Editado por Malisia llega el primer libro del dramaturgo y comunicador social, Fabián Asís. Dos obras teatrales contemporáneas, universos contrapuestos y muchas preguntas

“¿No es propio de la noche jugar con trampas cuando buscas la calma?”, cantaba Bob Dylan. Y aquel 2016 le costaba conciliar el sueño. Si bien la puesta de “Trescientos millones” de Arlt en el Espacio Cipai estaba funcionando, las cosas no resultaban fáciles. Un par de dolorosas pérdidas personales lo había llevado de vuelta en medio de las funciones a Mendoza y a San Luis. Había sido precisamente en Villa Mercedes donde criado en un familia marcada por la música, su vocación teatral no hallaba más lugar que algún acto escolar. O su propia imaginación, campo fértil e infinito del cual pueden emerger los mejores personajes o los peores fantasma. Y las preguntas, siempre la preguntas.  Aquel año su vida o la de sus afectos se habían toado con la gran pregunta, el gran sueño: la gran noche. Esa a la que no conviene-como escribió el otro Dylan (Thomas)- “entra dócilmente”.  Justo el mismo año que junto a su compañera gestarían a Yako. Como un atávico juego  de opuestos y complementarios, vida y muerte. Vigilia y sueño también, disputándose muchas noches en eso que llaman insomnio. “Esa incomodidad”, dirá. “No duermo porque no me gusta algo que está pasando-agregará-. La noche la tengo que usar en pos de cuestionar eso”. Y entonces- en lugar de dar vueltas en la cama- se levantará y haría. La vida, como el teatro, es acción. El insomnio “como un acto de rebeldía. Te levantás y hacés”. Y lo que haría es escribir, parte de un proceso iniciado posteriormente a su llegada a La Plata en el 2002 para estudiar Comunicación. Tras su debut formal en las tablas de la mano de “Vida sexual de Robinson Crusoe” de Dalmiro Saenz en el Teatro Estudio, dejaría que el actor se permitiera primero dirigir obras que amaba y finalmente escribir las propias. “Conviven dentro de uno todos los aspectos de su vida. Escribis como actor y como director”, expresará.  Un desfile onírico de personajes imaginarios y grande interrogantes darían como resultado a una obra que sin intención hallaría a su opuesta complementaria más tarde.

En el 2018, serían otras preguntas, otras noches y otros sueños los que paradójicamente despertarían la idea. Ya no lo que habita dentro de nuestra cabeza, sino lo que la rodea. Las idas y venidas a Capital seguramente potenciaron las desgarradoras imágenes de la gente viviendo en la calle. El teatro es imagen hecha carne. Y ahora el insomnio vendría de esos sueños que la sociedad quiere postergar, limitar o clasificar. “Parece que hay sueños que son para cierta clases de personas”, planteará.  Una obra realista y a la vez absurda sobre una persona que recoge cosas de la calle para vivir sería el resultado donde nuevamente en tono sería la comedia. “Que la risa no tape lo trágico. Que la tragedia no acalle la risa.De eso se trata este libro, de eso se trata vivir” es el motivo que aunaría ambas obras en este extraño 2020: “Insomnio/48 horas”,  el primer libro del dramatugo y comunicador social Fabián Asís.

“Es un libro que sale de un montón de inquietudes- introduce Asís-. Son dos obras muy distitnas. Pero las dos comparten un tono de comedia. Y la convivencia entre el mundo real y el imaginario. Si bien son dos obras de tono realista, hay un mundo imaginaro  del pensamiento que está dando vueltas”. Pero distingue: “Las preguntas que se disparan son diferentes. Insomnio es más existencialista y 48 horas trata de temas más… mortales”. Aunque reconoce que son   opuestas y complementarias. “No se pensaron para estar juntas en un libro. Cuando nació la posibilidad, llegue esa conclusión que podían convivir. Porque vas a ver una línea que las conecte, pero sus formas difieren bastante. En esa línea está la forma de escritura, el humor. La comedia es esencial a la hora de escribir y de ver teatro también como público”.

“Lo que caracteriza a Insomino es este contraste persmenante entre el silencio y la tranquilidad de la noche , el mundo real y la batalla campal que hay dentro de uno.  Los pensamientos están a diez mil por hora y que adentro de tu cabeza algo que no está cerrando”.  Por eso señala: “Las preguntas me hacen avanzar. Quizá no tanto las respuestas. No confio en las respuestas absolutas. Y el logro de un libro que te transforme o  te llene de cuestionamientos nuevos. Claro que en su recorrido tiene alguna respuesta. Pero son de momento o de la historia”. Y agrega: “Tuve la suerte de estas obras llevarlas al escenario y lo más lindo que te puede decir una persona: ´Me quedé pensando. Nos fuimos a comer después y nos la pasamos hablando de la obra, replanteándonos.´ Es genial.Algo tiene que despertar. No es un libro de autoyuda”.

A la hora de escribir, la dramaturgia tiene rasgos especiales en relación al resto de la literatura.  “Uno piensa en imágenes. Cuando te acostumbras a pensar en teatro, pensas todo el tiempo en diferentes escenarios, en formas de, en cuerpos. Y en mi caso no hay un método. Pero  sí la imaginación tienen que estar a flor de piel y qué dice tal personaje, cómo habla. Si tenes la suerte de poder llevarlo a escenario, esa imaginación la llevas a carne y hueso. La imaginación es una cualidad pero también un ejercicio”. Y define con certeza: “El que hace teatro piensa en teatro. Por ejemplo, no imagino a los personajes en un campo silvestre. Los imagino en el escenario con la puesta de un campo. Porque así encuadramos”.  

Más allá de eso, no pierde de vista que el libro debe funcionar como tal. “Uno debe respetar al lector. Cuando  me empezó a pasar de pensarlo de llevarlo al libro, dije: esto no va a terminar solo en manos del actor.  Tenes que tratar de que los detalles sean lo más claros posibles. Describir bien el espacio. Con las herramientas de la dramaturgia y no como una novela, por supuesto”.

Respecto a “48 horas”, “nace de otro tipo de cuestionamientos. Un planteo más social. Nace de imágenes, de cosas que me duelen. De algunas injusticias que uno ve…soy docente y de diferentes estratos y me voy dando cuenta. Y de este pensamiento sobre las desigualdades”. Y agrega: “La historia de un tipo de que vive de juntar cosas en la calle, pero tienen los deseos y anhelos que cualquiera puede tener con más dificultades. Es una obra realista, pero un poco absurda desde el imaginario social nuestro. Porque más allá de la contras, no se da por vencido. Era un poco eso lo que daba el puntapié inicial. Pensar los sueños cotidianos desde alguien que tiene pocos recursos. A veces parece que a la gente le vamos marcando quien puede soñar y quien no…hay sueños que son para cierta clases de personas.  Como si no tuviéramos tenemos derecho a soñar lo mismo. Incluso nos creemos esos sueños. Soy docente de secundario y muchas veces me dicen que no va a estudiar a la facultad porque no lo ve propio”.

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