Por Ramiro García Morete

Era una noche de enero y recién llegaba de manejar infinidad de horas desde Bariloche. Aún vivía en la casa familiar, donde transitaría el resto de la cuarentena antes de mudarse a La Loma. Se sentó al teclado y sin mayores rodeos salió “Azulado”, aunque con otro nombre. Quizá porque había sido un viaje con muchas “secuencias” o por alguna otra razón, pero había algo especial surgiendo del Yamaha.

No era el Fun Machine, maravilloso mueble que pediría a su abuela cuando de adolescente descubrió que quería tocar ese instrumento. Curiosamente, no habían sido los discos de Charly que su padre ponía incesantemente en la casa natal de City Bell y que ya de grande rescataría con una memoria emocional asombrosa. A decir verdad, había sido un amigo del barrio que “cayó con un Casio” al que le faltaban unas teclas y que solo tocaba “punteos de cumbia, con una sola mano”. No sería entonces “Eiti Leda” sino “Deja de llorar” del Polaco la primera melodía que sacaría antes de buscar profesores y finalmente estudiar Música Popular en Bellas Artes. Es que igual que hoy, sus gustos son variados, y más allá de considerar esenciales “Damn” de Kendrick o “Igor” de Tyler, no niega ni afirma que en su mp3 de adolescente pudo haber llegado a sonar hasta Dread Mar I.

Lo cierto es que el tema le generaba algo. Bastante distinto a las canciones que tímidamente sumó al repertorio de Pezdios, la banda que aun integra, más allá de cierta intermitencia. De hecho olvidará literalmente el nombre de su primera composición para el grupo. Aquí más bien ocurriría como en el 2017, cuando  escribió “Silencio”. “Fue lo primero que me llenó -dirá-. Tengo que ir por acá, pensé. ¿Viste cuando descubrís algo que no sabías que podías?”.

Con tema nuevo y el año por delante, corroboraría el deseo de un nuevo álbum y sin saberlo delinearía el plan de supervivencia en aislamiento.  Al punto de pasarse rutinariamente las noches post cena hasta casi el amanecer grabando en el Cubase. O maquetando. Y es que el chico que constantemente está pensando melodías o motivos y que en su celular cuenta hoy con más de novecientas notas de voz con posibles ideas, pasaría al Ableton y así daría otro salto. La carpeta inicialmente nombrada “Neo Fruto” incluiría ahora versiones definitivas, con mayor coloratura y un pulso de producción más marcado que en “Abanico”, su disco anterior. Precisamente ampliaría el abanico dentro de su propuesta de r&b, soul y pop, con delicado tratamiento de textura, armonías jazzy, bajos rítmicos, sintetizadores omnipresentes y líricas donde la sonoridad se impondría ante la literalidad. Incluyendo en esta segunda etapa a su banda (Guido Barciulli en batería, Pol Poloni en guitarras, Santo Ruiz en bajos y Markus Steinbruch en coros), lograría un disco breve pero de jerarquía , de pulso adhesivo y de  marcada identidad visual. “Crayón” es lo nuevo de Nehuén Marín, a.k.a. JUD.

“Es un disco que empecé a componer a principio de la pandemia, en la compu donde produzco todos los temas que hago -introduce JUD-. Se fue dando muy de a poco. Primero grabé todo yo y luego llamé a los músicos. Me parece que dentro de todo este es mucho menos orgánico que el trabajo anterior, en el sentido de que participan más elementos de todo tipo que en el otro. El otro es muy vivo, está grabado así. Acá influye el tiempo que tuve y la diferencia de búsqueda, que me dieron lugar a jugar mucho más con matices”.

“En las liricas me parece que se abordaron temas muy diferentes -comenta el músico-. Jugué mucho más con la fonética. Más con la intención y cómo suenan que con lo que significan. No son cosas tan literales. Se me presentaron un montón de imágenes poéticas que imaginaba. De ver series, películas… esta cuarentena la relacioné más con eso. No en el sentido de que si veo una serie hablo de eso. Sino si hay sangre, ni hay esto o aquello… me encantó jugar muchísimo”. Sin embargo da a entender que “Crayón” está atravesado por “una temática más existencial por la situación que vivimos y todos nos pusimos a flashar con eso. No es que habla solo de eso, pero lo siento medio un lamento. Por más que sea subidor…”

JUD no puede precisar un estilo o referente que haya escuchado durante el proceso de composición: “La verdad que escuché de todo. Lo que está en el disco se sabe que lo escucho bastante. Antes escuchaba cosas más clásicas. Ahora más alternativo… Pero la verdad tengo una ensalada de ´me gusta´ en Spotify.

Con visuales que pueden apreciarse en YouTube, el artista presta particular interés a la estética extra musical: “Soy fanático de las cosas visuales. Invierto todo lo que se puede, porque siento que representa mejor lo que quiero decir. Me gusta encontrar gente que me transmita cosas y laburar y dejarlos hacer la suya total. El último laburo fue con Mercedes Herrera y Luciana Demichelis. Encontré un equipo para hacer cosas como me gustan a mí . Y a la vez estoy abierto a grabar con un montón de gente”.

Y también está abierto a “tocar por todos lados. De hecho este año había arreglado para salir a tocar el disco anterior. Pero por cuestiones de pandemia se canceló. El año que viene quiero tocar todo lo que pueda”.