Por Sabina Crivelli*

Prendida a la tele, en medio de la tristeza, me enfureció el comentario de mi hija de catorce. ¿Estás llorando a un machista patriarcal? Conté hasta diez. Pero en las charlas de estos días surgieron diferentes aspectos que vamos despejando.

Machista y patriarcal. Sí, como gran parte de su generación. Como muchos que hoy se encuentran revisando, reubicando prácticas, modos de hacer y pensarse. La pregunta que interesa en todo caso es por qué tantos lo lloramos. Desde un análisis político y cultural, e incluso desde lo que sentimos, la respuesta a mi hija fue que si Diego, como millones de nosotros, estuvo atravesado por la cultura machista, eso hoy no es lo que más nos importa. 

Irreverencia. Esa fue la palabra que rumié todo el día 25 cuando me llegó la noticia. Irreverencia política, porque eso es el peronismo y eso es el Diego siendo Maradona. Fútbol y peronismo. Y porque lo político es emoción antes que razón. Es el gol a los ingleses. La irreverencia de que el mejor salió de Fiorito y siguió poniéndole voz a su lugar de clase y pertenencia. En esas alegrías que tanto nombramos estos días, fue un condensador y representante de sentimientos populares. Con la pelota y también con los enunciados, con las palabras, se nos metió en la vida a todos. «Él no me conoce, pero yo sí a él», dijo una señora conmovida en la fila de despedida. Está y es parte de nuestras biografías. Y sin embargo, en tiempos de apogeo de revisiones y apropiaciones feministas, esto no es tan claro para les más jóvenes. Si aparece, lo hace diluido, como si la única transformación necesaria hoy fuese la del patriarcado.

Me alertó la idea de que estamos disputando con las nuevas generaciones una batalla con un feminismo binarista que no es capaz de transmitir los procesos históricos, políticos y culturales de los que estamos hechos y de las luchas que vamos dando. Que no puedan conmoverse o entender el llanto y el dolor de les miles que llevan su nombre o su cara en el cuerpo, del pibe que de rodillas hace la fila para despedirse, de quienes ese mismo día lo canonizaron, del agradecimiento y abrazo compartido. De que Dalma y Gianinna son las hijas de todos.

¿Qué lugar tiene la historia y la hegemonía como proceso cultural si entre les jóvenes van ganando las posturas que clausuran desde el feministómetro el sentido del ídolo popular sólo en su biografía individual al estilo Facebook o Instagram? ¿Será tal vez que esa ceguera ante el sentido colectivo de la biografía de Diego, que es la de todos, que nos atraviesa hoy a todes con e y nos historiza, es un aspecto más de las disputas que no podemos perder de vista quienes creemos en la política como la necesidad de transformación hacia la inclusión? ¿Es más fuerte la condena ante la evidencia de su machismo en un video de TikTok cuya fuente es una cuenta con millones de seguidores que el llanto compartido en la calle?

Como la política es emoción, fue un video de La Cámpora, organización de la que soy parte, el que elegí compartir con mi hija de catorce. «No se muere, se queda con nosotros», dice un señor. «Diego es pueblo», dice otro. «A Diego… decile que todo el mundo se quede tranquilo y las estrellas también, que no se sientan celosas, aunque él va a brillar mucho más que las estrellas… y tampoco el sol que se ofenda porque él va a brillar mucho más. Pidan un deseo que Maradona va a ser el santo patrono»dice.

Intuyo, me pregunto, si en transmitir esto último las contradicciones y disputas en los procesos políticos no se juegan las posibilidades de síntesis y la construcción de proyectos colectivos. ¿Estamos solo ante la imposibilidad de leer la complejidad de las transformaciones y los procesos políticos y culturales que hoy vivimos? ¿O es esto un rasgo de cómo se está constituyendo cierta politicidad que encuentra en algunos feminismos y veganismos de merchandising la horma de su zapato a una cultura cada vez más individualista, que se plasma en la circulación de la venta diaria de biografías personales efímeras y enunciados breves en las redes sociales? Son solo algunas preguntas, parafraseando al 10, para que no se nos escape la tortuga.

https://twitter.com/la_campora/status/1332694959196155905?s=21

* Docente de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP.