A mediados de los ´60 no existía YouTube. Los discos podían tardar seis meses en llegar desde el exterior. Es más: algunas discográficas aprovechaban y buscaban entre tantos grupos locales que proliferaban entonces para registrar versiones antes de que llegaran las grabaciones originales. Se hablaba de música beat, casi como hoy de trap. Y antes de Los Gatos, Almendra y lo que los cánones establecieron con principios del rock argentino, se cantaba -a excepción de Sandro- en inglés. Como The Beatles, por supuesto. No existía tampoco el término viral, pero los fabulosos cuatro habían revolucionado el mundo y la cabeza de toda una generación en distintos rincones del mundo. Como cuando un preadolescente Charly  Castellani dejó el folklore al escuchar “Twist and shout” o como cuando Oscar Paz le pedía a su tía azafata que le trajera copias del exterior.   

O como cuando Facundo Torres, muchas décadas después, comenzaría a tocar la guitarra solo para sacar sus temas. En la casa del barrio Meridiano V su padre siempre había tenido grupos de rock o folklore y para este joven platense la música sería una constante, más allá de haber escogido inicialmente la carrera de Periodismo Deportivo y luego pasar a Derecho. Un año atrás -más o menos en la época que volvió a interesarse en el periodismo a través de un curso que Nicolás Igarzbal daba en TEA sobre el oficio aplicado al rock- daría de casualidad con una entrevista en YouTube. Mariano Nesci y Gabriel Nesci anticipaban “Déjame en el pasado”, su film sobre “la mejor banda beat de la Argentina de fines de los ´60”. Se trataba de una historia tan fascinante como desconocida sobre un grupo que a mediados pudo alcanzar la fama, pero su ascenso se vio truncado por diversos motivos. Algunos, propios del fuero interno por divergencia de personalidades. Otros mucho más lapidarios y ajenos a su voluntad, como la prohibición de cantar en inglés durante el gobierno de Onganía. Cuarenta años después tendrían un regreso tan voluntarioso como accidentado, acorde a su extraña historia donde el azar o las decisiones jamás atentaron contra la calidad de aquellos primeros vinilos. Con un estilo enérgico y fresco, melodías adhesivas y clara sintonía con la escuela británica en plan Kinks, The Knacks se convertirían a futuro en material de culto para los seguidores de eso que en el mundo hoy se llama “rock garaje”.

Si bien ajeno a la práctica formal de oficio pero inspirado por libros especializados como «El concierto del aire» de Miguel Angel Dente y Lucas Fernández, Torres encararía una ardua y entusiasta labor: reconstruir la historia del grupo. Así como entonces tocaban con una Faim y equipos argentinos de precaria sonoridad, Torres encararía la investigación con instinto y convicción sin importar la inexperiencia. Y sonreirá ante la sugerencia de “periodismo garaje”. Con un tono criterioso y austero, pluralidad de voces y contextualización socio histórica, “The Knacks: la banda fantasma” se presenta como un libro breve y dinámico que va más allá de la melomanía. Remite al paso del tiempo, las expectativas y la realidad, los sueños rotos y las ilusiones intactas, a la sutil diferencia entre vivir del pasado o sostener una historia.

O como introduce en el libro el autor y propio editor del libro: “La historia de los Knacks es mucho más que un sueño de juventud truncado por una dictadura vil y despiadada. Es el periplo de un grupo de muchachos que ha entendido que muchas veces el camino es más importante que la meta. Es el hacer y volver a hacer sobreponiéndose a toda piedra que la vida ponga en tu camino. Es el ir en contra de los mandatos de una sociedad que te grita que ya estás demasiado grande para hacer eso que tanto amás. Es el plantarle cara al paso del tiempo y desde una nota, un acorde o el simple sonido de un platillo, gritarle acá estoy, todavía tengo algo más que cantar. Es el entender que, al fin y al cabo, lo que siempre queda es la música”.

“Llegué medio por casualidad -comenta Torres-. La historia me resultó interesante y cuando escuché su música fue el combo perfecto. Me dio ganas de escribir desde mi punto de vista y con los recursos de la lengua escrita. También teniendo en cuenta cuando buscabas no había demasiada información de la banda”.

Originalmente llamados The Snakes, el grupo estaba formado por Carlos Castellani (guitarra y voz), Oscar Paz (batería y voz), Armando Aschenazi (guitarra y voz), vicente Bulotta (Teclados) y Eduardo Mikitow (bajo y coros). Pero fue denominado como The Knacks por Phillips cuando al ser fichados con un contrato que firmaron sus padres, ya que ninguno haya terminado aún la secundaria. Todo parecía indicar un futuro exitoso cuando además de grabar temas de los Beatles compusieron grandes canciones con un sonido sorprendentemente logrado. Pero el idioma que tan bien expresaba fonéticamente Castellani acabaría siendo una de las cruces. “Ellos dicen que para algunas personas es como si fuera mala palabra cantar en inglés, pero que cuando vienen bandas de afuera las van a ver sin problema”, apunta Torres. Si bien la discográfica les propuso probar en castellano, los músicos entenderían tras alguna prueba no muy feliz que “The Knacks son, fueron y serán en inglés”. Si bien se trataba de una convicción estética, acabaría siendo un asunto casi político y durante décadas se ganarían la vida con otros oficios.

“Uno de ellos vive en La Plata -cuenta sobre el trabajo de campo-. Fue fácil con las nuevas tecnologías, ya que me fui comunicando por Facebook. Son personas mayores y pensé que iba a ser más difícil. Al instante estaban encantados de hacer entrevista”. Y analiza las distintas perspectivas: “Cada uno lo toma y relata a su manera. Algunos de manera más realista y otros que se quedaron con la idea de que podrían haber sido bastante grandes y lo tratan con melancolía. Son tipos particulares… A pesar de que no los traté tanto, te das cuenta de la personalidad de cada uno”. Y arriesga: “Si no hubiera pasado lo de Onganía todo hubiera estallado igual, porque nunca hubo una relación muy buena. Incluso en el 2009. Uno supondría que ya no pasaría. Así era difícil que el grupo durara demasiado”.

A la hora de encararlo, decidió que “fueran ellos mismos quienes narran la historia, más allá de cierta apreciación individual que fueron ellos los verdaderos protagonistas”. Y reconoce: “Es el primer libro que escribo y no sé si tengo una identidad propia. Cuando empecé a escribirlo, recurrí a los tips de un libro de Stephen King llamado ´Mientras escribo´. Aunque parezca cliché me sirvió bastante para encararlo”.

Al igual que el documental, el libro repasa momentos poco gratos como una participación conflictiva en un programa de TN para bandas emergentes donde creyeron que los invitaban en plan homenaje y en cambio fueron sometidos a un hostil jurado. Lejos de una historia rosa y exitosa, la de los Knacks parece más humana y real: “Es muy probable que no hayan podido aggiornarse. Creo que se detuvieron en el tiempo porque pensaban que cuando volvían, arrancaban desde el mismo lugar. Aquel público no estaba. La gente ahora no sabía qué eran los Knacks. Fue uno de los problemas, porque arrancaron su vuelta con expectativas muy altas y fue un golpe bastante duro”. Sin embargo no duda que la de los Knacks “es una historia de vida y de superación de personas que siguieron un sueño y pudieron seguir adelante más allá de algún obstáculo”.

“The  Knacks: la banda fantasma” está a la venta en Atenea (Diag. 80 N° 1010), Kaurismaki (Diag. 73 N° 2020), La Normal (7 N° 1125), La Disquería (54 N° 653), Exodo (1 y 46), Jason (6 e/ 48 y 49) y los kioskos de revistas de 6 y 44 y 12 y 60. Para quienes quieran la versión gratuita en PDF, escribir a cufa800@gmail.com