Por Ramiro García Morete

Alrededor de las canciones de Shaman Herrera y comunicados a distancia,  un grupo de notables músicos  trazan un relato distópico. Ya está disponible “La sal del Mal”, simple adelanto del inminente “Cap.1: Pertenencia”.

“Cadena lateral” no parecía un nombre que sonara muy bien. Pero durante un buen tiempo el grupo de whatssapp remitiría a una técnica de compresión conocida como “sidechain”. Sin perder el espíritu casi atávico de su voz y su poesía mística, hace rato que Shaman viene experimentando con nuevas sonoridades por lo cual le parecía un buen nombre. Promediaba  el 2019 y las cuestiones nominales tampoco eran centrales.  Lo cierto es que el prolífico compositor tenía nuevos temas y desde Epuyén a Tolosa le sugeriría a Lisandro  Castillo que aportara unas guitarras. El ex Guacho justo atravesaba un momento de redescubrimiento musical experimentando con el Logic,  aplicando enfoques de producción y composición digital y dando forma a LMDG.  Promediaba el 2019,el baterista  Edu Morote giraba junto a Sara Hebe por Europa y el pianista Julián Rossini también andaba por el viejo continente. Ambos, viejos amigos, habían sido “elegidos” y Lisandro creyó que solo se trataría de otro “y”: Shaman y Los Hombres en Llamas, Shaman y Los Pilares, Shaman y…

Promediaba el 2019- reiteramos- y no es un dato menor pensando en este 2020. Entre series distópicas y la información constante de un mundo sobrepasado, “todo estábamos viendo algo que nos iba a quebrar” , tal como dirá Lisandro sobre cierto cariz premonitorio de lo que se estaba gestando. Y que paulatinamente y aún dispersados geográficamente,  las canciones dispararían mucho más que el repertorio de un solista acompañado. Compartiendo proyectos entre algunos o colaborando con otros, siempre habían funcionado como “cadenas laterales” de algo que cobraría forma pero en verdad se vino gestando desde hace años.  

Así sería que produciendo cada uno en su hogar , zoom o whatsapp mediante, y aportando cada vez más de la identidad de cada músico, se generaría un relato. Desde lo sonoro, siempre marcado por la personalidad de Herrera pero combinando también el notable pulso de Morote consonoridades contemporáneas, la jerarquía no solo como pianista sino como productor de Rossini y la inteligente sensibilidad de Castillo para decir mucho tocando poco. Una fusión entre lo orgánico y lo digital, lleno de textura y ambiente.  Desde visual y poético, una narrativa  sobre un mundo distinto y posible.  Como este que lograron al confluir no como cadenas sino como lazos y-parafraseando a una banda afin- busacar algo distinto en Otro Lugar.

“La sal del mal” es el primer adelanto “del primer capítulo de varios que ya tenemos pensados-cuenta Castillo- pero no anunciamos mucho porque tampoco sabemos bien cuánto vamos a poder hacer y cuando no”. La idea original  fue presentar el material en fracciones de tres como capítulos.  “A este este primer EP le sumamos una suerte de discurso y conexión que surgió después. Conectores que linkean todo el contenido, con algunos textos e ideas. Amigos a que tiran poesías o simplemente enunciados”.

  Esa lógica decantó de la dinámica de producción conjunta. “Una idea que charlamos un poco entre todos. ¿Y si le damos una vuelta, si pensamos en una especie de concepto? Por eso  el nombre es lo último que salió, más de un concepto que de una idea de banda”.  En el caso de Castillo, puede vincularse ese enfoque a su flamante proyecto LMDG: “Estaba pasando de la misma manera. Construido a distancia. Yo empecé a probar con la compu en mi casa, conociendo una  amera nuevo de hacer música. No lo puedo separar tanto. Pero a la vez  son como ideas diferentes. Tiene un fondo común que un mundo medio extraño. Y ambas bandas  ni siquiera estaban pensando en la pandemia. Medio premonitorias ¿no?. Pero es algo que estaba pasando. Está lleno de series y destapias. Todo estábamos vendo que algo iba a hacernos quebrar”.

Según Castillo, musicalmente no te trató de algo premeditado sino de “juntar las partes y ver que sonaba de después. Hay un poquito de cada uno. Por supuesto que al componer y cantar Shaman , que es una personalidad fuerte, va a estar eso si bien cada uno aporta los sonidos”. Según desliza, “La sal del mal” es el tema más similar al grupo de canciones que verán la luz más adelante y que representan esa evolución de construcción colectiva.

El guitarrista-y flamante bajista-  se encargó junto al artista de Lucas Borzi de la estética visual, con el aporte de Morote, también diseñador. “Se formaron pequeños núcleos dentro de la banda”. Tanto Morote y Rossini eran invitados estables en Güacho. Si bien ocasionalmente Herrera subió con el trío de Tolosa, Castillo  expresa sin pudores y con sincera modestia la sensación de formar parte de esta experiencia. “Para mí es un honor. No me gusta hablar de talento. Pero el Negro   tiene algo en su voz, en la manera de tratarte, que es medio hipnótica. Yo llegue a el como admirador y terminé siendo amigo. Y que alguien que admiras te invite a tocar…no sé… lo mismo me pasa con Lucas (Finocchi, de Mostruo)… Son chabones que yo iba a ver y  después pasan a ser amigos. Con el tiempo te darás cuenta”.