Por Ramiro García Morete

El músico edita “Revelación”, un álbum bello y  breve, entre guitarras acústicas y poética existencialista

“No creo en esa suerte de revelación que viene ya sin hambre ni rencor/Me hice profeta en barrio que no es mío/Me puse la llanura como escudo/tiene que haber un fuego que se precie/quisiera ver cómo desaparece/ que solo quede el viento erosionando el tiempo” (“Revelación”).

No sé cuándo vamos a poder tocar, pensó. Capaz que hasta dentro de dos años, se respondió. “Se me va quemando el día mientras sigo sin hacer lo que tengo que hacer para dejar de pensar”, cantaría luego.  Corría agosto, había atravesado la pandemia-igual que muches-en estado de espera y pensó que era hora de accionar.

Quizá por geminiano o sencillamente porque sí, es de pensar bastante.  De preguntarse y responderse, dentro de su cabeza o de un transporte. “Ese cruce de lógicas diferentes-dirá el también conductor y productor radial-. Es uno yendo  como en el western de la pregunta, que se va moviendo en un subte de mil personas para llegar a una radio cheta con olor a Poett y después vuelve a Tolosa profunda , con los pibes explotando los escapes de las motos. Y siempre sos vos con la pregunta”.

Si bien esos interrogantes afloran en sus temas, es verdad que no piensa demasiado mientras las escribe. Más bien, asegura, termina de comprender tiempo después lo que quieren decir esas canciones. Porque eso son: canciones. Más allá de los arreglos, del estilo o el pedal del solo, canción es lo que nace de la Blueridge. Y de mil guitarras más que la precedieron en su metódica afición por ellas. Desconocemos con cuál habrá escrito hace quince años “Infinito de amor” u otras más recientes que -por una razón u otra- quedarían guardadas. “Cada tanto digo: está  buena-se reirá-. Son viejas…pero solo para mí”.

Y ante la sensación de soledad que atestó al mundo entero, el pensamiento cedería a la acción. Y es que el también poeta , actor y asador piensa pero hace. Ya fuera en algunos proyectos solitarios o reducidos como en Mostruo! ha hecho un camino y una marca en base a canciones…y discos. “Grabar es lo que más me gusta hacer. Si pudiera viviría de eso…”. Bendito mundo en el que un artista así no puede vivir de ello.

Pero tampoco sin ello. Con la banda detenida por aislamiento y su ensamble personal en incógnita por razones similares, uniría fuerzas con Gabo Ricci como coproductor para encomendarse a una tarea concreta y “abarcable”.  Con la guitarra como base, abordaría un repertorio conciso y cohesionado. Melodías familiares pero no obvias-oscilando entre McCartney y Spinetta o Jeff Tweddy y Lebón-  serían sostenidas por paredes de acústica y sutiles arreglos de  eléctricas, construidos como capas y proyectados desde el sustain de un teclado o las cuerdas.  Un aire existencialista y espiritual  lejos de la asepsia posmoderna fluiría sin el peso de la solemnidad. Pero sí sostenido por el valor agregado e inusual que tiene como cantante: profundidad.  Con esa voz y esos arreglos, las viejas preguntas y las mismas cosas que siempre duelen se verían más expuestas.

“Revelación” sería el resultado en su búsqueda de hacer algo con este parate: nada menos un álbum breve, bello y sincero.  “Es tan simple la acción que no alcanza”, reza “Amor infinito”. Y es que la acción, como el amor y las preguntas, nunca alcanzan. Y de eso se trata: de seguir en la incertidumbre. La vida consiste en arder en preguntas, decía un poeta.  O como canta el mismo Lucas Finocchi: “Si tuviera una pregunta/tan certera que trajese una respuesta/no la haría yo jamás”.

“Es el disco que pude hacer en el contexto de pandemia-introduce Finocchi. Fue mi forma de salir del estado de estar esperando que pase esto. Para volver a la música y encontrar una forma de producir algo que quede y que tenga que ver con la época. Por eso la decisión de grabarlo solo. El 99% lo toqué yo, a excepción de un teclado de Tito Amoresan. Y  tiene que ver- algo que me di cuenta después- con que estuvimos solos en este tiempo”.  El músico reconoce que el sonido despojado acentúa el clima reflexivo: “Queda un poco más desnudo. Pero bueno: eso de que no quiero que sea solemne depende de quien lo escucha. Uno no puede controlar el sentido de  ironía o solemnidad del resto. Son canciones que tiene esas epifanías y revelaciones que en el momento parecen súper profundas  pero que después son básicamente formas de encontrarse con uno mismo. Y ahí hay un existencialismo. Yo todo el tiempo me estoy preguntando cómo hacer para vivir”.  Y añade. “Uno tiene que tener ganas y al  final  es lo más difícil de conseguir: la motivación. Las ganas de hacer algo. Si no los haces porque se supone que lo tenés que hacer. O porque sos empleado y vas de 8 a 16 y no te preguntas porqué lo haces”.

“Con el arte termina pasando eso-agrega-. Voy a hacer un tema solo porque hago temas. Y ya ahí no me convence… cuando vienen de la burocracia de uno mismo, no me copa”.  Y extiende: “También está eso de quedarse comiéndose el coco. Uno sabe siempre qué hacer. Y no lo hacés o porque estás más cómodo en la neurosis, gozando el síntoma. Los últimos años venía en una situación medio cómoda y decidí volver a un lugar de principiante. Y me hizo bien. Estaba medio soberbio. Y la soberbia es una forma del cagazo”.

Este puñado de temas expiden desde lo melódico algo familiar pero a la vez fresco: “Tengo una reglar: si se parece mucho a algo y no sabes  a qué, vale”. Y agrega: “Creo que uno aparece en los detalles. No hay que preocuparse por la estructura sino en las  singularidades: la forma de cantar, en lo que pongas  y  en lo que no  le pongas”.

Respecto a la instrumentación, asume que “hubiese sido más simple grabarlo con la banda, ya que los habíamos tocado. Y acá tuve que empezar de cero. Pensar  cómo lo toco, si poner o no un bajo o pedir alguna batería. Y al final fui para el lado de las guitarras. Armar capas con guitarras. Jugar a ver qué podía hacer con esos recursos. En  eso de limitarse podes encontrar un relato. Termina siendo más singular que otras cosas”.

A contracorriente del estruendo sonoro que son las redes y plataformas actualmente, el disco tuvo en pocos días una muy buena recibida: “Me dio la sensación de que le prestaron atención al canción y la letra. Me pareció que el formato permitió más fácil conectar con so. Yo hago canciones, pero a veces en la banda o los arreglos aparece más adelante el estilo que la canción. Para mí son siempre canciones, no divido por géneros. Y ahora tuve esa sensación de que había oreja. La gente estuvo escuchando más música, más tranquila en algún aspecto”.

Mientras evalúa con gusto si es posible una presentación en vivo, ya planea “grabar otro EP. Me gustó lo de grabar de a cuatro temas. Quiero hacer dos más. Me parece abarcable y el formato acústico es algo que  tengo ganas de explorar”.