Por Ramiro García Morete

Ni cigarrillos ni celular: un trozo de plastilina. Cuando salía a algún bar o lugares así, llevaba un trozo de plastilina. Un poco por ansiedad y también -cabe decirlo- por cierta introspección o timidez. Al igual que en el Vergara, cuando tomaría esa costumbre acentuada en su difícil traspaso al Mc Kay, pasando los primeros meses “en un rinconcito”. Igual que en la facultad, cuando cada clase acabaría con una pequeña figura (un fueguito o lo que sea) de recuerdo en el aula. Como ese hombrecito verde con un parche que alguien -al divisarlo en una fiesta con el material en sus manos- le contó que se había guardado y conservaba en su mesa de luz.  

Pero la costumbre no respondía a ninguna rareza -a pesar de la mirada de ciertas personas- sino más bien a cierta tradición. No solo a esa inmensa llamada arte, donde básicamente los humanos hacen cosas con sus manos para contar lo que no cabe en palabras. Si no también a una más próxima y coloquial. Su padre -el mismo que lo apodó “Paquito” por su pelo rubio cual ayudante de Xuxa- es aficionado al ferromodelismo. Por lo cual estaría acostumbrado a las miniaturas y réplicas así como a tener a mano distintas herramientas y materiales. Como a la hora de jugar con los G.I. Joe y hacerles las escenografías o los móviles o las armaduras. Ya más de grande reproduciría personajes de Cartoon Network, como los Rugrats.

Pero siempre como un hobby o un canal más de su necesidad expresiva. Y es que el estudiante de Diseño Multimedia se dedicaría con el tiempo a las cámaras y un importante vínculo con el stop motion. De a poco comenzaría a hacer animaciones para visuales de bandas en vivo. Como Trazante, con quien hallaría su pasión extendida a la escenografía y la iluminación. Y es que la música siempre estaría presente. Desde lo personal, con un enfoque más experimental y utilizando su evidente facilidad manual para desarrollar sintetizadores. Su propia música sin embargo quedaba algo marginada ante la laboriosa tarea de construir todos los elementos para las animaciones.

La pandemia, como a tanta gente, no solo lo dejaría sin trabajo sino con mucho tiempo para acomodarse. “Estuve re manija un tiempo -contará-. Hasta que me acomodé y empecé a meterle fichas a esto como podía. Y la verdad, desde ahí fue creciendo. Me lo empecé a tomar más serio como laburo y ahora está rindiendo sus frutos”. Con lo que llamará “lámpara dioramas”, donde recrea escenografías y personajes de películas o la cultura popular, su perfil de Instagram comenzaría a cobrar reconocimiento a partir de sus figuras llenas de expresividad, ingenio y meticulosidad. La escena del célebre baile de “Volver al Futuro”, Hernán Coronel de Mala Fama, Juana Molina y otras pequeñas animaciones basadas en esa materia dócil, imperfecta pero viva. “Me fui encontrando en lo que me gusta hacer con todo esto”, dirá con sencillez Ignacio Asborno, el artista detrás de Paco Plastilina.

“Yo me acuerdo de películas viejas sobre epopeyas griegas -remite Asborno a algunas influencias- que muchas animaciones de los monstruos eran los primeros esqueletos para hacer esas marionetas. Cuando vi esas cosas me empecé a copar. Me metí utilizando cámaras y más rosca con la imagen. El stop motion implica sacar fotos, darle movimiento”.  Algo importante fue “laburar en utilería y producción de cortos y pelis. En un momento me volqué al lado del arte. Me encanta ver cómo hacer las cosas en miniatura. Uno quiere hacer un escenario en Marte y se puede”.

Pero la particularidad está en ese material cuyos referentes podrían ir desde Celebrity Deadmatch o –90´s alert- Bogus. “Yo creo que el mismo material me dio esa identidad. Amigos de cine me decían que con la plastilina tenía que hacer muchos muñecos por animación. Que se mancha, que se rompe, que no queda fija. Es un material que no aspira a ser eterno. No es como una escultura fija… Incluso hay muchos personajes que los vengo usando de hace años. Y es el mismo cacho y los tengo arreglados”.

A la hora de los contenidos, “al principio me centraba mucho en mi gusto personal. Me empecé a copar cuando empezó la pandemia buscándole la vueltita encierro: hacía cigarrillos, esas cosas… intentaba reflejar todo eso. Y la gente se iba copando con un laburo que no lo tenía tan presente al tenerlo tan incorporado”. Fanático de “Últimos cartuchos”, hizo una animación que el programa radio-visual replicó. “Me empezaron a caer laburos, peticiones de presupuesto. Escuchaba a esos tipos y me cagaba de risa. Me ayudó a tener un poco más de llegada. Y empecé a meterle ficha a esto”.

El universo de Paco Plastilina se extiende ahora a pequeñas piezas. “Estoy con la idea de lanzar una marca y cosas utilitarias: pines, lámparas, aritos”. Además, sigue con las realizaciones por encargo así como con el proyecto de una suerte de corto de 10 o 15 minutos con su propia música.

Asborno ve con satisfacción como “va dando sus frutos”. De hecho, cuenta que se ha juntado con los viejos compañeros del Vergara: “¿Qué estás haciendo? ¿De verdad te pagan por eso? Sí…”