Por Ramiro García Morete

Psicodelia, tropicalismo, beat y una mucha carga política en “Fábula”, lo nuevo del talentoso músico platense

“Y el mundo en rebelión /sangre sobre el cemento gris/cambiaré de piel y seré también polvo fino en el aire”.  Algo estaba cambiando y –entre globos y ceos -no de la mejor manera. No solo aquí, sino en toda la región. Esa sensación recorría  su cuerpo y mente aquel 2017 en el que las canciones irrumpieron como una necesidad de hacer frente. Como la triste tarde noche en que el cuerpo de Santiago Maldonado fue hallado en el río. “Ah, el que te cuida te desaparece/ o al menos eso es lo que nos parece” escribiría y añadiría otras líneas igualmente potentes: “La luz en la caja, el opio de los pueblos/shhh, cuando es de noche somos todos negros”.

 Posiblemente la haya escrito como el resto de las canciones que vendrían: con el ukelele. Caminando por una casa donde ya reinaba el pequeño Antonio y luego llegaría Paco, moviéndose y marcando el ritmo con los pies. ¿La música calma las fieras? “No, las vuelve locas…pero el ukeklele no llegan a agarrarlo”, bromeará.  

Y es que su mundo privado  también estaba cambiando. ¿Por qué no lo haría su música? “Es parte de mi identidad musical la mutación”, dirá el hombre que con Thes Siniestros pasó de una ópera western bonaerense a discos de exquisito pop y rock.  Con El Estrellero también había deslizado entre melodías adhesivas y metáforas parte de su posición ideológica. Pero ahora profundizaría ese recurso, motivado por movilizaciones como las ocurridas en Chile pero eludiendo versos literales y con fecha de expiración.

 Inspirado en parte por “What´s going on?” de Marvyn Gaye y las constatación de que el pop puede tener peso político, tomaría también el concepto del tropicalismo-movimiento cultural anti represivo que en Brasil concilió tradición y sonoridades de vanguardia- para adecuarlo a este tiempo y lugar.  Con otros proyectos en el medio y una banda que armada para esas canciones que debió pausarse, serían recién en el 2020 que concretaría su misión.

 Sin perder su propia tradición de pop barroco y canción de rock, añadiría no solo sonidos digitales sino también aires más latinoamericanos en sintonía con el universo planteado.  Entre beats y psicodelia, ritmo y sustancia, imágenes tan cinematográfico como políticas y melodías tan clásicas como vigentes, ecos de dólar y vestimentas “blanco porcelana, víbora y jaguar”, lograría un notable relato… tan colorido como el rojo fuego de patrullero en llamas o un sueño  donde los beach boys surfean las olas del trópico sobre un horizonte rosado.  “Fábula” es el nombre del flamante disco de quien cambia la piel, pero mantiene una línea. Porque bien sabe Juan Irio que “cambio” es una palabra demasiado hermosa para que nos la arrebate el enemigo.  

“Es un disco que tenía ganas de hacer hace mucho tiempo-introduce Irio-. Desde 2017, cuando hice casi todas canciones hasta que pude grabarlo a comienzos de este año después de haber puesto pausa a todos los proyectos que tenía. Es un disco que necesitaba hacer porque me surgió producto de la coyuntura política nacional y Latinoamérica…que se vio reflejado en la lírica como nunca antes en mis otras canciones. Al mismo tiempo es un disco que cambia el sonido tradicional de lo que hago  y lo lleva a lugares más actuales, más modernos… sin perder mi habitual gusto hacia sonidos más tradicionales como el pop barroco  y la psicodelia».

“Como casi todas las canciones las compuse caminando  tienen  el propio ritmo de caminar-explica el artista-. Ese ritmo me fue llevando a sonidos un poco más percusivos y las coyunturas que me inspiraban las letras: Argentina, Chile, Brasil, Colombia, incluso EE.UU, repercutió en la lírica. Al momento de pensar que me estaba pasando como artista y compositor Y porqué estaba yendo a ese lugar que no era tan propio, se me ocurrió pensarlo  desde el concepto fundacional del tropicalismo”. Y agrega: “Me di cuenta que podía usar ese concepto de cruce entre dos formas muy diferentes y utilizarlo para mi propio beneficio logrando una mezcla entre el pop barroco en desuso y un sonido más fresco en boga. Cuando tenía los temas compuestos armé una banda en la que había cuatro integrantes y que buscaba ese sonido. En ella que estaba Baro en la parte de sintetizadores. Y ahi surgió la idea de que fuera el productor al momento de grabarlos”.

Con un pulso bailable por momentos, el disco suelta consignas poco ligeras como “Mierda inglesa”. “Eso es algo que siempre me gustó en la música pop-cuenta Irio. Cuando es capaz de desprenderse del prejuicio de música más pasatista, simple y chiclosa  para agarrar un poco de contenido”.  

Lejos de una poética panfletaria, la clave está en distinguir un mensaje claro de uno obvio: «Me parece que tiene que ver por lo general trato tópicos que son del ser humano, no de un caso particular. En estas canciones y otras hablo del opresor y oprimido, de las injusticias, de lo que deseamos , del odio. Cuestiones que podes aplicar a casi todo en la vida. Y eso hace que se pueda sentir interpelado alguien hoy… o en veinte años, cuando uno que tiene poder le pise la cabeza otro que no tiene.

Otro recurso  fue adaptar una narrativa en clave cinematográfica: “Pensé las canciones como escenas de película escenas de la Nouvelle Vague, que son simples pero al mismo tiempo de mucha carga emotiva y política. Me gustaba pensar las canciones no como grandes historias sino como pequeñas escenas de color. Y con peso ideológico.  Todas tienen eso”. Y ejemplifica con  “Pólvora y Sangre”: “Lo pensé como un travelling de la plaza del Mayo Francés hacia una habitación de hotel donde dos actores de una película de Goddard están leyendo una revista y después lo trasladé a Bogotá.Sentía que para el disco iba a ser más fuerte una imágen en América que en el mayo francés”.

Con una brillante tapa de Juan Fuji, el disco cuenta con numerosxs invitadxs: Agustín Buaón (Fus Delei),  Antonia Navarro, Caro Conzonno, Lautaro Barceló, Elena Radiciotti, Renata Di Croce, , Santiago Santiago  y   Luca Fontella. “Era parte del concepto porque sentí al comienzo de la grabación que el mensaje que tenía el disco era colectivo y no individual-argumenta Irio-. Y me pareció interesante abordar con mucha gente que no tengo un vínculo directo de amistado o cercanía. Sino que es  gente que viene de diferentes lugares… diferentes generaciones inclusive”.

Con más de veinte años tocando,  lo generacional no parece ser un tema menor.  “Desde que comencé a tocar empecé a hacerlo con gente más grande. Siempre era el más chico. Y con el paso de los años hasta esta última etapa pasé a ser el más grande. Esto me vio haciendo ver que hacer música no tiene relación tan directa con la edad que uno tiene sino con como la identidad del artista puede sobrevivir al paso del tiempo. Esa identidad sigue siendo lo único que no puedo dejar de lado en la música. El que está sonando ahí es Juan Irio. Cambia de forma pero es Juan Irio. Es un concepto similar a los Siniestros cuando nos sacamos las máscaras. Hay un cambio. No soy un impostor. Sigo siendo yo, es parte de mi identidad musical la mutación, la experimentación, el coqueteo con cosas que no son tan propias”.  

(Foto: Manuel Cascallar)