Por Ramiro García Morete

“Nadie te puede enseñar a ser vivo -dirá Josué Agatti-. Vos te tenés que avivar solo. No podés aprender las cosas de la vida, porque sí. Vos tenés que encontrar ciertos espacios, ecos, dentro de tu propia vivencia”. El hip hop, entre otras cosas, significa conciencia colectiva y -por ende- propia: no se aprende en tutoriales o YouTube. O como escupe Malandro en “OG´s”: “El barrio se caminaba, cero Google”. Entre males mucho peores, por supuesto, la pandemia afectó a un movimiento que acaparó el mundo entero y que en La Plata y Zona Sur tiene desde hace cinco años un referente ineludible: Sucre.

Desde la Liga de freestyle hasta talleres de rimas y eventos, la productora viene impulsando y divulgando principios donde la plaza -como espacio simbólico- resulta esencial. Por eso, como otras competencias, la Sucre afronta el desafío de no perder lo obtenido y continuar con su línea. Tras una única fecha presencial a fines del año pasado en Plaza Belgrano, donde asistieron 300 personas, este año la competencia se redujo en duración y comenzó a puertas cerradas en el Pasaje Dardo Rocha.

Cumpliendo con las obligaciones para mantener la plaza de ascenso de la FMS “empezamos un reducido a puertas cerradas -cuenta Josué, cabeza de un equipo de alrededor de diez personas-. Antes se desarrollaba a lo largo de ocho fechas.  Ahora será en 4 fechas y va a terminar en la primera semana de marzo para mantener la plaza de competencia para La Plata y zona sur y para ofrecer otra posibilidad de puntos”.

Para aquellxs interesadxs en participar, la información detallada se consigue en la cuenta de Instagram de Sucre. Pero básicamente, “desarrollamos dos tipos de accesos a la competencia. Doce de los dieciséis clasifican a través de un video de Instagram, con un minuto de freestyle y los seleccionamos. Y el último día hacemos una clasificatoria presencial solo para que clasifican cuatro y evitar el gran aforo de gente”.

Respecto a cómo la nueva normalidad afecta la dinámica de la competencia no solo en su desarrollo sino en su acercamiento, Josué expresa: “Posiblemente lo que es lo virtual se anota más porque lo ven más fácil. Para esta fecha ha mandado gente de otras provincias creyendo que era virtual. Lo veo como herramientas, pero no me gusta y no me agrada. Decidimos no hacer eso, aunque otras competencias under sí”. Y respecto al nuevo formato, es contundente: “Hay algunos que les conviene, porque son más técnicos y otros más viscerales. Si rapeás bien, es lo mismo solo o sin público, en tu casa, entrenando o haciendo freestyle. Lo que te cambia la dimensión del escenario, la reacción de la gente. Si rapeás bien, no debería afectar tanto el público”.

Como alguien que viene trabajando en la cultura y promoviendo a lxs más chicxs, Josué se permite ser crítico al analizar el presente de la escena: “Siento es que la virtualidad da accesibilidad de data y los pibes están mas preparados que años atrás. Antes había que ir a buscar en cassettes, inventársela. Todo está mucho más a mano… El tema es que a veces agarran el masticado de las cosas y el regurgitado en vez de pasar por el proceso de tener que digerir ciertas cuestiones con la calle, con los estilos, las formas. Por ejemplo… nosotros teníamos un taller de rimas, pero no una escuela de rap… Eso es medio contranatural, de cierta forma. No porque no se puede enseñar”. 

Y se expande: “El rap también es comunicación. No es hacer cinco cosas… es un proceso, es un largo viaje. Para competir sos bueno, pero rapeando sos malísimo. Hay una merma importantísima en rapear, en ser distinto”. Según él en La Plata “el nivel de rap se sigue sosteniendo en las mismas personas. Pibes como Nasser… y después los pibes con muchas ganas pero que están cayendo en esa. Otra cosa que digo: no escuchan otra música que no sea rap para agregarle al rap. Se retroalimenta. Si no sigo el círculo cerrado”.

En notas anteriores, habíamos advertido la evolución respecto a la conciencia de género y a ir desechando los “berretines” o rimas procaces. Sin embargo, a pesar de una política inclusiva este año aún no ha presentado competidoras femeninas o disidentes. “Particularmente simplemente no se ha dado. No han enviado material… Yo creo que es por la circunstancia. Yo no pienso a las pibas como un ente que piensa homogéneamente. Nunca le cerramos la puerta a nadie… por ahí, tenía otras competencias importantes”. Y agrega: “Siento que al no haber plaza, no se han podidos gestar nuevas individualidades. Tampoco se han podido generar nuevos valores dentro de la movida. Yo quiero ver el año que viene o dentro de dos años quiénes quedan o quiénes se van”.  

Después de un 2020 planeado para girar por el país junto a la FMS que vio truncos sus objetivos, Sucre reafirma su motivación para seguir adelante. Aunque Josué aclara: “No es que me motiva o me deja de motivar. Simplemente es algo que como el equipo más importante de zona sur tenemos la responsabilidad de poner a zona sur en el mapa. Son cuatro o cinco años de nuestra vida, metiéndole. Y una pandemia no puede borrarlo. Entendemos que de cierta manera habrá que mutar. Y ser pacientes. Porque es algo más que voluntad. Es identidad de un grupo de laburo, un taller, una competencia. Hemos generado un capital social muy fuerte. No lo vamos a perder. No perder lo obtenido y poner en ese lugar de resonancia lo que venimos haciendo. Pero con la responsabilidad social a rajatabla respecto a la pandemia”.