“Le voy sacando el polvo/ a lo que fue mi apodo/ y cada tanto pienso/ que nada de esto es cierto/ si cada día más/ muchos más/ viven como pueden/ y pueden lo que quieren/ a veces no puedo entenderlo/ a veces destruirme es diversión”. A fines del 2020, concluido el confinamiento mas no la pandemia, el grupo se situaba en una nueva y entendible pausa. A decir verdad, no era la primera. “Algunos nombres son determinantes. De alguna manera, es como un Fairlane viejo que dos por tres se mete en el galpón, que hay desarmar el burro, mirarle los platinos”, trazará su analogía Mariano Monjelós. “Cuando no ensayo, me pongo de los cables”, confesará.

Y es que desde los 30, tras vivir en aquella residencia medio hippie en la llamada zona roja platense, la música lo había atravesado de manera irrevocable. Ya desde niño se había erigido como pequeño melómano, fascinado no tanto por los vinilos de Sui Géneris de su hermana como por los de Manal o Pescado. Luego, con el Hitachi, se cansaría de copiar o grabar cassettes de la radio, seducido por la renovación del rock nacional a cargo de las Viudas o los Twist, así como el estándar internacional de Duran Duran. Con una criolla de “uno de los hippies”, iniciaría un camino que tendría una segunda instancia cerrando la primera década de los 2000, como guitarrista y corista -“un espectador que había dado un paso más”- de Caras Descartables. Ya con su Casino amada terminaría de saltar al frente con Frenéticos, banda que lideraría hasta el 2017.

Por eso esta banda, originada con algunos otros integrantes en el 2018, tampoco quedaría abandonada en el garaje. Con dos EP (“292” y “Portacorona”) habían constituido un pequeño universo que abrevaba en la crudeza del garage, la oscuridad ochentera y cierto aire psychobilly con líricas breves pero incisivas y lúcidas. De a poco volvería a juntarse con Caio Cataniese, baterista y productor de largo recorrido. El cuarto de las melli serviría como sala el día que las van con su madre. “Es el S.U.M. de mi casa. Tiene aire acondicionado, buena iluminación. Está en el aire la buena onda”, dirá Monjelós.

Y en ese clima distendido, el sonido se regeneraría con escobillas en la batería y con la Casino llevada a algo más electroacústico. Alejandro Virgilio decidiría no seguir, pero sí Darío Grigera. En honor al guitarrista y “soldado caído”, respetarían el grupo de WhatsApp original pero armarían con amor y humor uno nuevo: “Los no Virgilios”. Asimilando el nuevo enfoque, con menos volumen pero mayores matices, Darío sumaría el contrabajo. Y con la estética renovada pero la misma energía, este viernes 9 de abril el ahora trío regresa en el escenario de Pura Vida y planea nuevo material. Todos al Fairlane… y la máquina sigue andando.

“Le cambiamos la mecánica. Teníamos el V8 y le pusimos un 6 en línea – retoma las analogías Monjelós- . Un motor gastador, efectivo, lo arreglás con dos mangos. La banda tiene cierta onda, cierta mística que no daba para salir a buscar otro violero solo porque se fue Ale… Porque ya cambiaba todo. Lo que hicimos fue una reconversión. No solo de pasar de cuarteto a trio, sino que cambiamos los instrumentos. El audio empezó a tener espacios. Como cantante me resultó interesante para ponerme más audaz con la voz. No tenemos que gritar todo el día. No siempre de la cabeza, no todo tan rápido. De voz y también de arreglos, al bajar la intensidad te da más espacio para hacer cositas con la guitarra”.

Monjelós cuenta que, tanto ahora como antes, la banda siempre fue construida equilibradamente entre todos los integrantes. Y analiza sus dos publicaciones hasta el momento. “Los trabajos reflejan los momentos. Con 292 estábamos por debutar con la banda y no teníamos nada publicado. Tenía su encanto esa cosa garagera, desprolija del audio, un poquito de bola. Tenía que ver con la propuesta, que va para ese lado. Cumplió su rol”. Y continúa: “El segundo trabajo es otra cosa. Sentados, con todo bien enchufado. Lo grabamos el 26 de diciembre de 2019… ya con los temas trabajados, hubo una decisión acerca de la estética, pensándolo bien, diseñándolo bien”.

Monjelós cuenta que la idea es registrar nuevo material, aunque hay un escollo que define con una vieja máxima. “La música es el arte de combinar los horarios. Y para este recital tenemos nueve canciones con este formato. Y después agarro la Strato, Darío el bajo y metemos algunos temas”.

ESCUCHAR:

https://todosalfairlane.bandcamp.com/album/portacorona