Por Ramiro García Morete

Película. Así se llamaba la primera canción propia con la que dijo: “Wow…esto está bueno”. Según recordará, era “bastante alocada. Amónicamente era diferente, tenía más complejidad”. Ocurre que Clara ya hacía canciones, pero distintas. No solo por ese puñado de temas que hoy siente algo naifs y que llegarían a tocar en algunos pequeños bares de Meridiano o City Bell en formato dúo y despojado. También -y principalmente- esas que surgían de un modo completamente lúdico. Como aquella sobre el manifiesto comunista para sociología, cuando cursaba quinto año en el Tercer Milenio.

Y es que en su hogar la música era un lenguaje cotidiano, dada la melomanía de su padre que entre vinilos y cd´s disparaba desde el Technics melodías de los Beatles, Strokes, Gorillaz o Amy. Algo tan familiar como esa criolla que tocaría intuitivamente, igual que el Casio CDT 100 que compraría muchos años más tarde. Y tan natural como subir canciones a su perfil, cuando en su futuro próximo solo habitaba la idea de estudiar arquitectura.

“Yo te escucho por Instagram… ¡tenemos que juntarnos!”. Ella no lo conocía, pero al parecer Gregorio Nicolai sí a ella, en medio de una fiesta trasnochada en City Bell, hará dos años y pico, apenas egresadxs, infinitamente jóvenes. La promesa sería certificada en un audio de voz enviado ahí mismo al celular del guitarrista, que sin embargo no tendría efecto real hasta el inminente verano, cuando volvieron a cruzarse en Pinamar. Entre temas de El Mató, Lumineers y Babasónicos surgirían esos primeros toques y composiciones, a la par de una posibilidad de grabarlos con “un amigo que era el novio de la mejor amiga de la hermana”. El mismo que cruzaría en el curso de ingreso: Santiago Monroy.

“Hola, soy Clara… la amiga de Grego”, sería el principio de una amistad. El talentoso músico, con bastante experiencia para su edad, acabaría sumándose sin embargo en un instrumento que era nuevo para él: la batería. También sería novedoso el bajo para María Augé, amiga del Estrada que solo tocaba la guitarra. Curioso -o no tanto- es que la base rítmica acabaría siendo un elemento distintivo de esta banda -a la que se sumaría Gastón Posik en teclados- que hallaría su identidad con asombrosa fluidez en la sala de lo de Santi. “Muy pocas veces rechazamos lo que hace el otro, tenemos un gusto parecido y ya encontramos el sonido”, dirá Clara que –ya con un fin definido que sería la banda en sí- ella misma encontraría su propia voz y su estilo compositivo.

Y es que con apenas dos simples publicados, un disco de salida inminente y otro ya compuesto por grabar, el grupo proyecta una estética sólida y muy pulida. Combinando melodías y groove, producción y aire, moviéndose por distintas variantes del pop que concilien ritmo y oscuridad, entre letras narrativas pero no lineales y una voz con una impronta personal que concilia arrogancia y candor, displicencia y calidez. Rara como encendida. Rara como el nombre de esta banda cuya película recién empieza y –como las buenas historias- promete crecer a la par de sus personajes.

Recientemente Rara lanzó “Punta”, nuevo single inspirado en cierto modo por un viejo libro de Mariana Enríquez. “Todas mis canciones siempre las vinculo a un mundo paralelo que muchas veces relatan historias que quizá no representa a mi cotidianeidad- cuenta Bares-. Me gusta además porque te da más libertad. Si te metés simplemente de tu vida, tenés límites”. Y continúa: “Muchas veces cuando me preguntan cómo compongo me cuesta mucho explicarlo. Me surge del inconsciente y yo soy la palabra en el mundo real. Me doy cuenta del significado de la canción cuando las leo y veo que tiene un sentido. Aunque el sentido se lo da cada escucha”. Y la cantante que “escribe mucho todo el tiempo”, clasifica: “La tanda del disco que va a salir las hice en 2019 y son más de ficción, de historias que son relatos. Y ahora en el 2020 hice otra tanda de canciones enfocadas a un futuro disco que son más personales, me di cuenta que hablaban de mí, mis problemas”.

Si bien ella compone en su casa, el sonido final “fue algo que un poco lo hicimos entre todes”.

“Y en este disco que va a salir Santi metió bastante lo que son sintetizadores. Fue el que más laburó, pero a nosotres nos encanta. Si alguien tira algo que está tan bueno, lo aceptamos. Todes ya sabemos cómo suena Rara y qué arreglos quedan bien”. Y aclara: “No es que buscamos una estética o un sonido puntual, sino que se fue dando bastante solo. En relación a lo que éramos en el 2019, es bastante diferente. Yo cambié mucho en todo lo que es canto, la voz, las expresiones, se nota que hay una evolución. Cada uno creció con su instrumento, su forma de expresarse, su imagen, lo que quería mostrar. Creció en relación a eso, fue en conjunto y todavía nos estamos encontrando. Estamos más cerca, no sé si hay un punto final. Pero sí más a gusto con los personajes y con el sonido que tenemos hoy en día. Pero la verdad que se fue formando solo. Y en ese momento, 2019, ahí creo que empezamos a consumir las mismas bandas, los mismos artistas y ahí nos empezamos a compartir los gustos”.

Estimando la salida del álbum para abril y con la participación el domingo 28 de marzo en el aniversario de Pura Vida, Bares anticipa el tono del material que ya interpretan en vivo y será grabado a fines de este año: “Las canciones se armaron bastante en mi casa, por la pandemia… quizás los llevé un poco más cerrados a la sala. Tiene la incorporación de melodías… como ´tanas´, dicen les chiques. Hay más drama y oscuridad”.