Con una fuerte movilización en las calles y tras más de doce horas de debate y años de lucha del movimiento feminista, 38 votos a favor convirtieron en ley el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo (IVE), un hecho histórico que convierte a Argentina en el quinto país de Latinoamérica en tener un proyecto de estas características.

Tras una fuerte puja del Ejecutivo, el proyecto cosechó una amplia diferencia sobre los negativos. Los que en la previa se mostraban indecisos, se volcaron a favor, mientras que el jujeño Guillermo Snopek se abstuvo. Así, fueron 38 a favor, 29 en contra y una abstención. La sorpresa estuvo también por el lado de las ausencias. A los ya contados, Carlos Menem por problemas de salud y José Alperovich por licencia, se sumaron el puntano Adolfo Rodríguez Saá (Frente de Todos) y la riojana Clara Vega (Mediar Argentina).

En la previa, el Ejecutivo se había mostrado positivo a pesar de la reserva de algunos senadores y senadoras que llegaban al recinto con dudas. La primera de estas incógnitas se resolvió temprano, cuando la titular de la Banca de la Mujer, Norma Durango, la primera de las oradoras, brindó los detalles de la normativa e hizo una observación a la posibilidad de que, más allá de la semana catorce, se puedan seguir practicando abortos, según establece hoy el protocolo ILE que rige desde 1921(en relación con tres causas: cuando sea producto de violación, corra riesgo la salud o la vida de la persona gestante). En este sentido, destacó que con respecto a la palabra «integral» (que se le agregaría a «salud») se llegó a un acuerdo con el Poder Ejecutivo Nacional para que la promulgación se observe y vete parcialmente este punto, uno de los reclamos del rionegrino Alejandro Weretilneck y del entrerriano Edgardo Kueider. Ambos senadores habían manifestado su disconformidad con esta palabra, la cual consideraban muy amplia.

Durango sostuvo que «una vez más tenemos la posibilidad de legislar por y para las mujeres y personas con capacidad de gestar». «Vengo a ocupar esta banca en nombre de las mujeres muertas por el aborto clandestino», agregó.

La legisladora advirtió que «las mujeres van a hacerse los abortos clandestinos a los lugares más sórdidos, solas, casi siempre sin acompañamiento de sus parejas y sus familias, y nunca con el acompañamiento del Estado. Por eso el Estado debe hacerse cargo. El Estado que durante años miró para otro lado».

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Otra de las voces a favor más resonantes fue la de la senadora de Chubut Nancy González, que en el recinto tuvo la particularidad de izar la bandera con el pañuelo de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito en la muñeca. A su turno, apuntó duro contra el senador Dalmacio Mera, quien habló antes que ella. «Después de dos años -tratamos esta ley en el 2018- tener que estar escuchando que me hablen del año 1315, del año 500 a.C… Yo la verdad que estoy anonadada. ¿Qué nos quiere decir el senador? ¿Que los que estamos a favor de este proyecto somos asesinos o vamos a salir a asesinar? La verdad, creía que en dos años por lo menos pensábamos un poquito más para respetarnos un poquito más en las ideas distintas que podemos tener cada uno. Podemos tener distinta posición, pero respetémonos», dijo.

«Los que estamos a favor de este proyecto no somos asesinos, no estamos a favor del aborto, ni mañana vamos a salir por las calles a agarrar mujeres para que se vayan a hacer abortos», refirió. «Obligar a parir a aquella persona que no lo desea es someterla a la tortura. Pensemos en el derecho de aquellas que no quieren maternar. Maternar es político, señores senadores», agregó.

«Voto este proyecto por sus hijas, por sus nietas, por aquellos que apoyan y no apoyan el proyecto. Para que las personas gestantes puedan decidir cuándo maternar. Y para que no volvamos nunca más a un aborto clandestino», concluyó González.

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Uno de los votos que el oficialismo sumó fue el de la senadora Silvina García Larraburu, que, si bien en 2018 había votado en contra del proyecto, en esta oportunidad acompañó el dictamen y a la hora de su exposición ratificó su apoyo. «Soy la misma senadora que decidió seguir escuchando con un profundo respeto al que piensa distinto. Mi voto es por una mujer libre que pueda decidir según su propia conciencia. Mi voto es un voto deconstruido, afirmativo», manifestó.

La senadora Eugenia Catalfamo, la más joven del cuerpo, con 33 años, en 2018 no pudo asistir a la votación por estar con licencia por embarazo. Esta vez dijo presente y votó afirmativo. En su exposición comenzó hablando del libro Somos Belén, escrito por Ana Correa, que cuenta la historia de la joven tucumana que, producto de un aborto espontaneo, pasó 29 meses en prisión. «A mí este tema en particular me moviliza muchísimo, no puedo entender cómo en el siglo XXI las mujeres tenemos que ceder nuestra autonomía a una sociedad que nos impone un estilo de vida», expresó Catalfamo.

«Hace un siglo las mujeres no podíamos ejercer nuestra profesión, administrar nuestros bienes, nuestra economía, estábamos relegadas a las tareas domésticas. Por suerte el mundo ha cambiado y existen organizaciones de mujeres y diversidades que nos piden que alcemos nuestra voz, y gracias a estas personas es que hoy estamos debatiendo esta ley», sostuvo.

Asimismo, se refirió a la experiencia de 2018, donde recibió numerosos agravios e incluso pedidos de que abortara a su propia hija. «Decidir libremente y planificar nuestras vidas sin que nos digan ni cómo ni cuándo», dijo. «Ya sea en la clandestinidad o no, va a seguir sucediendo. Y muchas se arriesgan a abortos clandestinos para no ser madres de manera forzada. Abortan las pibas, las jóvenes, pero también las adultas. Aún cuidándose con métodos anticonceptivos, los embarazos suceden igual», sostuvo.

Otra del ala joven del Senado fue la fueguina María Eugenia Duré, quien recordó que en 2018 estuvo en la Plaza de los Dos Congresos exigiendo la sanción de la normativa, por lo que celebró la movilización que replicó ahora en las inmediaciones del Congreso. «Nosotras no somos ni genocidas, ni responsables, ni asesinas. Nosotras somos las que le ponemos el cuerpo todos los días, las que estamos ahí donde el Estado aún no está», aseguró.

«¿Hasta cuándo van a negar la realidad de que los abortos clandestinos existen? ¿Hasta cuándo nos van a cosificar? ¿Hasta cuándo vamos a ser consideradas mujeres de segunda? ¿Hasta cuándo vamos a tener que enfrentarnos a ese mandato patriarcal, que lo enfrento con cuarenta años, de ser madres o no estar realizadas como mujeres? ¿Hasta cuándo nos van a condenar a la clandestinidad, a la muerte y a la cárcel? Les pregunto: ¿no será mucho? ¿No es mucho lo que tenemos que afrontar las mujeres y las personas gestantes?», cuestionó.

Pasadas las 21 hs se revelaron las dos grandes incógnitas. Primero fue el turno de la senadora rionegrina Stella Ollalá, quien argumentó su voto positivo señalando que «se trata de un tema de salud, de derechos humanos». «La cuestión para resolver este tema no es de vida o muerte, estamos frente a hechos que pueden tener causas o que pueden estar producidos sin causa», destacó.

La neuquina Lucila Crexell, que en 2018 se había abstenido, también era una de las dudas que terminó volcándose al lado verde. «No cambié mi manera de pensar sobre el aborto. Cambié el enfoque. No es feminismo o religión. El aborto clandestino es una figura silenciosa que escribe páginas muy tristes», señaló al confirmar su voto. «Esta ley no le cambia nada a los que se oponen. Pero sí le cambia todo a aquellos de nuestra sociedad que necesitan que el Estado las visibilice y las asista», insistió Crexell. «Negar la realidad de tantos abortos que existen en este país es un tremendo acto de hipocresía», cuestionó.

El salteño Sergio Levy, que en 2018 había votado en contra, también se pronunció a favor, tal como habían anticipado desde su partido. «Personalmente me opongo, odio el aborto y creo que nadie de los aquí presentes está de acuerdo con el aborto. Ninguno de todos los argentinos lo queremos, pero existe», sostuvo.

Pasada la medianoche habló el rionegrino Alberto Weretilneck, quien acompañó el dictamen pero pidiendo cambios en el proyecto. «Quiero agradecer al Poder Ejecutivo y al presidente», comenzó diciendo en relación con los cambios mencionados. «Mis planteos tuvieron que ver sobre el equilibrio entre la necesidad de garantizar los derechos a la mujer gestante y los derechos a quienes tienen que instrumentarla», explicó. En la misma línea, Kueidier, que no habló por problemas en el sistema, votó a favor.

A favor, por la oposición habló el presidente del bloque de Juntos por el Cambio, Luis Naidenoff. «¡Se aborta en nuestras narices, ocurre, es un dato de la realidad!», exclamó, y con ese mismo tono enérgico aseveró: «¡Nadie quiere el aborto! ¡No lo quiere la ley! La ley protege las desigualdades, y el punto de partida son la clandestinidad y la pobreza». «Estamos hablando de un Estado cómplice que deja hacer», advirtió, y subrayó que «no es un tema menor garantizar a todas las mujeres argentinas el acceso a la salud pública».

Por el oficialismo, en tanto, habló Anabel Fernández Sagasti, quien comenzó cuestionando a quienes fueron por la negativa. «No tienen empatía con las miles de mujeres que toman la decisión de abortar», apuntó. Por otro lado, sostuvo que «no solamente es la revolución de las hijas, sino también de las madres, de las abuelas, de todas. Gracias al debate nos enteramos que nuestras madres abortaban y nuestras abuelas abortaban, y de la peor manera. Y hoy lo pueden decir».

Con la ley «nos queda un horizonte muy bueno, porque vamos a demostrar que la dirigencia política es capaz de ponerse de acuerdo sin mezquindades, poniendo por delante los intereses de las mayorías», manifestó la mendocina. Para concluir, se refirió a la promesa del gobierno nacional. «Soy feminista porque soy peronista, y que el Ejecutivo nacional peronista haya mandado esta ley hace la alquimia perfecta entre el feminismo y el peronismo», afirmó.