Por Ramiro García Morete

Nacido y criado en “la puerta de Los Hornos”, a los 6 años comenzó a tocar el piano y ya no pudo detenerse. Ni siquiera a los 10, cuando se mudó a San Luis. Y menos al regresar, pasando por una educación que va desde el Conservatorio o (ex Bellas) Artes hasta profesores de la talla de Tato Finocchi o Pepe Angelillo, entre otrxs. Por esfuerzo más que por fortuna, haría de la música -como cantarían los Deca- su techo y su comida. Pero un día -“de la noche a la mañana”, dirá- efectivamente llegaría el freno. Como el mundo entero, Ignacio García Márquez sufriría el impacto de la pandemia. Pero en el caso de músicxs, sería particular y alarmante la incertidumbre, no solo del regreso a los conciertos, sino de las garantías o contemplaciones como trabjadorxs. Porque -y lo repetiremos hasta el cansancio en este espacio- la cultura es una actividad económica como cualquier otra, que genera empleo y producción. Sin embargo, tras un verano que dio escuetos respiros y mínima reactivación, el ámbito cultural vuelve a afrontar otro año donde no se cuestionan las medidas sanitarias pero se requieren políticas concretas. Particularmente en una ciudad como La Plata, donde la actividad es inversamente proporcional a la presencia y apoyo del Municipio. Así es que, al igual que otras redes, se generó espontáneamente la Asamblea de Músicxs en Emergencia, integrada por decenas de artistas de diversas procedencias con reuniones virtuales semanales y en proceso de diagnóstico, conformación de comisiones y deliberación. Para les interesades, comunicarse con la cuenta de Instagram @asambleademusiqxsenemergencia para acceder al link de los encuentros.

“Yo vivo netamente del quehacer musical -introduce García Márquez, integrante y productor de Aguasucia y los Mareados-. Me quedé sin trabajo. Y fue reinventarse. Yo la zafé porque tenía un par de alumnos de piano y hago algunas producciones para bandas. O escribiendo partituras de SADAIC para otros. Pero llega un momento que después de un año estás exhausto y ya no sabés qué inventar para llegar a fin de mes. Porque es eso. No es para tirar manteca al techo”. Y continúa: “Entonces me harté de quejarme con mis amigues músiques. Me escribió mi amigo Felipe Muñiz y empezamos a hacer reuniones por zoom, para ver qué reclamo tenía cada uno, en qué situación estábamos y qué nos gustaría”.

García Márquez no se opone a las restricciones, pero sí al trato diferenciado: “Yo veo desigual que otros sectores estén trabajando y parece que les culpables son les músiques. Porque vas al Nini a cualquier hora y está explotado de gente y estás en un galpón que no tiene ningún tipo de salida. O vas a una plaza y por más que estés al aire libre, está explotado de gente. Entonces llega un momento que te agotás y decís: algo tenemos que hacer para regular esta situación. Y que se empiece a mover justamente la movida cultural con protocolo”. Específicamente, lo que se reclama es “un IFE cultural. O sea, como un IFE pero solo para artistas. En verdad, también para sonidistas, iluminadores, etc. Y después queremos reactivar la movida tratando de que la Municipalidad nos ayude para sostener la infraestructura que requiere un protocolo”.

El músico cuenta que la Asamblea está en comunicación con sindicatos y centros como SADEM, Escuela de Arte de Berisso, La Moura y  La Bicicletería “para reclamar algo que tenga peso”.

“Si no podemos trabajar necesitamos un paliativo desde el gobierno. ¿Cómo puede ser que al sector gastronómico sí se lo ayuda, hay un subsidio? No solo se trata del gobierno, sino desde la sociedad. Le cuesta asumir que el músico es un trabajador y que es un oficio”. Actualmente, la Asamblea se encuentra elaborando un formulario “a modo de censo, para poder diagnosticar las necesidades de músicas de LP, Berisso y Ensenada”.