Durante su declaración ante el Tribunal Oral Federal Nº 1 de La Plata en el marco del juicio oral y público por los crímenes cometidos en las Brigadas de la Policía bonaerense de las localidades de Quilmes, Banfield y Lanús, Miguel Ángel Prince, ex intendente y concejal de Luján, volvió a poner en evidencia, tal como lo hizo en los Juicios por la Verdad y como otros sobrevivientes, la forma en que las fuerzas de seguridad se repartían las tareas en los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio (CCD).

Prince, que, según afirmó, estaba desvinculado de la organización Montoneros desde 1974, fue secuestrado en una pensión estudiantil de Parque Patricios el 2 de septiembre de 1976.

Esa noche «irrumpió un grupo de tareas y durante media hora o 40 minutos fui sometido a simulacros de fusilamiento, percutaban las armas en mi cabeza, ponían el caño de las armas en mi cabeza, me hicieron poner de rodillas, tomaron un cable de un velador y me sujetaron las manos atrás muy ajustado… digo esto porque durante 24 o 48 horas hasta que luego me cambiaron ese cable en el lugar de secuestro, eso me produjo la hinchazón en las manos y marcas en las muñecas», dijo Prince al iniciar el relato de su secuestro de forma cronológica.

«Revisaron mi dormitorio y de allí, estimamos, en media hora me trasladaron en el baúl de un coche hasta lo que habría sido la Brigada de Lanús», explicó.

Vendado y con las manos atadas llegó a un lugar «donde había un subsuelo, una playa de estacionamiento, porque subimos unas escaleras a un piso que podría ser una planta baja y de allí a los calabozos».

Durante los cinco días que estuvo secuestrado en El Infierno, Prince recordó los nombres de sus compañeros de celda: «Estaba Carlos Ochoa, compañero empleado del Banco Nación de la localidad de Monte. Después llegó un adolescente de quince años del secundario de La Plata, no sé si del [Colegio] Nacional. Por lo que él contaba, estaba vinculado con la militancia secundaria y lo que se conoció luego como la lucha por el boleto estudiantil», dijo antes de recordar su nombre: Víctor Marcacciano. También mencionó a Gustavo y a Carlos Fernández, de la zona norte de Buenos Aires.

¿Qué vio en esos días de secuestro? «Ochoa estaba con mucha tortura, mucho castigo… volvía en un estado realmente conmovedor. Muy maltratado. Lo mismo Gustavo. El otro chico estaba muy asustado», recordó Prince, antes de indicar que en esos días «allí hubo entre diez y quince personas». «Fui llevado dos veces de los calabozos. Nos subían un piso más y ahí estaba el lugar de tortura e interrogatorio. También escuchábamos desde los calabozos los gritos de los compañeros en las sesiones de tortura. En dos ocasiones fui interrogado en ese lugar», explicó. «Me preguntaban por compañeros de Luján».

Durante su testimonio, Prince indicó que ese CCD «pertenecía a la Policía de la provincia de Buenos Aires, pero no era la misma fuerza o el mismo grupo de tareas que se ocupaba de los traslados, de interrogarlos, torturarlos y sacarlos de allí eventualmente».

«Da la impresión y todo indica que ese era un espacio de la Bonaerense utilizado por estos grupos, que en el caso nuestro se trataría de efectivos del Ejército con jurisdicción en Luján y responsabilidad del Regimiento VI de Infantería que estaba en la localidad de Mercedes», precisó Prince, quien fue abogado de familiares de víctimas del genocidio y en su momento colaborador de Emilio Fermín Mignone, también oriundo de Luján y primer presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).

Interrogado por la Fiscalía acerca de cómo se daban cuenta de en qué lugar estaban cautivos, Prince respondió, tal como indicaron otros sobrevivientes en otros testimonios: «Suponíamos que era zona sur por los tiempos de traslado […] Esos días se escuchaba una publicidad de un avión que promocionaba funciones de un circo en Avellaneda». Todos coinciden en señalar ese lugar como El infierno o la Brigada de Lanús.

Prince recordó que fue liberado el martes siguiente a la noche en un automóvil Fiat Gold junto a Corina Joly. Ambos fueron colocados en el piso del auto en la parte de atrás. Al hermano de Corina lo pusieron en el baúl. A él y a Corina los dejaron en un baldío en Dock Sud. Del hermano no supo más nada.

Cuando lo dejaron en libertad le dijeron que «no vaya a Luján por un año». Respecto de las consecuencias en su vida y su salud, Prince aseguró que «hasta el día de hoy uno se despierta o entre sueños suele tener referencias o aparecen estas referencias a estos hechos. Hay cosas que uno todavía no ha terminado de digerir o de entender, o por ahí de evaluar el impacto de aquellos hechos».

Aseguró que hasta la vuelta de la democracia «vivíamos con psicosis, persecución, dudas si nos seguían o si cuando volvíamos al domicilio había alguna presencia sospechosa o algún coche». Y fue contundente: era «convivir con esa sensación tenebrosa».

Consultado acerca de si había logrado en estos años identificar a alguno de sus secuestradores o a quienes los torturaban, Prince describió a «una persona alta con voz nasal. Por datos complementarios, coincidentes, se trataría de un teniente primero de Infantería, Carlos Durán, que tuvo mucha presencia en la inteligencia y en los procedimientos», respondió.

Y dijo que unos siete o diez años más tarde, a partir de 1985, cuando comenzaron las rebeliones militares de los Carapintadas, «aparece este Durán con destino en Salta o Jujuy encuadrado en estas asonadas», puntualizó.

Cuando le preguntaron por qué desde el momento de su secuestro habló en plural, Miguel Ángel Prince aclaró que a él lo secuestraron solo pero «uno entiende que esto tiene siempre a un conjunto de personas o a la misma sociedad».

Antes que Prince declaró ante el mismo tribunal una testigo que pidió que no se difunda su testimonio de forma pública virtual. Pese a que había solicitado que tampoco se difundiera su identidad, el presidente del tribunal, Ricardo Basílico, la mencionó. Se trata de Patricia Sotelo, quien declaró desde el Tribunal de Mar del Plata.

El debate oral y público comenzó el 27 de octubre de 2020 unificando varias causas que totalizan 442 casos de víctimas con dieciocho imputados, de los cuales solo dos están en la cárcel: Miguel Osvaldo Etchecolatz (condenado a nueve perpetuas y mano derecha de Ramón Camps, entonces jefe de la Policía bonaerense) y Jorge Di Pasquale. Durante el juicio, que por la pandemia se lleva a cabo de forma virtual, presentarán su testimonio 481 personas.

Como es habitual, Basílico leyó a los testigos la lista de imputados antes de que comenzara el testimonio de Prince. Al comienzo de la audiencia, el secretario leyó la lista de abogados querellantes en nombre de organismos de derechos humanos y de víctimas particulares.

Las tres brigadas de la Policía bonaerense que formaban parte de los al menos veintinueve CCD del llamado Circuito Camps fueron conocidas como Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes y El Infierno de Lanús.

Al iniciar la audiencia, Basílico saludó a las mujeres presentes por el Día de las Mujeres, que se conmemoró el 8 de marzo.

El tribunal está integrado además por los jueces Esteban Rodríguez Eggers, Walter Venditti y por un cuarto juez, Fernando Canero.

Las audiencias pueden seguirse en vivo por diversas plataformas, entre ellas, el canal de YouTube de La Retaguardia y el Facebook de la Comisión Provincial por la Memoria. La próxima se realizará el martes 16 de marzo a las 9 hs, con cuatro testimonios.