Por Ramiro García Morete

Cada vez que graba una canción o una suerte de boceto -ya sea en una nota de voz del celular o con el Audition de la computadora- anuncia tu título. Casi como un rito o un anacrónico método de nomenclatura. Lo cierto es que a comienzos de invierno de un año de por sí frío como fue el 2020, aquel estribillo indefinido había regresado. Al igual que su mente -que gusta de transportarse ya sea en real movimiento o simplemente quieto en su casa- las canciones también van y vienen. Y a la vez representan o perpetúan un instante. Por mínimo que sea. Como aquellos girasoles en la ruta regresando de un par conciertos en la costa atlántica.

En pleno aislamiento se intensificaría “la necesidad de buscar lugares adentro, espacios nuevos”, dirá. Para ello estaría a su lado, como siempre, la Takamine. Se trata de la primera guitarra que compró él mismo diez años atrás. Y que podía enchufarse, lo que confirmaba que era hora de salir a tocar y grabar discos. Y también estarían junto a él, orbitando en su imaginario musical, esos grandes autores uruguayos cuyos nombres no caben todos en una canción, pero un par se filtrarían.

No tanto desde la melancolía como sí desde el rescate, se arrojaría a esos momentos en los que “fuimos felices sin saber” para escribir el tema que daría un hilo a otro puñado de composiciones previas. Así conformaría un repertorio que parte desde el Río de la Plata pero que se abre a latitudes como la cumbia y –¿por qué no?- el pop. Y es que de la canción se trata su viaje, donde la instrumentación orgánica y principalmente acústica no busca más que apoyar sutilmente su voz cálida y sus amenas melodías. En ellas se deslizan con ligereza pero sin liviandad versos simples pero que tratan de contener otros sentidos. Pequeñas conclusiones o aprendizajes de viajes -interiores o terrenales- de este autor que en medio de la oscuridad no dudó en anunciar frente a su celular y luego nombrando su álbum: “Hay lugar”. Cada uno hallará -si puede- el suyo. Para Julián Oroz, sin dudas, es la canción.

“Hay un lugar” se trata -según explica Oroz- de “un disco que surge en la pandemia y está atravesado por ese encierro y esa necesidad. Donde no podés desarrollarlo por fuera y buscás por dentro”. Y asiente respecto a la frase que titula y abre el trabajo: “Es una toma de posición, un manifiesto.  Hay algo de la seguridad que te da eso”. Pero aclara respecto a las mencionadas “conclusiones” o “máximas” en las letras: “La verdad es que no me gustan las canciones que dicen la vida es… siempre me pareció demasiado imperativa. Pero siempre que está dicho desde un lugar subjetivo, como una verdad personal, me resulta más humano, entonces sí. Yo te digo lo que a mí me pasa, te comparto esta creencia. Después coincidís o no”.

Entre esas “creencias” hay un verso que parece definir su obra: “Las cosas más sencillas son las más bonitas”. Oroz lo reconoce casi como un “statement” de su búsqueda artística: “Es un poco a lo que le canto y lo que me conmueve. Es el motor de lo que escribo. Es una sensación o una necesidad de ir al punto exacto de lo que quiero hablar… y encontrar poesía. Porque a veces hay un temor cuando solo decís lo que querés decir, de sentir que no está luciendo”. Esa capacidad de despojarse de ampulosidades posiblemente sea producto de la maduración. “La canción – como forma- tiene una especie de manto de autenticidad y una potencia que hace que escuches de otra manera”.

La misma idea se traslada a la sonoridad y la composición de un disco que quizá presente en circuitos domésticos e íntimos durante el segundo semestre: “Tengo la premisa de que si usas menos elementos, la rítmica tiene menos variaciones e igualmente la armonía, lo que se luce es la melodía. Porque algo se tiene que mover. Es como si fuera una planta para que crezca la flor. La melodía es la flor. Todas las propuestas son válidas. Pero en mi caso intento que nada tape la melodía. Ni siquiera la letra. La melodía lleva consigo el mensaje más trascendental, que va por debajo o por arriba”. Por eso es que los arreglos pensados junto al productor Charly Valerio “apuntan a lo que la canción quiere decir. Hay contestaciones y arreglos, pero la idea es que a primera escucha no escuches eso y que escuches la canción.”

(Foto: Herlo Ramone)