«No somos libres. Y el cielo puede caernos sobre la cabeza. Y el teatro está hecho para enseñarnos eso». Si un concepto se ha discutido y a veces esgrimido con extraños fundamente en este inédito contexto ha sido el de libertad. Quienes gozan de sensatez y empatía entienden que cuidarse y cuidar al resto está por encima de todo. Sin embargo es lógico pensar el modo en adaptar nuestras necesidades a la nueva normalidad y que no solo consisten en lo que está establecido como “esencial”. Las disciplinas artísticas -que han sido una valiosa contención durante el confinamiento- suman al viejo preconcepto que pareciera no considerar a sus trabajadores como tal la necesidad de encontrar nuevas modalidades. Y el teatro o artes escénicas, cuya esencia habita en la experiencia única y presencial, busca plantear alternativas no como por satisfacer una vanidad sino por comprender que su valor va más allá del entretenimiento. “El teatro no puede desaparecer porque es el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma”, dijo alguna vez Arthur Miller. En ese marco surge “Mi parte es todo”, proyecto encabezado por el director, dramaturgo, docente y actor Brian Kobla a desarrollarse en una plaza y que plantearía -mediante todas las medidas sanitarias correspondientes- una de las primeras obras presenciales en la ciudad desde la llegada del covid19.

“El proyecto está integrado por un grupo de actrices, actores y músicos con los que venía trabajando en diferentes proyectos hace unos años -introduce Kobla-. Son todxs artistas de la ciudad de La Plata, y en este proyecto cada uno tuvo un rol fundamental para iniciar esta búsqueda tan específica signada por el contexto en el que estamos”. A medida que transcurrieron las fases y se posibilitaron algunas actividades, el grupo comenzó a reflexionar sobre las posibilidades de la ficción en este contexto “y qué relación podemos establecer entre el teatro, las actividades llamadas esenciales y las actividades cotidianas permitidas como: sacar a pasear al perro, fumar un cigarrillo al aire libre, llevar a tus hijes a la plaza, hacer footing, entre otras. Y de ahí surgieron algunas preguntas primarias, pero fundantes: ¿Es posible que suceda una ficción mientras sacás a pasear al perro? ¿Un ficción podría tener la misma lógica que un deporte individual? ¿Una ficción con la misma lógica que tus rutinas de footing? ¿Qué sucede si la ficción es interpretada por trabajadorxs esenciales? ¿Podría suceder una ficción mientras tus hijes se hamacan? ¿Podría suceder una ficción delante de tus ojos sin que te des cuenta? ¿Cuántas formas puede tener una ficción? ¿A cuántas situaciones reales las percibís como ficciones?”.

Kobla destaca la incidencia de un libro: “Xenotext Experiment” de Christian Bök. “En apariencia propone una obra imposible. La obra consiste en encriptar un poema en una bacteria, indiscernible para el ojo humano, pero que se supone que debería poder leerse en un futuro lejano, mucho después de la extinción de los seres humanos, ya que esta bacteria es resistente a todo tipo de condiciones térmicas y radioactivas. Bök demuestra de esta manera la versatilidad del lenguaje, mostrando que a pesar de las contingencias, el lenguaje siempre encuentra una nueva forma de prevalecer, e incluso en el caso de Bök, una forma eterna”. Y entonces asocia: “Este contexto nos obligó a forzar las formas y las posibilidades del lenguaje teatral para que este sobreviva, los intentos de obras por Zoom, por WhatsApp o experiencias radiofónicas, son ejemplos de estas formas de supervivencia. La modalidad virtual es un paliativo, y la gran tarea que tenemos por delante es pensar formas posibles en formato presencial que dialoguen con las potencias y resistencias del contexto”.

El razonamiento va desentrañando el concepto del proyecto: “¿Qué pasa con nuestra especificidad, los cuerpos presentes, la experiencia de habitar un mismo tiempo y espacio? Y ahí es donde el ejemplo de encriptar un poema en una bacteria, no parece tan descabellado para motorizar nuestra búsqueda en este contexto. ¿Cómo encriptar una ficción en la vía pública que sea indiscernible a simple vista para el ojo humano? Y la respuesta que encontramos fue: volviéndola invisible. Resulta una respuesta mágica e inverosímil, pero parece que necesitábamos una hipótesis extraordinaria para un contexto extraordinario”.

Llegamos entonces al núcleo de la propuesta: “La experiencia tiene una particularidad, y es que sucede en medio del cotidiano, en un espacio al aire libre, mientras niñes juegan, perros corren, alguien se fuma un cigarrillo o alguien hace su rutina de footing. Nos gusta pensar en la idea de que hay una ficción encriptada delante de nuestros ojos, y que sólo el espectador o la persona que tenga un instructivo que le facilitamos con la reserva de su entrada, puede descifrar cómo y en dónde está sucediendo la ficción”. Y aclara, por si hace falta: “Lo que hacemos, lo hacemos con extrema responsabilidad, y eso que hacemos es lo que ve cualquier persona mientras sale a comprar cigarrillos o pasear al perro en un transcurso de 25 minutos de duración”.

La experiencia sucederá a partir del sábado 10 de octubre a las 16.30 hs. Los espectadores podrán reservar su entrada en el perfil de Instagram: MI PARTE ES TODO. Una vez realizada la reserva será enviado un instructivo a cada espectador (serán solo diez reservas por sábado) para que pueda realizar la experiencia que durará un par de meses. “Resulta muy estimulante y un hallazgo de mucho valor para nosotros poder descubrir que la creación en un futuro inmediato pueda dialogar con el cotidiano, espacios públicos, en dónde las personas no sólo serían espectadores de un resultado, sino también testigos de un proceso creativo. Teniendo la posibilidad de ver cómo se hace eso que hacemos. Es un diálogo y una acción directa que opera sobre el tejido social, político y afectivo. Nos preguntamos cómo sería ese cotidiano en donde las personas salgan a comprar al supermercado y vea un ensayo, una clase de danza, una obra de teatro. Nuestro cotidiano podría ser mucho más amoroso”.