Por Ramiro García Morete

Con la canción como premisa y el pop como  referencia  el artista Lanza “Carita”,  un disco breve, despojado y lleno de bellas melodías

Más que vacaciones, fueron casi una residencia. Junto a Lorena y Luk, el verano del 2019  en San Rafael oficiaría como una suerte de residencia entre charlas e intercambios. Y le daría el tiempo que no estaba dedicando a hacer canciones. Quizá fue allí, con la misma criolla que compró hace unos años a un lutier y en esos días que surgiría “Solo con vos”, que sintió la necesidad de componer cosas “que pudiera tocar y cantar”. Así de simple.  Poder hacer con lo que se tiene. Como cuando a eso de los catorce finalmente hacía un tema con cada acorde o yeite que iba aprendiendo en la guitarra. O combinaba la grabadora de sonidos  de la pc y el Windows Media Player para grabarse en capas. Menos delicado que el Ableton desde que hoy maquetea en el departamento de Montserrat o comenzó este trabajo en La Paternal, pero no tan ruidoso como el doble cassettera Hitachi. En él y la casa de Punta Mogotes  solían sonar cintas de folklore de su padre, Silvio Rodriguez  o el gusto compartido de sus progenitores (y media humanidad): The Beatles. Puede que con ellos –como media humanidad, otra vez- haya asimilado el placer por la melodía y la “canción -canción”, como dirá. O quizá por FM Aspen, esa frecuencia clásica que adora escuchar en los taxis y que inspiraría “Mega Fauna” mucho antes de pensar un disco y muchísimo después de ser un púber que también amó AC/DC. 

Sin embargo  no sería la música sino la ilustración, lo que lo traería a la Facultad de (entonces Bellas) Artes de La Plata.  Dibujar y tocar son sensaciones diferentes, dirá. Y durante mucho tiempo trataría de mantenerlas al margen. Aunque una vez en la ciudad -con toda su emergencia creativa-formaría parte de varios proyectos musicales. Inclusive uno propio que terminaría adoptando forma colectiva: Expediciones Científicas.

Por eso hablará de este como su primer disco solista. No en solitario, ya que además de lxs invitadxs (Paula Trama, Miguel Canevari y otres) trabajaría palmo a palmo con Martin Mitulik. Pero sí con ese aire de despojo y abstracción a cierta “periferia” de la música. Canción-canción. No solo desde la forma, ya fuera el rasgue acústico o el soft pop con bellas melodías y armonías, sino desde el enfoque. En lo lírico, lleno de retratos sensibles donde puede mezclarse las referencias astrológicas, los memes  o las metáforas doméstica más cerca de la sinceridad que del efecto. En los instrumental, mínimo y preciso, con apenas una batería en un tema, algunas programaciones, algún acordeón y ¡ningún bajo! Como si más allá de la calidad obtenida, no buscara la obra acabada.

Y es que en lo conceptual, gravita la necesidad de eludir lo absoluto o épico no por falta de ambición sino por honestidad. Como cuando una ilustración tan sencilla como una carita sonriente expresa mejor que las palabra la idea y le da nombre un álbum. “Carita” es lo nuevo de Pitucardi y aunque no lo ponga en palabras, parece estar contento con ello.

“Canciones no demasiado pretenciosas. Simples, dentro de todo-introduce acorde Pitucardi-. Me gusta buscar eso en la composición. Está arreglado  de manera bastante pequeña. Queríamos instrumentarlo lo justo y necesario para que la canción se arme. Me gustan muchos las melodías, indagar en ese terreno y desde que hago canciones que  siempre trato de buscar eso”.

“Es algo  hogareño pero no tan lo- fin. Por ejemplo, no tiene bajo…es una decisión del disco. Cuando me lo marcó una amiga primero me angustió. Pero después entendí.  El bajo da la sensación de que está terminado, lo cierra todo y es más profesional. Pero tampoco sé si vino por un lado tan consciente”.  Y más que hogareño prefiere usar “la palabra pequeño. Es lo contrario de algo épico. Siento que también es el espectro que puedo manejar, que me creo manejar. Sobre todo pensando en algo”.

El título, graficado explícitamente, surge de un dibujo que había realizado por otro motivo: “Me gustó porque transmitía algo que quería con la música. Cierta frescura, algo no muy pretencioso”.  Respecto al vínculo entre la ilustración y la música, expresa: “Son dos cosas a las que le dedico y dedique gran parte de mi tiempo. Es lo que hago. Me constituyen”. Y cuenta: “Me dedico a la ilustración y como me sigue gente por ese lado, también de alguna manera tenia separado como lo comunicaba.  Pero esta vez aproveché eso, para comunicar desde el dibujo. Ya la tapa del disco… También hice historietas de algunas canciones, como pequeñas secuencias. Empecé a usar más la herramienta como forma de comunicación”. Y volviendo al vínculo, “es muy profundo para desglosarlo ahora. Son sensaciones diferentes. Físicamente diferentes…lo que me generan en el cuerpo”.

Pitucardi asume que este disco surge por la necesidad de abstraerse de algunas cuestiones alrededor de la música que en verdad no son la música. “Sabes que sí. Porque en un punto tenía que ver con hacérmelo un poco más sencillo para mí para que tenga sentido. Las cosa s periféricas de hacer música me entorpecían a veces algo que me importa  y que es comunicarle algo a la personas. Muchas veces sentí en el camino que un montón de cosas entorpecían. Y cosas en mi cabeza…Y esta vez el proceso fue muy natural, muy poco forzado. Las cosas se fueron dando y eso me hace sentir cómodo a mí”. Y aclara: “Siento que el tamaño de las cosas es acorde…ocupa el tamaño que es acorde. No pretende ser más. Pensándome yo, el lugar que ocupo y donde me siento cómodo. No por defender la idea de comodidad. Sino por no forzar algo para que no lo disfrutes…forzar algo y perderme la parte de que lo importante es comunicar y compartir lo que descubriste, se te ocurrió o te dijeron”.