Por Ramiro García Morete

“En realidad lo que yo quisiera en la vida/es ofrecer fiestas/vivir alguna sustitución de la libertad/extender la mesa recibir a ciertos superficiales/emborracharme con los entrañables/o tal vez con ese hermano único inhallado /la hermana imaginaria el fantasma de las madrugadas/revivir cuadros perfectos sobre los que ha crecido el yuyo/y saber que de esa tierra en invierno quedará/un disco que seguirá cantando en la casa vacía/el teléfono que seguirá llamando a oscuras” (Juana Bignozzi). En octubre de 2019, Sara Bosoer y Laureana Cardelino bebían una cerveza en alguna charla sobre libros o editoriales. No era una fiesta, aunque ¿qué otra cosa lo es sino compartir con “los entrañables” aquello que se ama? Desde la carrera de Letras, ambas se habían hecho amigas y la poesía -esa hermana imaginaria, ese fantasma de las madrugadas- seguiría encendida no solo como forma de memoria sino como llave de futuro.

Lo cierto es que decidirían la insensata pero hermosa aventura de armar una editorial. Sin un nombre aún pero con ideas claras. Desde el libro, reivindicarlo “como un objeto artístico que incluye el trabajo de un artista visual para la tapa, especialmente creado para cada poemario, acompañado de un diseño propio”. Desde el contenido, publicar “primeras obras y títulos que exploran zonas menos transitadas de escritores y artistas contemporáneos. Nos interesa el diálogo entre lenguaje y experiencias artísticas, así como el modo en que esta relación expande la escritura poética”.

El camino menos transitado, la fiesta al borde de la fiesta, quizá de eso se trate la poesía. “Nuestras fiestas serán siempre las que vendrán, atentas a lo inaudible en medio del caos”, invitan Cardelino y Bosoer. “Que no hay nada más patético/que la canción del verano la canción del momento/pasado ese verano pasado ese momento”, diría Juana. Y aquí, en medio del caos, llega finalmente “Todas la fiestas del mañana”. Uno de esos espacios donde siempre habrá alguien para escuchar el disco que canta en la casa vacía, el teléfono que llama a oscuras.

“La poesía es una celebración para nosotras -afirman en conjunto-. Y en las fiestas también hay que estar atentas, porque suelen ser espacios de mezcla, de contacto, y sobre todo, de descubrimiento. En la verdadera fiesta, o en la fiesta que se pone buena, sucede lo imprevisto. Como en la poesía. La idea es escuchar los tonos, las modulaciones, los ritmos que no sean solamente los que más circulan en el espacio poético. Ver qué hay por fuera de los hits. Una buena celebración incluye la observación, poner el ojo y el cuerpo, y después levantar la copa para brindar. Ahí sale nuestro aporte”.

En línea con la analogía musical, la primera colección de libros presentada es Vibratto. “La colección está pensada para darle espacio a libros que trabajen lo musical, desde el texto y desde la práctica de lxs autores. Son los poemas de sujetos que se niegan a vivir dentro de los límites que impone la especialización, y se encuentran en el cruce de prácticas artísticas diversas”.

Uno de sus títulos es “Augurio de algo dulce”, de Julia Barreña y con versos tan personales como generacionales: “Hablemos de lo innecesario/inventemos/una especie de insurrección/buen augurio el tuyo/estamos cerca, cerca”. “Es una voz que se declara inestable e inadaptable, y los poemas no trazan límite entre poesía y canción -expresan las editoras-. Lo que decís de lo colectivo puede ir por ahí. Augurio de algo dulce es un libro que deja entrar al delirio como una fruta glaseada; son poemas de tiempos mezclados en un caos aparente, vibran con una naturalidad que sorprende. Y la tapa! Una belleza que es obra de María Ricabarra”.

Por otro lado está el poemario de Fabricio Algo: “Adagio”. “También desde el título y la tapa es musical. Cada poema es una pieza que sorprende en la forma en la que está armada. Fabricio es músico, es escritor y también es un técnico y hacedor de todo tipo de cosas: cables, muebles, etc. Algo de esa precisión que hay que tener para ensamblar piezas pequeñas, para arreglar espacios, está en la estructura del libro. Son composiciones donde la música crece y se envuelve con la voz. Tocar es amar, es escuchar, es esperar al otre, es vivir. La ternura en el uso de la segunda persona y las escenas que atraviesan el libro lo convierten en una joya, con una tapa preciosa de Sara Bosoer”.

Según cuentan, los libros se empezarán a distribuir “a partir del 10 de marzo. Trabajamos con Ro Sibecas en el diseño y maquetación, un trabajo muy prolijo y delicado de ella, que nos tuvo mucha paciencia. Siempre es lindo trabajar con amigas. Empezamos con el armado de libros digitales, que subimos a la página que armó Ro, para que se pudieran leer en plena pandemia, sin cobrar más que una colaboración a voluntad de lxs lectores. Funcionó porque tuvimos muchas lecturas, y muchxs luego solicitaron preventas, que fue el sistema que implementamos para poder solventar los gastos de impresión”.

Hablando precisamente del mañana, se avecinan nuevas ediciones. “Estamos terminando de preparar un libro que es la primera publicación de un autor de Lanús: Luis San Martín. Será parte de la colección Mitín, que va a incluir escrituras donde lo poético inventa modos de lo político, donde se explora esa conexión pero de maneras no previstas, inusuales. También se viene un libro que es un rescate emotivo, porque reúne las letras de Bazaar, escritas por Juan Pedro Luzuriaga, con imágenes de Fran Carranza. Estamos en proceso. Y finalmente estamos preparando una nueva colección, que por ahora es una sorpresa, aunque ya tenemos un libro seguro, que va a estar integrada por títulos que fueron claves en su momento, pero que ahora no se consiguen”.

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