Por Ramiro García Morete

El guitarrista de la banda platense de Aboyd lanza “La cuenta”, su primer single como solista en el que mezcla elementos de pop, lo-fi y jazz. (Foto: Rocío Raphaël)

“Estudio con yo”. Hace unos años, cuando aún estudiaba Sociología, creó un grupo de Whatsapp para enviarse a sí mismo textos de materias y audios repasando conceptos. Luego llegaría el click-como lo llamará- y su traspaso a la UNQUI para estudiar Música y Tecnología. Quizá  ello  guarde alguna relación con querer entender la música más allá de su melodía o armonía y comprender la ingeniería y los objetos que le dan vida. Como cuando desarmó la Texas Strato, guitarra que compraron los padres al niño de siete u ocho que tocaba la guitarra criolla desde los tres mediante el método Susuki. Inclusive puede que haya en alguna vieja filmadora un video en el que el pequeño esté – junto a su escuela de música – tocando en el Teatro Argentino. Entonces no faltaría mucho para escuchar el emblemático  la menor de John Frusciante en “Californication” y hacerse-hasta el día de hoy- amante de los Red Hot Chilli Peppers.

O puede que aquello de desamar las cosas provenga de su padre electricista, más afín a las baladas en una casa donde su madre se inclinaría por el rock nacional. Pero aun cuando aprendería de manera autodidacta a arreglar computadoras,  hay un asunto con el tiempo. “Me tengo que sentar y laburar”, dirá sobre el ejercicio compositivo. De hecho en sus primeras canciones emergerían recién a los 16 o17 cuando formaría Reno, donde tocaba el bajo y cantaba algunos temas.  La composición no es un rapto de divinidad sino un proceso de trabajo, parece entender. Y en el que -estimulado por Aboyd, banda donde es guitarrista- la producción sonora forma parte del mismo.  

Lo cierto es que “Estudio con yo” sobreviviría como espacio virtual al cual enviarse fragmentos musicales. “Cuando tengo una idea, me salen así. Una idea muy corta y tengo que sentar a desarrollarse mismo”, dirá. Así es que a principio de la cuarentena, “boludeando” con el Yamaha saldrían unos acordes que si bien no respetaban la armonía tradicional, le decían algo. Lo suyo no es la palabra escrita-según su severo juicio- pero había unos versos guardados en su “autogrupo”: “Sé que no es tan trágico, que me debería concentrar en otras cosas/pero no tener control y asumir que solo hay que esperar no me conforma”. Por entonces, aún influenciado por el Lo Fi  y los samples jazzeros , Mild High Club sonaría mucho en su cuarto del hogar familiar cercano a Parque Saavedra. En su cuarto y con el Ableton-antes de pasarse al Reaper- haría lo de siempre: desarmar y juntar partes.  Sumando a Mato Ruiz en el saxo y Ludmila Fontana en coros trabajaría durante meses  para lograr “La cuenta”. Uniendo intimidad con producción y los guiños jazzeros con la base hip hop, esa progresión de acordes con recursos modales no tan previsibles se convertiría sin embargo en una delicada y bella pieza entre el pop y el soft rock. Y una buena carta de presentación para Franco Lautaro, quien sabe que con tiempo y criterio las cosas arman.  

“Esa idea la tengo desde principio de año y me llevo meses, ponerme las pilas y laburar”, introduce y reconoce sin pudores: “La letra la tuve que escribir sobre. Odio escribir y no me sale. Pero como me gusta el pop y me gustan los temas, lo hice. Es  una canción de amor de cuarentena. No tiene mucho misterio.  Me enfoco más en lo musical que lo lírico”.

Sobre la hibridez del tema en sí, comenta: “Le iba a grabar una bata real y empecé a improvisar con beats de hip hop. Algo medio medio raro… y quedó… Yo venía en esa época escuchando mucho Lo Fi. No terminó siendo así porque suena bien. Y  a la vez no quería abandonar lo pop. Tenía una estrofa medio jazzera y el estribillo un poco más pop. Y esos acordes, que son medio cualquiera”.

“No  tengo muchas canciones  compuestas. Cuando lo hago, me gusta pensar que tenes que sentarte y laburar” expresa sobre un proceso que cuyo enfoque va tanto desde “la armonía y melodía como también en el sonido. A  veces tengo algo en mente, figurado. Por ahí surge probar cosas, en la mezcla o la producción. Estoy medio en el medio. Pruebo  hasta que encaja o no encaja. Es un juego”.

Respecto a la voz, Franco cuenta que “con el canto me relaciono de una forma muy rara. Me gusta cantar pero no tanto  cosas mías. Me encanta aportar en los coros. Por eso en este tema la voz -no sé si se nota- es un poco intima, no está  al frente. Yo lo pensé por ese lado. Lo practiqué para que la textura quede profunda, medio escondida”.

Los tiempos y recaudos que en texto podrían sonar a inseguridad, responden más bien un criterio de quien se define como “ñoño del audio ” y que comparte mucho de sus pareceres con sus compañeros de banda. “ Son en quienes más confío musicalmente y  están todos metidos  en la producción”. Y agrega respecto a la dinámica de Aboyd: “La participación te obliga a eso. Todos aportamos desde nuestra personalidad. Aprendes y después se nota en lo tuyo”.

El músico dice que prepara un tema nuevo para lo que queda del año y no descarta la posibilidad de tocar. “Siempre me gustó la idea de en vivo hacer otra cosa. Me gusta improvisar. No sé si tocaría mis temas. No tocar canciones que podes escuchar en la compu. Un show que no puedas volver a ver”.