Por Ramiro García Morete

La bici, el walkman y el compilado. Como aquel cassette Sony con «Around the world» de Daft Punk y trip hop de Massive Attack o Portishead sonaban en el minicomponente JVC de la casa de Gonnet. El mismo con el que luego mezclaría ya en barrio Hipódromo. En ese barrio emergería el recuerdo, un viernes o sábado de octubre del 2019. La Bici… o La Bicicletería, más precisamente, sería el lugar que cobijaría el encuentro. Un cassette para que rappers o mc´s hagan lo suyo, pensarían Carrasco y Bianchetto.

Ambos se conocían desde el 2005 y la Cosama, donde el talentoso baterista tocaba durante las batallas. Pero habían trabado amistad con el tecladista recién al ingresar en la facultad, allá por el 2007. Sin embargo, no habían compartido nada concreto hasta ser unidos por La Timba, proyecto encabezado por El Negro Cantona. Y aquí estaban, tras hacer de backing band de La Popi, hacía un ratito. Y otro tanto, de hacer sendos viajes enriquecedores. El “Mini” (como se lo conoce a Bianchetto) había recorrido los mares tocando en un crucero. Carrasco, el continente sudamericano a pie, cargando la mochila y el proyecto educativo “Iniciación musical con multimedios”. Toda aquella información requería ser procesada y canalizada. O sintetizada, por utilizar la palabra adecuada. El Hip Hop y esencialmente la producción de beats sería el lugar adecuado para condensar experiencias y gustos.

Con un par de micrófonos, casi ochenta patrones de 8 compases de bata grabados en una hora, samples que van desde el rescate de Rubén López Furst hasta Otto Weiss, el Ableton articulando el Kaoss Pad de Korg, varias capas de mellotrón y samples del Nord, mucho drunken beat y el arenado del vinilo, resolverían junto a Cantona un logrado álbum doble. Por un lado, beats de sonido profundo como piezas autónomas o para utilizar a gusto. Por el otro, una interesante selección de mc´s de la escena local aportando colores y variables. En tres meses concretarían “La Güeya Mixtape Vol.1”, primer trabajo de esta dupla que sabe que no hay huella sin pasos previos: Ocelote Beats.

“Nos interesaba tener un material propio, con el juego de ver a quién samplear y qué música -cuenta Juan Francisco Carrasco-. La parte más personal de los gustos. Músiques que admirábamos, que nos parecía importante que estuvieran y que no se usaban”.  Y agrega: “También estuvo el desafío de llegar cado uno de un viaje, con sus impresiones del mundo y diferentes sensaciones de los lugares del planeta. ‘La Güeya’ es un camino, una impresión, un lugar donde hemos estado o nos han dejado marcados experiencias, personas y sonidos”.

En el sonido de Ocelote se advierte una delicada combinación entre la producción digital y lo orgánico. Carrasco remite a artistas como Soulcuarians o el mismo Dilla, “que rompieron el beat cuadrado ahí en los 90 y se quebró la rigidez que venían planteando las máquinas. En ese sentido, lo re junamos. Lo más interesante es el detalle de lo humano, de lo que no es perfecto o métricamente exacto”. Siendo músicos de importante bagaje, el beat plantea sin embargo la capacidad de ser austero y precisos: “Intentamos sintetizar. Para los dos fue eso. Yo vengo de un par de proyectos de música experimental con mucha forma, mucho desarrollo. para los dos fue decir ‘hagamos un mixtape de beat’. Trabajemos sobre el formato, cómo hacemos para reducir. No hay ni bajos casi. Solamente samples”. Y adhiere: “A partir de la dificultad técnica de tener herramientas simples y eficaces, no subestimar la potencia de lo que podemos trabajar como músicos”.

La Popi, Hankel, Kroniko, Dadou, Petra, Benkamin y Libertad Centeno ponen sus voces en el lado b del álbum. “La joda fue esto: invitemos a amigues y elijamos los beats que nosotros asociamos con la musicalidad que creemos que tienen”. A excepción del corte  “Ahora veo luz”, más R&B que el tono lo-fi del resto, “fue vieja escuela. Una toma y a los sumo se doblaron voces. Se resolvió en tres meses el tape. Eso estuvo re interesante, porque en muy corto tiempo pudimos pasar a compartir la música con gente con la que no habíamos trabajado”.

A todo esto, es inminente la salida del volumen II. Como diferencia, Carrasco anticipa sobre el mixtape que tendrá entre sus invitadxs a Samurai, Melodrama y Carlos Scheffer: “No hay batería tocada. O sí, pero con el drunken beat y un sonido mucho más producido con máquinas y herramientas de midi. Además hay bajos, ya que además de baterista, el Mini es muy buen bajista”.