El inicio del 2021 se convirtió en una intensa seguidilla de tropiezos para la gestión municipal de Julio Garro. El escándalo desatado por la causa de tentativa de homicidio doble que salpica a Carolina Píparo, los constantes problemas en materia de inseguridad en la ciudad y las recientes declaraciones reivindicativas de la dictadura son algunos de los dolores de cabeza que el intendente platense debió enfrentar y que ponen en jaque su porvenir político.

Esta semana, las polémicas declaraciones del titular de Salud comunal, Enrique Rifourcat, donde mostró su costado más beligerante frente al gobierno, volvieron a poner el foco en la desprolijidad del intendente para controlar a su propio gabinete. Mientras tanto, desde la esfera bonaerense de Juntos por el Cambio empiezan a incomodarse con los tropezones mediáticos de uno de los intendentes más representativos del macrismo en la provincia.

«Hoy hay campañas del Gobierno que atemorizan, dicen ‘estamos evaluando cerrar todo’, están hablando de volver a Fase 1. Han dicho que no había que tomar mate para evitar la circulación, que no era posible que llegue a Argentina», expresó el titular de Salud platense, en clara referencia a las medidas del oficialismo. Los dichos del funcionario en diálogo con 221 tomaron eco por su carácter de crítica directa al gobierno en materia de prevención.

En el marco de sus declaraciones, Rifourcat puso en duda el advenimiento de una segunda ola de covid. «Para que venga una segunda ola tiene que pasar la primera. No se salió de la primera ola. Tenemos que cuidarnos. No tenemos que decir ‘nos vamos a morir todos’. Es responsabilidad individual», sostuvo el funcionario de Garro, en un intento por desacreditar las directivas gubernamentales. Este tenso diálogo volvió a mostrar la difícil relación que la Comuna parece mantener con la prensa local, ante la insistencia por llevar discusiones de agenda de gestión al terreno de la disputa política, cuando no a la agresión directa.

Así fue el caso, también reciente, del secretario municipal de Coordinación, Oscar Negrelli, quien recibió fuertes críticas por el maltrato proferido a una periodista local, a quien llegó a calificar de «terrorista» en el marco de una entrevista por el conflicto con cooperativistas municipales. «Vos estás hablando de los y las cooperativistas y no lo son. Estás haciendo terrorismo, estás jugando con el trabajo de la gente», expresó Negrelli a la periodista Florencia Marín, de Cadena Río.

No obstante, la muestra de agresión de Negrelli no tomó la trascendencia que adquirió, en la misma semana, el gesto del subsecretario de Proyectos Especiales de la gestión del intendente Garro, Mauro Palummo, quien atacó a la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto. En pleno marco de la conmemoración por el 45° aniversario del golpe cívico-militar de marzo de 1976, Palummo profirió violentas declaraciones en las que calificó a de Carlotto de «cómplice de corruptos y pone bombas», e incluso propuso «echar» de La Plata a la histórica referente de los derechos humanos.

Los dichos de Palummo –quien se designa a sí mismo como el único referente de Patricia Bullrich en La Plata– generaron un repudio instantáneo a nivel general y desde el Frente de Todos solicitaron que sea removido de su cargo. El silencio del intendente ante la explícita apología negacionista de la dictadura fue tomado como un grave gesto político.

Así lo definió la diputada bonaerense del Frente de Todos Florencia Saintout, quien fue terminante con el mandatario macrista. «Entre Palummo y Estela de Carlotto, por lo visto, Garro eligió a Palummo y su alianza con Patricia Bullrich. La gestión de Garro está en deuda con Estela y las Abuelas, quienes merecen un acto de desagravio cuanto antes. Palummo borró sus dichos, pero eso no alcanza. Si no lo hace Garro, lo vamos a hacer todas y todos los dirigentes que abrazamos a Estela», dijo Saintout, y agregó: «Estela es una platense y una bonaerense ilustre, reconocida en todo el planeta y varias veces nominada al Premio Nobel de La Paz. La Ciudad tiene una deuda impagable con ella. ¿Qué hizo Palummo, de dónde salió?».

Los escándalos asociados a los integrantes del gabinete de Garro no dieron respiro desde el inicio del año. La madrugada del mismo 1° de enero, la comunidad platense tuvo conocimiento del «incidente» protagonizado por la legisladora y funcionaria municipal Carolina Píparo junto a su marido, Juan Ignacio Buzali. Las imágenes que circularon en las redes sociales, donde son interceptados por efectivos policiales luego de atropellar a dos motociclistas, fueron el puntapié inicial de una causa que luego fue caratulada como «tentativa de homicidio doble» y cuyo principal acusado es el propio Buzali.

El blindaje mediático inicial no pudo evitar que el caso Píparo trascendiera las fronteras de La Plata y tuviera eco provincial y nacional. Más allá del revuelo generado en la opinión pública, la causa judicial desató fuertes discusiones en las filas internas de Juntos por el Cambio a nivel local, donde el pedido de renuncia sobre la funcionaria platense comenzó a generar cada vez mayor presión. Según pudo saber Diario Contexto por fuentes allegadas a la Comuna, el propio Garro llegó a pedirle a Píparo que diera un paso al costado, pero la titular municipal de Asistencia a la Víctima se negó.

La tensión entre Garro y Píparo toma mayor temperatura si se tiene en cuenta que la situación procesual de Juan Ignacio Buzali fue dictaminada por la jueza Marcela Garmendia, madre de Juan Manuel Martínez Garmendia, secretario de Gobierno del propio intendente platense. Las sospechas por conflictos de intereses entre Garro, Píparo y Garmendia motivaron incluso un pedido de apartamiento de la jueza.

El conflicto alrededor del caso Píparo no pudo ser más inoportuno, al darse en un momento de fuertes críticas hacia el jefe Comunal por la falta de control sobre las calles de la ciudad. A una evidente desatención a las políticas de prevención en plena pandemia y la irrupción de múltiples fiestas clandestinas, se sumó la creciente inseguridad en el distrito, elemento que puso de manifiesto las fricciones mantenidas por Garro frente a la gestión del ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni.

En los últimos meses tomó visibilidad pública la clausura de diálogo por parte de la Municipalidad con Provincia en materia de Seguridad. El descabezamiento de la cúpula policial platense llevada adelante por Berni generó el descontento del intendente, quien había ubicado en ese lugar a figuras de su riñón. Desde entonces, Garro decidió cortar relaciones con Provincia, a cuyo gobierno intenta adjudicar los problemas de inseguridad de la capital bonaerense.

Los problemas de inseguridad, la incapacidad de manejar el escándalo del caso Píparo, los desplantes mediáticos de figuras como Negrelli o Rifourcat, o el repudiado negacionismo de Palummo sumaron manchas en la gestión de Garro en un 2021 que apenas inicia. Mientras tanto, desde la esfera bonaerense de Juntos por el Cambio miran con preocupación los traspiés del intendente platense, a quien muchos postulaban como la cara visible del macrismo en territorio de Axel Kicillof.

Luego de ser el cuadro predilecto de la exgobernadora María Eugenia Vidal durante la era Cambiemos, Garro se quedó sin su principal aliada política a partir de 2019, y su posible liderazgo bonaerense ahora se ve amenazado por el alcalde de Vicente López, Jorge Macri. Ante las caídas del referente platense, son varios los que empiezan a ver cada vez más difícil su despegue político, frente a la avanzada de Macri en Provincia.

Con una inminente elección de medio término en camino y en plena antesala de campaña, Julio Garro no pierde la esperanza de retomar las riendas de su gestión y disputar su protagonismo en la coalición opositora. No obstante, entre torpezas y escándalos mediáticos, sus propios funcionarios locales parecen estar empeñados en no permitírselo.