabloide amarillista, le valió el respeto y admiración de decenas de colegas, compañeros y compañeras de ruta que hoy la observan como un faro personal.

«Es un norte moral en el periodismo local. Ella está y estuvo siempre del lado correcto, de lxs que la luchan todos los días porque no la tienen fácil, de lxs que buscan justicia y de lxs que la pasan mal», dijo a Contexto Juliana Ricaldoni, periodista corresponsal de Télam en La Plata y colega de Cabrera. «Solidaria, en las marchas, en los juicios, en un acto político o en la cancha, Eva es un ejemplo de compañerismo. Es de las que no le sacan el cuerpo a los momentos difíciles», agregó.

«Su elección como presidenta de ARGra es resultado de un esfuerzo colectivo, y a la vez tiene correlación directa con su oficio diario, cotidiano y siempre asertivo en el arte de la fotografía. Cazadora de gestos y pequeños detalles en medio de pomposos actos políticos. Muchxs respiramos esperanzadxs cuando nos enteramos de la noticia. Ya era hora», definió también la periodista platense Mariana Sidoti, en diálogo con Contexto.

Con sus 56 años, Eva ahora es presidenta de ARGra. Allí estará firme como tantos la han (hemos) visto tantas veces, en medio de una manifestación en calle 7 o con los pies hundidos entre los juncos de La Balandra de Berisso. Entre el humo pesado de una asamblea o en la baranda picante de pólvora. Y que en medio del caos regale un consejo, una recomendación o una anécdota. Rápida y al pie, en un oficio donde no se permite gastar palabras de más. A los gritos, siempre parada, como dijo Paulo Leminski, entre la gente que piensa que la calle es la parte principal de la ciudad.