Por Ramiro García Morete

«No está mal esa de agarrar la nota que hicimos el años pasado… total la gente se olvida y la información es más o menos la misma«. Con el humor como vital defensa, Nat Soulé se permite bromear a la hora de acordar una charla. Sin embargo hay algo de verdad, la gente-esa abstracción que también somos nosotres- se olvida. O al menos esa es la sensación frente a gran parte de la sociedad que quizá jamás tomó conciencia. Inclusive dentro de uno de los ámbitos más golpeados por la crisis económica que genera la pandemia: la cultura. Pero en la amplia mayoría de los casos, los espacios autogestivos no sólo fueron los más creativos para subsistir sino los más responsables a la hora de aplicar los protocolos en el breve retorno a la presencialidad. Por conciencia civil, primero, y también  –no está mal decirlo- inteligencia. Y es que sin eventos, la gente que trabaja en estos espacios no come. Algo tan básico que sin embargo parece no ser esencial.

Y Ces´t La Vie, cálido y ya tradicional espacio cultural de nuestra ciudad ubicado en 55 e/17 y 18, había encontrado el modo de garantizar cuidados y medianamente recuperar cierta actividad. Es Lucía Uncal -socia de Soulé- quien acaba respondiendo ante esta sensación de déjà vu: “La sensación es de total angustia e impotencia. Después de un año de no poder abrir y sobrevivir inventando estrategias, este año nos agarra sin poder habernos acomodado del todo. Es un déjà vu, pero con sabor amargo ya que el contexto es distinto porque sabemos que tenemos encima un año de pandemia. Se mantiene el mismo clima de incertidumbre, pero las dudas son nuevas y la situación peor en términos sanitarios y económicos”.

Sin desestimar lo crítico de la situación sanitaria y registrando desde un primer momento las prioridades, muchxs trabajadorxs no dejan de sentir sin embargo que estos lugares son relegados por una visión ideológica sobre la cultura: “Totalmente. Sabemos que somos el chivo expiatorio de la escalada de contagios. Nunca se habla de los espacios de trabajo privados que obligan a ir a trabajar a lxs empleadxs con síntomas, o de los espacios comerciales que no cumplen con protocolos, ni de la ‘gente’ que no incorporó los protocolos a su vida cotidiana, ni siquiera de una visión de conjunto que no le tire la responsabilidad a un solo sector o sujeto”.

“En nuestro caso particular, cumplimos desde el día uno a rajatabla los protocolos. Asumimos la responsabilidad que nos exige este momento, sabiendo que es la única forma de trabajar y cuidar (a otrxs y a nosotrxs). La Municipalidad gestiona sin tener en cuenta la realidad de los espacios culturales de la ciudad, recortando el problema desde el lugar que es más visible para la opinión pública. Los espacios culturales, independientes y alternativos, somos un blanco fácil y cómodo. En las semanas que pasaron, hasta que Nación y Provincia hicieron públicas sus medidas, estuvimos en un limbo de confusión a partir de medidas totalmente ambiguas de la Municipalidad. Como si para nosotrxs abrir fuera una diversión, un hobby, y no un trabajo, nuestra fuente de ingresos. Una de las cosas más indignantes es que se nos quite de esa discusión. Esa visión del trabajo cultural como algo superfluo, como ocio o recreación, y de los espacios culturales como lugares irresponsables, tiene un sesgo ideológico que es muy claro”.

Lo experimentado en el 2020 generó nuevas herramientas pero también cierto desgaste: “Ambas, totalmente. Aunque más que nada desgaste. En nuestro caso lo cosechado en estos tres meses de reapertura fue bueno, pero no es posible acumular nada para lo que se viene. El funcionamiento y protocolo que desarrollamos sólo sirve para la presencialidad, lo recaudado sólo nos alcanza para pagar el alquiler de cada mes y los sueldos”. Y agrega: “En el 2020, mientras estuvimos cerradxs, pudimos sostenernos gracias a los subsidios del estado y las políticas que restringían algunas cosas (como los DNU de alquileres y servicios). Este año no sabemos si ese amparo va a existir, y si se dan, ya que nos hemos presentado a varias convocatorias, no sabemos cómo ni cuándo. Lo más difícil es la incapacidad de proyección, no poder elaborar algo a futuro, un plan, un camino posible. En ese sentido lo más difícil es elaborar una estrategia sostenible en el tiempo”.

Igual que vimos el año pasado, un elemento fundamental para sostenerse será el público. “Nosotrxs tenemos un público muy amiguerx, han venido con mucho amor a reencontrarse a la casa -cuenta Uncal-. Saben que los espacios culturales son parte de su vida cotidiana y afectiva. Pero también es difícil vivirlo en un contexto en que el principal riesgo es el contacto con el otrx y la posibilidad de contagio”. Pero pensando en un escenario posible similar al 2020, “una agenda virtual no es algo que hayamos podido construir de una manera atractiva. Ahí es donde más vemos el desgaste del público”.

Para el cierre, manifiesta: “Van a ser meses muy difíciles para todxs y en particular para los espacios culturales. Hay muchas formas de apoyarnos y acompañarnos en esta crisis, sabemos que lo único que nos puede sacar de esta es contar con las redes de aguante y amigxs. Acá estamos para lo que necesiten».

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