Por Ramiro García Morete

Diego De Negris anticipa su primer álbum basado en “una extensión” de su cuerpo: la guitarra

“No lo dejes de intentar/La vida es osadía”. Hará dos años y medio o tres, Celina le dio sus libros y los leyó todo. Además de su primera paciente como acompañante terapéutico, la señora de ochenta y seis años era poeta. Al terminar de leerlos, fue tal el impacto que se preguntaría: “¿Por qué no empezar a escribir?”. Y no mucho después: “¿Por qué no hacer canciones?”. 

Iris, su gata, gozaría del honor de ser la primera destinataria de una composición propia y abrir un canal que extrañamente no había explorado antes.  No solo porque en Pájaro en Llamas- “lo más parecido a una banda con ensayos y todo eso” que integró- solo acompañaba su Yamaha Pacífica y hacía coros. Sino porque en la casa de Chacabuco, a dos cuadras de Plaza Belgrano, la música era cosa de todos los días. Más de un viaje haría acompañando a su madre, integrante del Coro Polifónico que dirigía su tío.

Precisamente ella le legaría esa criolla a los trece, edad aproximada en la que gastaría literalmente el cd “American Idiot” de Green Day en el equipo Sony. Es que más allá de disfrutar el gusto del “Pintura”- su padre- y los discos de Sabbath o progresivo que sonaban cuando pintaba-de allí el apodo- sus oleos cerca del lavadero, de a poco iría constituyendo una conciencia musical propia. No solo por las clases de guitarra con Marcos sino también por aquellas tardes en el cyber donde Gastón, quien atendía, pasaba constantemente el que sería su referente de por vida: Soda Stéreo. Aún persiste en su memoria aquella noche de 2007 en River.

Lo cierto que una vez que la canción llegó a su vida, el resto pasó a otro plano. Es verdad que a los 18 llegó a la capital bonaerense para estudiar Psicología. Pero componer-dirá- “fue como un mundo nuevo. Enseguida dije: vamos a arrancar clases de canto. Me movía una fibra que otra cosa no. Cada vez componía más y me sentía mejor. Y tenia ganas de salir a tocar y de juntarme”. Así fuera el duelo de una relación como plasmaría en “4 y 40”, el emotivo regalo- “porque andaba sin plata”- para su querida hermana Delfina que es “Lazos” o la motivadora “+ Amor”,  todo giraría en torno a ella: la canción. Ya fuera con la Cort o la Fender, la electroacústica diseñaría un sonido que se mueve entre el rock y algunos elementos del indie y sentaría las bases de su métodología: armonía, melodía y letra. Canciones puras, de tono directo y honesto. Todo con un sonido orgánico, acompañado de amigues y musiques en un proyecto que –según asegura- va más allá de  de Diego De Negris, el hombre detrás de Flacan.

“Estos tres primeros temas por ahí salieron como sencillos y anticipan un poco como va a ser el disco- introduce De Negris-. Si bien no todos los temas van a ser así: últimos son más rockeros, algunos incursionamos en el mundo indie. También hay tema netamente acústicos”.  Más allá de los estilos, hay una constante: “Yo compongo todo con la guitarra acústica. Por ahí en un futuro empiezo a componer con la eléctrica. Pero hoy en día la acústica  es una extensión de mi cuerpo. Amo el sonido  y siempre empiezo por ahí. Inclusive por ahí a veces me cuesta pensarlo fuera de eso cuando voy al estudio. Siempre parte de ese  formato: la progresión armónica, algún arpegio, la melodía y al final la letra”. Y añade: “Tengo un montón de amigos y amigas que son músicos y por suerte me han acompañado. La mayoría de los temas lo grabé con gente que aprecio y me gusta saber que el aporte del otro suma. Poder abrir el juego. Siempre digo que Flacan es Diego más la gente que me rodea y elijo. Y eso se nota. Las canciones tienen de mí y una partecita de los otros”.

A la hora de pensar un sonido o estética “por lo menos para este primer álbum es la búsqueda que suene a banda, a un rock más de los noventa o principios de los 2000. Es lo que yo crecí escuchando escuchando y todavía escucho. No descarto que en un futuro meta más secuencies, beats o producir en casa. Pero por ahora me gusta este formato más tradicional”.  

Si bien las canciones pueden variar en su ánimo, las reconoce como “un medio para sublima”. Y desarrolla: “Yo hago terapia hace muchos años. Pero me di cuenta que la música y escribir canciones se me juega por otro lado. Y no lo puedo tramitar en terapia. Esto me ayuda como una descarga más inmediata y me alivia. Puede ser más triste o más feliz. No siempre va a ser triste. Pero sí sé que  cuando necesito o ando medio enroscado, necesito sublimarlo por ahí”.  Y cierra: “Es lo que me apasiona y más me gusta. Si bien me gusta la psicología, no me llena como la música. La búsqueda es esa: es sentirme bien, poder sublimarlo. Después pase lo que  pase voy a seguir haciendo. No voy a pensar en ser famoso… lo voy a hacer igual Cuando tenga una familia me gustaría mostrarle mis discos a mis hijos. Hacerlo porque quiero y puedo hacerlo. Eso me parece lo más importante: no ceder ante mi deseo”.