Por Ramiro García Morete

“Vengo de otro lugar/ traigo una velas más/ a tu santuario rojo”. Venía de otro lugar y ahora -como todo el mundo- no había muchos lugares para ir. O sí. Venía yirando bien metejoneado con el tango, al frente de Luna Roja y Sus Guitarras Negras, desafiando su propia capacidad como intérprete. Venía de varios años con Sr Tomate o acompañando los distintos proyectos de Shaman Herrera. La pandemia y el aislamiento lo llevarían –como casi todo el mundo, también- a instancias reflexivas. “Está quien hizo tarjetería española o jardinería o quien hizo karaoke -comentará-. Hicimos muchas cosas pavas pero también recurrimos a lo esencial. En algún momento todos tuvimos nuestro momento existencial. ¿Quiénes son nuestros amigos? ¿Con qué sobreviviríamos y con qué no?”.

Y entre lo esencial habitan -¿por qué no?- esas pocas notas que afloran cada vez que tomamos la criolla. Esa suerte de patria, parafraseando a un uruguayo. Por alguna razón, el recuerdo lo trasladaría a la habitación junto a sus dos hermanos fanáticos de Riff. Un tiempo antes de que se mudaran a Entre Ríos. Aún iría al jardín, pero en un precario radiograbador sonaba un cassette de su hermano Santiago: “Buen Viaje”. Se trataba de un compilado con lo mejor de Pappo´s Blues Vol. II y III. Entonces, creería que toda esa distorsión respondía a la baja calidad del dispositivo. Pero aquel sonido –que el tiempo apartaría a cambio de nuevas experiencias- quedaría atesorado.

Y en ese balance de lo esencial, Edu Morote surgiría en la lista. Su compañero de ruta en varias bandas sería el  apoyo -desde la batería- para retomar aquella escuela de rock y blues de los ´70. Pero con las materias aprendidas en otros estilos, reconfiguraría aquella memoria añadiendo no solo guitarras, bajos, teclados y su voz, sino también trucos de producción propios de la contemporaneidad. “Santuario rojo”, esa suerte de blues pesado y espacial que ofrece gratitud a un santo pagano, es el primer y excelente adelanto de este buen viaje de Alejandro Bértora.

Bértora no da rodeos en su presentación: “Es por el Gauchito. El texto relata una situación de agradecimiento por alguien enamorado y se le cumple. Se ve a las claras. Y en cuanto a la música, es un poco un reencuentro con lo primero que conocí de la música”. Además del disco mencionado de Pappo, el músico también cita otro título heredado de sus hermanos: “En vivo después de la muerte”.

El músico no puede obviar “el tema del encierro y la pandemia. Lo empecé a hacer en el momento de más extremo aislamiento. Lo grabé en casa pero Edu en la suya. Y el Bocha grabó una guitarra. Hago el paralelismo porque a todas las personas nos llevó a un lugar de reencontrarnos con cosas que no estaban en nuestro día a día y a la vez mezclado con este concepto de lo esencial”.

“Edu es una persona esencial -dirá no sin sonreír-. Una parte de mi recorrido musical. Y conecté con eso”. Y retoma: “Cuando agarro la guitarra toco ese tipo de música. Me sale agarrar y tocar una pentatónica, los caminitos más de blues. ¿Viste cuando algo te sale inconsciente?”.

Su actualidad más tanguera incidió poderosamente para abordar con mayores recursos estas composiciones rockeras: “Total. Yo vengo de tocar tango. Todos los temas con cuarenta mil acordes, acordes de paso, melodizar los bajos. Cuestiones más académicas. Cuando volví a hacer estos temas me di cuenta que extrañaba la cuestión de la diversión que te permite esa simpleza. Pero a la vez tiene una gran complejidad, ya que con las mismas cinco notas todos hacemos algo distinto. ¿Cómo haces para que eso sea personal?”. Y allí aparece también “el abordaje de la producción. Cuando era adolescente este estilo lo pensaba de una manera. Y si bien volvés, también te vas sirviendo de cosas. Yo cuando mezclo utilizo procedimientos de la música electrónica, ponerle tal efecto a las voces…”

La interpretación vocal fue una de esas herramientas adquiridas que advirtió en la grabación de este y otros temas que en algún momento verán la luz: “Me sirvió un montón sobre todo por el nivel de exposición de cantar tango. Es como cuando estudiás actuación. Si no estás dispuesto a hacer un poco el ridículo, no lo podés hacer.  Estás como desnudo. Yo venía del rock y entonces imagínate lo que es salir a esto que es más  dramático, operístico. Atravesada esa exposición, ahora vuelvo a cantar rock mucho más liberado. Cantar tango requiere un gran entrenamiento”. Pero aclara: “La verdad encantar rock tampoco es sencillo”.

Respecto a ese material generado, “todavía no sé si van a salir en forma de simples o va a salir todo junto. Tengo seis temas a medio producir. Como estoy grabando en casa, la producción es bastante rápida. Grabo todo yo y si hace falta algo pido a algún amigo”. Por lo que cuenta, todos esos temas siguen la línea estética: “Algunos más rock&roll, más boogie, más lento. Pero son todos temas bien setentosos en un plan de blues rock con estos ribetes medio espaciales o de música electrónica”.