Para Ramiro García Morete

Editado‌ ‌por‌ ‌Gato‌ ‌Misántropo‌ ‌el‌ ‌libro de Damian Mereles ‌ ‌contiene‌ ‌90‌ ‌micro-relatos‌ ‌de‌ ‌realismo‌ ‌sucio‌ y primera persona con el conurbano como escenario, a puro ritmo y sustancia. (Foto: Jael Mayerna)

“¿Alguna vez te enamoraste, Ramiro?” El tipo es directo, pero no llano. Como un boxeador que golpea de entrada pero guarda una estrategia. Como la primera frase de sus textos (“Me gustan todas”) o la primera del libro: “La cocaína me hace sentir que tengo superpoderes”.  Frases breves pero consistentes, cuya urgencia jamás sobrepasa el sentido del ritmo. Directo como no hace tanto cuando, en medio de una cervecería cualquiera y  sin conocerme, arrojó esa pregunta cruda y sensible como su propia inquietud.

El tipo es directo y  escribe siempre desde él, pero no sobre él. Como ahora hago yo, utilizando la primera persona por segunda vez en años de trabajar en este medio. Quizá porque- como dirá de sí mismo- también tengo “el ego muy alto y la autoestima muy baja”.  Pero en ese breve encuentro pos concierto me ocurriría lo mismo que a quien lo lea: tratar de distinguir entre el autor y el narrador.  Pues en ese abrazo transpirado con beso al retirarse en plena pandemia ante mi barbijo y cierta reticencia mía al contacto, encontraría parte de lo que había leído en Facebook y luego en su libro. Es decir, una persona cuyo amor por las cosas, personas o la básicamente la vida lo empujan…o lo desborda.

Pero la diferencia entre el tipo que- como Tennessee Williams- confía en la bondad de los desconocidos quizá porque el mundo conocido ya fue muy duro con él y el que escribe, es que este último sabe lo que hace. Inclusive, cuando diga que no lo hace muy bien. Comprende perfectamente las líneas que cruza y todo su personal  desequilibrio se conduce a través de la palabra escrita. Provocando pero para algo que trascienda la mera transgresión, narrando su universo con  más amor que romantización y más acción que descripción, eludiendo los casilleros asépticos que sientan tan bien con preconceptos de cierta progresía.  Entre chicas de Tinder, recuerdos de infancia,  romances homosexuales, noches de Uber, cocaína, un tío abusador, una madre rollinga, intentos de suicidio, erotismo virtual,  monoblocks y besos, muchos besos, el tipo trasciende a su propio monólogo. Hay cierto espíritu de época y enorme sentido de pertenencia a esa patria que es el Conurbano Bonaerense, entre el hastío y la esperanza, entre noción cercana de la muerte y el amor profundo por la vida.

“Sin amor no se puede y con amor no alcanza”, escribirá. Amor por las mujeres, por los hombres y por todo. Y especialmente por las palabras. Me atrevo a decirle, rompiendo la corrección política, que no es gordo: solo está lleno de cosas por decir. Como el arte de relatar fútbol: “Siempre parece estar pasando algo importante aunque estén sacando un lateral en defensa”. Y aunque se reirá de sí mismo (porque eso aprendió para defenderse) diciendo que  “nada es menos interesante que lo que me pase a mí”, no puede evitarlo.  “Escribir bien o escribir mal. Demostrarle al mundo que existo, que amé y me amaron, que me han engañado y he mentido mucho, que destruí todo casi cuando estaba llegando a la meta”.

Y esta vez hay una meta cumplida. Tras cinco años de posteos y la partida de su querido amigo Mario Juliano, el criado en San Rudecindo (Florencio Varela) se decidió a publicar un libro cuya preventa ya llegó a cien unidades. ¿Y si no lo hubiera hecho? ¿Y si la hubiera cagado otra vez? ¿Y si la mitad de las cosas que cuenta fueran mentiras? ¿Y si la mitad de las cosas que cuenta fueran verdades? Esto es Damián Mereles. “Esto es Zona Sur”.

“Es un seleccionado de memorias mías,  -introduce el periodista y escritor-Una especie de autobiografía  que tiene mucho de ficción, una construcción literaria a partir de mis experiencias atravesadas por zona sur. Un poco mi historia de vida. No es una autobiografía. Decidí ponerle Zona Sur, la última frase. Nace de la escritura de los  últimos cinco años. Un compilado a los que les di un giro más literario porque eran posteos de Facebook”.

 “Juego a construir un personaje a partir de mi propia identidad- aclara el autor-.  No necesité crear un alter ego sino que soy yo con todo lo que eso significa. Con mi nombre y apellido puesto ahí en el paño a jugar con las palabras. El narrador es un personaje que imposté para generar esto. No soy yo el que escribe”. Y extiende: “Tengo el ego alto y el autoestima baja. Entonces utilicé mi persona o personaje para contar otras cosas. Hablo de mí, pero en el fondo hablo de las adicciones, la precarización laboral, de la cárcel…si bien son experiencias por las que me vi atravesado militando…metiendo como excusa mi vida y ficcionalizando .Por ejemplo,  nunca vendí cocaína. También hay una intención política en eso… ¿qué hubiera pasado si sí ?Lo utilicé como recurso para que tenga cierta fuerza. Especulando con el shock. El resto de los relatos son bastante genuinos.  Cosas que me pasaron y que yo convertir en arte.

Respecto a su estilo, “la puntuación le da un tempo interesante la relato. Un poco te caga a piñas. Después te das cuenta que hay otras cosas. Que está el amor, que hay cosas lindas. Obviamente utilizo esos recursos. No son inocentes. Escribo así porque me gusta y también porque genera un efecto. No es  que escribo tranquilo sin pretensiones. Busco que eso que tengo para contar tenga la fuerza suficiente, que a alguien le interpele o emocione”. De todas maneras aclara que es impulsivo y escribe “de un tirón” para luego retomar el texto.

“Esa es mi visión del mundo-expresa Mereles-. El mundo que conozco. Yo no conozco California, ni Barcelona. Pero conozco Zona Sur. Me crié en San Rudecindo  donde hay alta taza de inseguridad y precarización laboral. Monoblocks llenos de humedad, donde la gente vive en condiciones muy precarias, muy humildes. Lo que trato de reflejar es un poco eso. Hay muchas injusticias. Uso como gancho el consumo y el daño que me ocasionó y ocasiona para entrar a alguna gente que se encuentre con las historias de amor, con la cárcel, la violencia que sufrió mi viejo».

Mereles reconoce que no ha leído tanto (Ramos, Cucurto, Casas) pero que la Facultad de Periodismo le dio elementos para lo que llamará “leer la calle”. “No sé hace hacer otra cosas que escribir. Que ni siquiera lo hago bien. Mi literatura tiene muchas fisuras porque no llego a construir relatos que digas: qué bien está. A lo sumo qué fuerza, qué piola, qué interesante. Me falta leer mucho”.

Según cuenta, su próximo libro se llamará “La nariz más cara del mundo”. “Prometí no hablar más de mí ni de la cocaína. Pero tengo un amigo que tiene una historia para contar. Me voy  a salir porque nada es menos interesante que lo que me pase a mí. No es interesante lo que le pase a la gente. Sí que puedan -desde su yo o su súper yo- escribir una novela, poner a jugar a los personajes. Me parece más sincero. Escribir sobre uno mismo es una paja mental”.

El‌ ‌trabajo‌ ‌de‌ ‌corrección‌ ‌y‌ ‌selección‌ ‌de‌ ‌textos‌ ‌estuvo‌ ‌a‌ ‌cargo‌ ‌de‌ ‌la‌ ‌panameña‌ ‌radicada‌ ‌en‌ ‌Córdoba‌ ‌Paola‌ ‌Toselli‌ ‌y‌ ‌el prólogo‌ ‌corre‌ ‌por‌ ‌cuenta‌ ‌del‌ ‌periodista‌ ‌platense‌ ‌Lucio‌ ‌Le‌ ‌Moal.‌ ‌El‌ ‌arte‌ ‌de‌ ‌tapa‌ ‌estuvo‌ ‌a‌ ‌cargo‌ ‌del‌ ‌reconocido‌ ‌dibujante‌ ‌Sergio‌ ‌Langer.‌ ‌

‌Actualmente‌ ‌el‌ ‌libro‌ ‌se‌ ‌encuentra‌ ‌en‌ ‌plena‌ ‌etapa‌ ‌de‌ ‌impresión‌ ‌y‌ ‌sus‌ ‌ventas‌ ‌se‌ ‌realizan‌ ‌a‌ ‌través‌ ‌de‌ ‌preventa‌ ‌mediante‌ ‌la‌ ‌aplicación‌ ‌MercadoPago https://www.mercadopago.com.ar/payment-link/v1/redirect?preference-id=292226609-28cf59f1-cd14-4a7b-82c9-610f222688f7.

Será‌ ‌publicado‌ ‌en‌ ‌abril‌ ‌de‌ ‌este‌ ‌año‌ ‌en‌ ‌español‌ ‌y‌ ‌será‌ ‌traducido‌ ‌en‌ ‌los‌ ‌meses‌ ‌de‌ ‌junio‌ ‌y‌ ‌julio‌ ‌al‌ ‌inglés‌ ‌y‌ ‌francés‌ ‌respectivamente.‌ ‌También‌ ‌estará‌ ‌disponible‌ ‌en‌ ‌la‌ ‌plataforma‌ ‌Amazon‌ ‌en‌ ‌formato‌ ‌e-book‌ ‌y‌ ‌físico‌ ‌para‌ ‌ser‌ ‌adquirido‌ ‌en‌ ‌el‌ ‌exterior.‌ ‌