Por Ramiro García Morete

“El público de Caminar de Elefante”, suele decir Alexis Turnes Amadeo. Al igual que ocurre con otros espacios y proyectos autogestionados, al hablar de quienes asisten o consumen sus propuestas el productor y manager se expresa como si fueran más que personas que pagan un ticket. Algo más propio. Más bien, como pequeñas comunidades y hasta familias A lo largo de once años, más de 200 shows y múltiples artistas reconocidos y también emergentes formando parte, la productora local -como otros espacios también- ha construido un público que acompaña las propuestas, que van más allá de los nombres. Y que implica un cuidado previo a la pandemia. Por eso es tan común que quienes producen de manera independiente en la ciudad acepten las restricciones. Pero también es lógico que exijan reconocimiento y planes de contingencia en su carácter de trabajadorxs y generadorxs de economía.

De cara a un 2021 que se parece al 2020, pero no es exactamente lo mismo, Turnes Amadeo comenta sobre este parcial déjà vu: “En parte sí y en parte no. Técnicamente se volvieron a restringir las actividades y volvimos a quedarnos sin trabajo otra vez. En parte no es déjà vu porque como ya sabemos lo que pasó, se termina generando más temor que el año pasado. En el 2020 tenías la esperanza de que todo vuelva a cierta normalidad. Ahora me sucede que ves todo mucho más lejano. No somos ingenuos y sabemos qué va a pasar, cómo se mueve la política. ‘De esta salimos mejores’ es una falsedad absoluta. Toda esta situación amplificó el individualismo de quien ya lo era y fortaleció la parte solidaria de quien era solidario antes. Nadie se fabricó una personalidad nueva. Duele que la sociedad no acompañe. Y hablo de la responsabilidad individual, más allá de cualquier política pública”.

Respecto a las estrategias del año pasado, Turnes Amadeo ejemplifica con los streamings: “Yo formo parte de la comisión de ASAP (Asociación Argentina de Productores de la Industria de Eventos, Espectáculos y Entretenimiento) y a veces se piensa mucho con la cabeza en Buenos Aires y el AMBA, que tienen realidades distintas. El año pasado se apelaba a públicos nacionales, algo más federal. Pero en esas provincias ellos sí están pudiendo ir a ver shows en vivo. Eso genera una situación de total desconcierto para el artista, no sabés si la estrategia va a ser peor. En mi caso particular y como manager, es un poco tratar de volver a ese ámbito introspectivo, ver qué se puede pulir del proyecto musical, cómo vamos a planificar, más que tomar decisiones apuradas. Esa es la ventaja. Este año nos encuentra más expertos en covid-19, básicamente la idea es sentarse, escribir y planificar los próximos pasos. Lo que sí no recomiendo es planificar shows o giras”.

Lamentablemente recurrente es la sensación de que la cultura independiente siempre es la primera en recortarse y la última en contemplarse. “Es lo que venimos denunciando dese las distintas cámaras, asociaciones y agrupaciones. El nivel de cercanía del espacio con el público es tan familiar que se cuida de una manera exquisita. Muy probablemente se cumpla más un protocolo que en la cola de un supermercado. Es doloroso. Nunca entendés si es una decisión política o si es una situación de ignorancia, de asociar al universo cultural alternativo con la industria del entretenimiento (boliche, cervecería). La gran crítica es la incoherencia a la hora de desplegar estas políticas y restricciones. Lo mismo con los horarios. Hay que desarticular fiestas clandestinas… y se entiende que hay un foco. Y no es el único. Si no controlás un espacio al aire libre… lo que hacés es dejar sin trabajo a mucha gente, pero los focos se replican en otros lugares. Los eventos legales son cuidados. La música en vivo con protocolo no contagia. En la medida que el Estado no controle, por más que restrinja, no va a cambiar”.

Respecto al rol estatal, “mucha gente que no está en el ambiente piensa: estos salen a pedir subsidios sin laburar. No… es porque no podemos trabajar. Entendemos la coyuntura, claro que sí. La mayoría del ambiente cultural y sobre todo independiente, entiende y adhiere. El problema es que en tanto la sociedad no reconozca a la persona de la cultura como un trabajador, es difícil que seas sujeto de derecho. En segunda instancia, todo el polo trabaja en mucha informalidad. Gente que tiene monotributo y no lo puede sostener o muchas ayudas no llegan por ciertos requisitos formales. No puedo decir que no se hizo nada, pero la ayuda fue insuficiente y no termina de estar a la altura”. Y apunta con mayor definición a nuestro Municipio: “Estamos gobernados por gente que no tiene ni idea de lo que es la gestión cultural, que claramente no nos reconocen como trabajadorxs y su silencio ha sido absoluto. Ya han tenido reuniones, individuales, y siempre es no, no hay plata, no hay plata. Y no le pedimos plata: le pedimos trabajo y política”.

Mientras la productora está en stand by, Turnes Amadeo encara a través de los canales de Caminar de Elefante una Consultoría para Proyectos Musicales Independientes, donde tiene encuentros online y les artistas le cuentan “el 100 por ciento de su proyecto y su vida, haciendo un diagnóstico y viendo cuáles serían las acciones a llevar adelante en un sentido amplio, y desde cuestiones técnica, legales, lanzamientos, etc.”.

(La foto de Lali Varveri que ilustra este artículo pertenece obviamente a un evento previo a la pandemia).