Por Ramiro García Morete

“Mira para adelante/ pero se acuerda de donde viene, el caminante”. Tenía 14 años y la veía en la vidriera de un local de instrumentos que estaba casi vacío. Unas pocas cosas y “esos libritos muy noventas con acordes de canciones”. No era un kiosko -recuerda- pero parecido. Allí compraría una Bluesband, la armónica más accesible con un sonido decente y en tonalidad de DO o C, “la más fácil para aprender”. Por entonces no abundaban profesores y mucho menos existía algo llamado YouTube. “La llevaba a todos lados, al colegio, al club, recitales, boliches, lo que sea… tocaba en el micro, en la calle, era re denso pero resultaba bastante novedoso”. De manera insistente y autodidacta, aprendería este admirador de Luis Robinson que vivía en Barrio Jardín pero que crecería en El Carmen. De allí serían sus amigos y con ellos formaría su primera banda: Sucio Burdel. Veinte años después, abocado no solo a las vicisitudes de la vida adulta, la arquitectura y el seno familiar, sino también a un horizonte más amplio pero siempre cancionero, un par de riffs de armónica propusieron lo que él siente como “reencontrarme con el pibe que hace más de 20 años, no importaba donde fuera, llevaba algunas en el bolsillo”. Cuatro piezas sensibles y sólidas, que revisitan el blues y el rock & roll pero exponen su crecimiento como compositor, productor e intérprete. “Mi armónica blusera” es el flamante EP de este caminante que mira hacia atrás sin dejar de avanzar: Maxi Cabelli.

El músico reflexiona sobre el ejercicio de retomar géneros y sonidos de la primera juventud: “La sensación es como la de volver a un lugar que conocías, que pertenecías, pero con más tiempo, más paciencia o con las herramientas para detenerte a disfrutarlo de otra manera. Por otro lado, creo que el rock y el blues son géneros  que cuando uno es pibe siente que son fáciles de tocar y los aborda como puede. Pero con los años, te das cuenta que intentar hacer lo que hacen los que saben lleva muchas horas y requiere de mucho oficio, aunque sean tres acordes y mucha gente los subestime”. Y en esa línea, si bien hay blues y rock&roll también queda espacio para una búsqueda más experimental. “Era parte del juego, del desafío. Como volver a vivir en la casa de mi infancia pero pintándola de otros colores, tirando alguna pared, buscando mejorar algunos ambientes, con más ganas que nunca de quedarme. Me gusta buscar sonidos, trabajar las voces y las guitarras con deley, sobre todo los slides. También hay una búsqueda en el sonido de las armónicas que nunca había logrado, grabándolas con pedales de efectos, octavadores, distorsiones, etc.”.

Esa suerte de regreso también se da en lo lírico, signado por un tono más urbano que doméstico: “Es que en los otros discos traté de escapar un poco de lo que eran mis lugares comunes, mirar, escuchar y vivir otras cosas me llevaron a escribir desde otro lugar, pero cuando eso se convirtió en rutina sentí la necesidad de volver a mirar hacia otro lado, en éste caso, un poco hacia atrás y hacia afuera. Como dice el tema 3 (Todavía tengo tiempo): «Me levanté y me di cuenta que la rutina me está volviendo loco, que la ansiedad de las pantallas está tan lejos, tan lejos de las cosas, la vida está ahí afuera, quiero curarme”.

Después del cese de Sucio Burdel y tras un tiempo, Cabelli retomó la actividad y profundizó el aprendizaje del home studio y las posibilidades de grabar: “Tuve la grata experiencia de trabajar con algunos productores que me enseñaron un montón. Esto sumado a que tenía una placa de sonido, y que el aislamiento me permitió estudiar y meterme más de lleno a grabar y probar cosas, me abrió mucho el panorama. Mis amigos me cargan, prácticamente estoy por sacar un disco en cualquier momento del año que me llamen. Un verdadero mono con navaja”.

Volviendo al entrañable instrumento que inspiró estas canciones, evoca: “Desde chico escuchaba mucho blues y lo primero que me cautivó fue el sonido, la practicidad para llevarla a cualquier lado y algo muy importante en aquella época de adolescente, que cualquiera con poca plata podía comprar una”. Y remata: “La armónica siempre fue un instrumento que se difundió de boca en boca. Hoy ese boca en boca está en las redes”.