Por Ramiro García Morete

“No importa si no escuchás lo que digo hoy/Voy a repetírtelo igual mañana amigo mío”.  El 2016 se iría casi sin tocar, buscando baterista y con la relación algo desgastada para Shangri La. La banda con ciertos rasgos de rock sureño parecía no avanzar y -como tantas otras veces- Juan Pollono recurriría a su Yamaha con cuerdas de nylon. La misma guitarra que compró cuando -al salir del Nacional- se anotó en Bellas Artes sin saber cómo tocarla.  “Uno es inquieto. Lo único que hizo toda la vida es tocar la guitarra y hacer canciones”, explicará sobre la decisión de tomar un par de temas y volver a empezar.

A decir verdad, casi toda la vida. En la casa de 63 y 4 su padre era medio tanguero pero tampoco un melómano. Su madre tampoco pero tenía título de profesora de piano, por lo cual curioseando extraería algunos acordes. La principal influencia temprana serían sus hermanos mayores y los primeros cd´s: “Apetite for destruction” , “Nevermind”. Y AC/DC, la banda que lo volvería loco a los 13. Tan revelador como serían ya a los 18 artistas como Dylan, Lou Reed o Tom Petty. Quizá por ellos se animara a pensar en hacer canciones. Contrariamente al presente, donde reconoce que las letras le cuestan más que la música, solía escribir bastante.  “Era un medio catártico. Tiraba frustraciones… escribía mucho”, evocará. A la par de aprender formalmente el lenguaje musical, se serviría de acordes básicos para probar sus primeras composiciones. Como “Aquel sucio lugar”, que llegaría a formar parte del repertorio de Alienados. Y es que entre fines de los 90 y mediados de 2000 esa sería la banda que lideraría.

Y en la que conocería a un bajista proveniente del hardcore: Eduardo Pérez. Inclusive llegarían a ensayar unos años en la casa de 34 devenida en Estudios Moby Dick. Por eso es que, a pesar de que su compañero estaba alejado de la música y también de la ciudad, no dudaría en compartirle la idea. “Cuando vos estás acostumbrado a tocar con alguien de toque te entendés y vuelve la química -definirá Pollono-. Mucho más tranquilos nosotros. Mil cambios abajo. Este proyecto no te exige una carga. Con Alienados ensayábamos tres veces por semana. Una cosa impensada hoy…”. Abordarían entonces canciones despojadas y calmas, pero a la vez atravesadas por cierta densidad. “Folk espacial” catalogarían ambos en broma y no tanto el sonido presentado en “Los días del fuego” (2017), EP en el que sumarían la batería de Leandro Potroel.

Los planes trazados en 2019 chocarían con esa piedra llamada 2020. Sin embargo, nuevamente: tocar la guitarra y hacer canciones. Sin urgencia y “acuarentenado” en su propio estudio con la Guild acústica entre las manos, Juan aprovecharía el tiempo para dar forma al disco que verá la luz el año entrante pero que ya cuenta con un adelanto. Entre la herencia noventosa de Seattle y el omnipresente legado de Dylan, “Con el fuego” es lo nuevo de El Humonegro. Señal de que algo sigue prendido.  

“Es el primer adelanto de lo que va a ser, por llamarlo de algún modo, el primer larga duración de El Humonegro, con ocho canciones”, introduce Pollono y remata con humor: “No me quise apurar a sacar el disco porque ni se lo merecía el año”. Y luego explica: “Lo que pasó con el disco es que Edu vive en Capital y estuvo una bocha de meses sin poder venir a grabar sus bajos. No lo podíamos cerrar”. Y anticipa el nombre: “Piedras de sal”.

Respecto al tema en sí, “es el más distinto a los otros. El disco no es de ese palo. Fue el último tema que surgió. No estaba en la lista inicial, pero nos cerró por todos lados y ahí quedó. Este tema tiene un pulso más rockero, con guitarras eléctricas más presentes y solo de guitarra”.

“Nosotros no sabemos bien cuál es el estilo. Jodemos con que es  folk espacial, porque no es el folk tradicional yankee o sureño… Creo que tiene algo de oscuridad. Tiene una oscuridad noventosa, porque es parte de mi personalidad. La parte noventosa de Seattle…” Y gráfica: “Entre un grunge tranqui y Dylan… y Tom Petty y todo eso”.  

Con esos referentes, Pollono asume sin embargo: “El tema de escribir me cuesta. No me fluyen las palabras… es un trabajo. Yo creo que va de la mano de la música. Rara vez tengo una letra o un párrafo y le agrego la música. Generalmente es lo que me está sugiriendo, estoy tocando y me vienen algunas ideas”. Y añade: “A veces me pasa  que una letra la resignifico o le encuentro otra reinterpretación después de haberlo grabado. Igualmente, en “Con el fuego” la letra es bien directa y es como que le estoy hablando a un amigo: loco, ya sabemos que está todo para la mierda…hay que poner huevo e ir para adelante”.

(Foto: Distintivo Identidad Visual)