Por Antonio D. Fenoy*

Se acaba de aprobar en la Cámara de Diputados la media sanción de la ley de interrupción voluntaria del embarazo y el proyecto llamado de los Mil Días, de acompañamiento a las personas gestantes que tengan deseos de maternar y necesiten ayuda del Estado para poder hacerlo. Seguramente, en pocos días se tratará en el Senado.

Teniendo claro que el aborto es una realidad que existe en nuestro país, y al que acceden solamente las que tienen dinero para hacerlo, y que es un tema de salud pública, que el Estado como garante de derechos debe atender, más allá de principios religiosos o dogmáticos, venimos escuchando, y lo seguiremos haciendo, hablar del tema de LA VIDA. «Defensa de la vida», «vida plena», «protección de la vida», y otras reflexiones inundan los canales de televisión, las radios, las redes sociales y los medios gráficos, muchas de ellas con poca profundidad y una liviandad que asombran.

¿Qué es la vida? ¿De qué hablamos cuando usamos la palabra «vida» en este debate? ¿Es vida respirar y que el corazón lata, solamente? ¿Es vida un embrión incipiente, dependiente del cuerpo gestante? ¿Qué define la vida?, ¿solo lo biológico o todas las relaciones que nos constituyen como sujetxs?

Dice sobre este tema la monja benedictina y feminista catalana Teresa Forcades: «A causa de la íntima vinculación de la madre al hijo mientras este no es viable fuera de ella, la decisión de abortar es indisociable de la autodeterminación de la madre, de su libertad personal».

«Mientras el feto no puede vivir independientemente de la madre, le corresponde a esta la responsabilidad moral de decidir sobre su futuro, que es también el de ella […] Respetar la decisión de la madre es respetar la integridad de su conciencia moral […] Considerar que la voluntad de la madre cuando decide abortar el hijo que sin ella no puede sobrevivir ha de ser respetada y no puede ser penalizada, no significa que en la sociedad o la Iglesia no tenga que haber debate sobre este tema».

Decíamos en 2012 y en 2018 como Colectivo de Teología de la Liberación Pichi Meisegeier: «No se puede más ocultar que el aborto es una realidad con la cual convivimos diariamente. Negarlo es una manera encubridora de sostener una desigualdad estructural que, a la sombra de la ilegalidad, sigue arrebatando anónimamente la vida de miles de mujeres, fundamentalmente las más pobres, ante la impávida mirada de los sectores más dogmáticos y conservadores de la sociedad que utilizan el discurso de la ‘defensa de la vida’ de manera hipócrita, sesgada, negándolo cuando se trata de los pibes y pibas de nuestros barrios, avalando el discurso de los pibes chorros o la baja de edad de imputabilidad. Es evidente que: ‘La consigna de la ‘defensa de la vida amenazada’ o el estar ‘a favor de la vida’ pueden tener significaciones bien distintas según quién sea el enunciador. Si el enunciador es de aquellos que han ‘optado por los embriones’ el significado de ‘vida’ tendrá contornos precisos. Si, en cambio, el enunciador es de aquellos que se esfuerzan por evocar la ‘memoria peligrosa y subversiva’ del Vaticano II, de Jesús de Nazaret, ‘vida’ deberá interpretarse centralmente a la luz de la realización de la justicia, de la inclusión social, de la participación política, del disfrute de los derechos humanos. Será preciso leer la ‘vida’ a la luz de la realización histórica del reino de Dios».

Dentro de las iglesias, más allá de que no hay posiciones uniformes sobre el tema, siempre hubo una tendencia a sacralizar «la vida antes de la vida» y «la vida después de la vida». Mucha preocupación por el embrión y mucha preocupación por el lugar donde estará el alma después de la muerte… ¿Y la vida concreta? ¿Qué pasa con la vida de todos los días, de sus gozos, deseos, placeres, dolores, angustias y esperanzas? ¿No es sagrada la vida del trabajador y la trabajadora; la de lxs pibxs de la calle; la de los jubilados y jubiladas?

¿No era sagrada la vida de las mujeres embarazadas torturadas en la ESMA con presencia de funcionarios eclesiásticos? ¿No era sagrada la vida de lxs bebés nacidxs en cautiverio y entregadxs muchas veces a familias de genocidas por religiosas de distintas congregaciones? ¿No era sagrada la vida de lxs compañerxs arrojadxs al río en los vuelos de la muerte luego de la bendición sacerdotal?

¿Dónde estaban lxs funcionarixs de distintas instituciones-iglesias cuando el pueblo salió a resistir la reforma previsional de 2017 que redujo en veinte puntos las jubilaciones? NO LOS VIMOS… ¿Esas vidas no había que defenderlas?

¿Dónde estaban esos mismos funcionarios de distintas miradas religiosas cuando como pueblo salimos a repudiar el 2×1 de la «Corte Suprema de Injusticia» e impedimos que los genocidas caminaran libremente por las calles? NO LOS VIMOS…… ¿La memoria de lxs 30.000 no era sagrada?

Mucha cerrazón y mucha hipocresía. Mucho dogmatismo y mucha mentira. Instituciones-iglesias que niegan el deseo, el placer, el sexo. Que denigran a las mujeres y a las disidencias sexuales. Que se creen con la autoridad moral de definir cómo hay que ser varón y cómo mujer. Que nos quieren enseñar cómo vivir nuestra sexualidad, cuando muchos de ellos son pedófilos y encubridores. Decía Jacques Gaillot, obispo destituido de Evreux, Francia: «Ojo, que en nombre de los principios, matamos a las personas». Si lo sabrán las mujeres muertas por abortos clandestinos.

El tema del aborto es un tema de salud pública, de libertades individuales, de justicia social y de la decisión que las personas gestantes deben tener sobre sus cuerpos. La posibilidad de la interrupción voluntaria del embarazo no solo implica ampliación de derechos, sino que es una defensa real de la vida.

Termino con lo que dice Ivone Gebara, teóloga feminista brasilera: «Me pregunto: ¿pero qué vida defienden? ¿Por qué no defienden la vida de los niños de la calle y que son abortados por la sociedad? ¿Y por qué no defienden la vida de la gente que no tiene tierra, que no tiene comida, que no tiene viviendas, que no tiene futuro? ¿Por qué solo de los embriones se habla en nombre de Dios y por qué no se habla de otras vidas en nombre de Dios?».

EDUCACIÓN SEXUAL PARA DECIDIR

ANTICONCEPTIVOS PARA NO ABORTAR

¡ABORTO LEGAL PARA NO MORIR!

¡QUE SEA LEY!

* Coordinador del Colectivo de Teología de la Liberación Pichi Meisegeier.