Tras el contundente resultado del plebiscito que echó por tierra la Constitución creada durante la dictadura de Augusto Pinochet, Chile comenzó a recorrer un ilusionante y vertiginoso camino hacia la construcción de la nueva Carta Magna.

Los desafíos que implica esta nueva etapa, la intención de la derecha de apropiarse del triunfo popular y así evitar cambios profundos en la estructura del país, el rol de los medios y la búsqueda de la unidad del campo popular fueron algunos de los temas que, en diálogo con Contexto, abordó Javiera Olivares, profesora de la Universidad de Chile, periodista y reconocida activista que presidió el Colegio de Periodistas de Chile entre 2014 y 2017.

¿Qué análisis hace del resultado del plebiscito teniendo en cuenta, no solo el contunde voto por el «Apruebo» sino, también, el masivo voto por la Convención Constitucional?

La contundencia del triunfo de la Convención Constitucional, como órgano que va a discutir esta nueva Constitución, fue sorpresiva y arroja dos lecturas políticas necesarias de hacer: la primera es que, al contrario de lo que se trató de instalar desde el discurso político más retardatario y desde los grandes medios hegemónicos, quedó demostrado que hay un deseo mayoritario de terminar con la Constitución de Pinochet. No se trata de una polarización, o de un grupo o un sector, es el 80 % del país el que quiere terminar con esa herencia de la dictadura. La segunda lectura que hay que hacer es que también hay una crítica muy fuerte a la institucionalidad política, a los partidos que han hegemonizado las principales instancias de poder de esta democracia, una democracia con muchos candados autoritarios todavía.

La gente dice que no quiere que sean los mismos partidos de siempre los que hegemonicen el debate constituyente. Eso puede ser muy virtuoso, dado que abre una gran oportunidad para que haya nuevos rostros, nuevas dirigencias de lugares políticos que antes aparecían como excluidos, como el mundo de la dirigencia sindical, ambiental, feminista, indígena, etc.; pero también existe el peligro de demonizar a los partidos políticos en general y no debe ser así. Criticamos los vicios del sistema político hegemónico que conocemos, pero no la política partidista, porque los partidos son necesarios.

¿La participación fue más alta de lo esperada?

Algo que cuesta entender fuera de Chile es que la participación fue muy alta. Votó más del 50 % del padrón, eso en Chile representa un número muy alto y solo es comparable con alguna segunda vuelta presidencial muy reñida.

Aquí el voto no es obligatorio y eso hace que mucha gente, especialmente los jóvenes, no vayan a votar. En este plebiscito, a pesar de la pandemia, los jóvenes se movilizaron para votar, y eso es clave.

¿Cuál es el proceso que resta hasta la conformación de la Convención Constitucional?

La inscripción de las candidaturas para la Convención Constitucional está abierta hasta la primera quincena de enero. Las elecciones son en abril. No queda mucho tiempo. Esta primera etapa es de búsqueda de candidatos y de instalación de propuestas programáticas, conformación de las listas y últimos ajustes a este órgano: incorporación de pueblos originarios, definición sobre los escaneos reservados para personas con discapacidad, la paridad de género, etc. Todos ajustes que se están desarrollando en forma paralela.

La derecha se vio golpeada, pero rápidamente trató de resignificar el resultado de las elecciones y subirse a la ola de la nueva Constitución. ¿Cómo se puede evitar que ese sector se apropie de este cambio que tanto le ha costado al pueblo chileno y lo reformule a su favor?

Lo que suele ocurrir en nuestros países es que la izquierda se divide, se divide la centroizquierda y el progresismo también lo hace, y se crean infinidad de agrupaciones políticas que no logran llegar con un denominador común. Es impresionante ver cómo la derecha que estuvo dividida (porque hubo una parte de los sectores más liberales que apoyaron el «Apruebo», otra parte de la derecha apoyó el «Rechazo»), pese a sus diferencias de fondo, hoy están unidos para conformar listas que lleven a sus candidatos y candidatas a la Constituyente. Eso significa que ellos están unidos para defender el sistema jurídico chileno tal cual está hoy porque, obviamente, es a todo ese sector al que les favorece este modelo neoliberal cuyas bases jurídicas están en la actual Constitución.

Para enfrentar eso hay que tratar de construir la mayor unidad posible y tratar de generar procesos participativos, tanto de contenidos como de candidatos. La gente debe sentir que participa del debate sobre qué vamos a ir a defender en la Constituyente, aunque no sean candidatos o candidatas. La gente debe ser escuchada y esas voces deben tener candidatos que los representen realmente, candidatos que vengan del mundo social popular que se ha expresado en todo este tiempo de revuelta y movilización.

¿Hay puntos que podrían sintetizar los anhelos de los sectores progresistas, de izquierda, centroizquierda y nacional popular?

Creo que sí hay puntos comunes. Cuando tuvimos el segundo gobierno de Michelle Bachelet, la alianza que la apoyó fue bastante más amplia que su primer gobierno, con sectores de izquierda mucho más antineoliberales, y había puntos en común, pero también marcadas diferencias.

Creo que la mejor manera de alcanzar un polo de unidad de la izquierda es ser claramente antineoliberales. De ese modo, todo lo que pensemos para la refundación de la Constitución y del Estado debe implicar el fin de los amarres neoliberales. Debemos tener un Estado mucho más fuerte, menos subsidiario, con posibilidades reales de una democracia que garantice derechos y no bienes de consumo. Debemos ir a defender esas ideas a la nueva Constitución, porque si no nos vamos a topar siempre con la misma piedra.

En este marco que describe, ¿qué rol juegan la concentración mediática?

La nueva Constitución tiene que garantizar el derecho a la comunicación, a la libre expresión, a un ejercicio ético del periodismo. Para ello es necesario que desde la cúspide de la pirámide jurídica hacia abajo haya regulaciones al sector productivo de la comunicación, en tanto concentración de este espacio. La nueva Constitución debe regular la concentración mediática.

En la actualidad tenemos un control tremendo del discurso. Los medios de comunicación que están concentrados en pocas manos y tienen líneas editoriales similares buscan construir una interpretación de la realidad que permita mantenerla tal cual como está. Cualquier discurso crítico o planteamiento que contravenga ese modelo es simplemente excluido, criminalizado, silenciado o tergiversado. En ese contexto es muy difícil hacer pedagogía política, es muy difícil profundizar el debate democrático diverso.

Si queremos pensar en un Chile distinto, tenemos que modificar el actual escenario de la propiedad para después poder avanzar en los contenidos y en un ejercicio periodístico más ético. Eso significa pelear con peces gordos. Los dueños de los medios de comunicación en Chile también son los dueños de las grandes riquezas, de los sectores productivos y de la banca.

Esa es una lucha necesaria de dar si se quiere pensar en una verdadera democracia.