Por Ramiro García Morete

“Fue como decir: ¡Oh, no…de nuevo!”, expresará hoy Gonzalo Bustos. El mismo que forma parte de ese bonito espacio que es La Bicicletería Creación Colectiva (117 y 40), y que en abril del 2020 describía a este medio: “Hay un nivel de stress porque uno tiene que tener muchos cuidados. Entonces es estar intentando activar para no dejar de tener el espacio de pie y a su vez tener un montón de cuidados, restricciones, de contacto”. Un año después -y tras el ligero respiro que supuso el verano- la imagen se repite y la sociedad toda vuelve a atravesar la incertidumbre a partir de un nuevo crecimiento exponencial de contagios. Pero en el caso de los centros y trabajadores culturales -quienes en su gran mayoría fueron quienes aplicaron con más pericia los protocolos- enfrentan la histórica pelea por ser considerados una actividad productiva. Sobre todo en la ciudad de La Plata, donde el Municipio desatiende sistemáticamente ciertos sectores culturales y elude su rol como Estado para ofrecer planes de contingencia.  

“Si bien cuando empezamos, en el verano, sabíamos que se iba a cortar, no pensamos que sería a principios de abril. Creíamos que sería más para el invierno. Estábamos planificando abril y mayo. Lo teníamos casi cerrado, se nos vino para adelante y nos sorprendió”, introduce Bustos, y relata: “Habíamos encontrado un ritmo de trabajo en el verano que nos había permitido entusiasmar, que nos había permitido de alguna manera volver a poner de pie los espacios y puestos de trabajo. Y sentir que de nuevo volvíamos a estar encerrados o limitados en la posibilidad de trabajar es muy desmoralizador. Porque es sobre todo volver a inventarse después de la reinvención y con mucho más cansancio en el cuerpo”.  Y agrega: “También fue confuso porque tuvimos un primer cierre, que fue el que generó la Municipalidad. Fue mucho más violento y estigmatizador que las medidas a nivel nacional porque lo que de alguna manera ‘criminalizaba’ eran las expresiones artísticas, ya que estaba todo abierto y lo único que se cerraban eran los espectáculos. Entonces ahí la sensación que tuvimos es que se estaba vulnerando el derecho a trabajar de manera segura y con protocolos, que sabemos que no es la principal fuente contagio. Después, cuando llego el decreto nacional y con el cierre a las 20, la sensación fue como de resignación”.

Como a otros espacios, la experiencia del 2020 generó desgaste, pero también recursos o herramientas para sostenerse: “Ni bien se volvió al aislamiento pusimos en funcionamiento y de relieve una herramienta de trabajo que es la cocina en primer plano y el delivery. Lo sacamos de inmediato y la gente tuvo buena respuesta. Aprendimos cómo organizarnos, cómo distribuir el trabajo. Estrategias alternativas pensadas para épocas de crisis. Se empieza a armar una caja de herramientas para la crisis. También las redes que fuimos tejiendo en el 2020 están fortalecidas. Lo que el año pasado tardamos desde marzo a mayo, ahora -con el primer anuncio- ya estábamos todes en comunicación y con las redes mucho más activas. A su vez es lógico: hay un desgaste porque es redoblar los esfuerzos sabiendo que no va a haber ingresos o que nuestro trabajo va a estar súper devaluado”.

Actualmente, La Bicicletería tiene más de una decena de personas trabajando: “Cocineres, sonidistas, gente que atiende, que nos dedicamos a las redes, a la programación. Hay de todo. En la primera ola teníamos solamente el delivery de productos congelados que los hacíamos durante la semana y los sábados al mediodía. Ahora estamos también trabajando a la noche, básicamente para mantener los puestos de trabajo. Sabemos que no rinde, pero de alguna manera podemos cubrir esos puestos”. Para subsistir, Bustos refiere “también la estrategia de los subsidios, de estar presentándose a convocatorias: el Desarrollar, las líneas de financiamiento del INAMU, alguna línea de Provincia, están un poco más ágil y estamos aprendiendo a tener más agilidad en todo lo que es la gestión de esos proyectos, que en otro momento espacios autogestivos no alcanzábamos o no estaban en nuestros horizontes ese tipo de políticas. Y actualmente, por una cuestión de necesidad y urgencia, son una herramienta fundamental para compensar lo que no nos ingresa de entradas o de ventas de comidas”.

Bustos deja en claro que “la situación sanitaria está en crisis y la noche es uno de los momentos más difíciles de controlar, se produce mucho descuido en gran parte de la gente que sale”. Pero a la vez distingue: “Sabemos que los shows no son los principales focos. Tener que restringir la activad de la noche también es un montón de reuniones privadas, encuentros de amigos, amigas. No solo jóvenes, también personas grandes que se descuidan. Entonces entendemos que la medida tiene un sustento. Pero a su vez sentimos que es una pelea constante de que el arte sea reconocido como una actividad productiva, que produce economía, que produce ingreso, que produce trabajo”.

Sobre el final, Bustos declara: “Desde La Moura (colectivo que aglomera distintos centros de la ciudad) y los espacios culturales organizados se está buscando la articulación con distintas redes de artistas y un pedido que vuelve a surgir: que ante una situación crítica como esta, el estado ponga a disposición los recursos que tiene. Que se pueda hacer show por streaming y que la Municipalidad pague la parte técnica y un cachet para les artistas. Que pueda haber un subsidio especial para artistas, desde el Municipio o Provincia. Desde Nación hay una iniciativa de becas, pero que no alcanza a toda la población, el gran número de artistas y trabajadores del arte. Ese es un punto importante respecto de las propuestas que se están llevando adelante desde las distintas coordinadoras y colectivos de espacios culturales”.