Por Melina Pirotti

China está cerca de tener un pie dentro de nuestro país. Los motivos pertenecen a las grandes posibilidades de que inviertan millones de dólares para instalar criaderos de cerdos en Argentina. Luego de que la Peste Porcina Africana (PPA) de 2018 atentara contra la mayor parte de la producción de cerdos en su territorio, provocó una disminución de entre un 20 y un 50 % de animales en los criaderos. Esto se debe a, que para erradicar esta peste, la única solución es sacrificar a todos los cerdos infectados, ya que no existe cura alguna y es altamente contagiosa. En esta crisis, el gobierno chino debió asesinar entre 180 y 250 millones de cerdos, provocando un gran faltante de producción en el principal país consumidor de cerdos del mundo.

Usualmente, China produce 450 millones de estos animales, pero, al contar con la mitad de ellos debido a la matanza que debieron realizar, decidió salir en busca de una nueva región que tenga la capacidad territorial para exportar e instalar sus granjas industriales, los recursos para abastecerlas, la mano de obra especializada y requerida y la aceptación de recibirlos para poder producir cerdos en cantidades ingentes.

Una de sus opciones para este proyecto, sin dudas, fue Argentina. Una de las razones puede ser –además de que cumple con los requisitos antes mencionados– que desde 1996 nuestro país es quien le exporta a China la soja transgénica para alimentar y engordar su ganado porcino. Otro punto a considerar es que, si bien Brasil es el socio comercial predilecto en esta región, las sucesivas devaluaciones argentinas redireccionaron el interés de los chinos por el bajo costo que significaría producirlos: en Asia producen un kilo de carne de cerdo por 2 dólares, mientras que en Argentina podrían generarlo por apenas 70 centavos de dólares.

De esta manera, China pretende establecer en la Argentina veinticinco granjas pobladas con hasta medio millón de cerdas madres, duplicando el stock nacional actual. Cada cerda, por año, podría parir una veintena de cerdos, ya que suelen tener entre doce y catorce cerditos cada seis meses. Es así como promoverían en un caudal de nacimientos cercano a los 10 millones de cabezas anuales. Además, estas comprenden dentro de sí plantas de elaboración de alimento balanceado, biodigestores (generación de energía y biofertilizantes), criaderos de ciclo completo, frigorífico exportador, proceso sin laguna de efluentes, y oficinas del Senasa y de la Aduana.

Para los productores nacionales de porcinos, el ingreso al país de estas industrias chinas afectaría completamente su trabajo debido a que, como es sabido, China quiere tener bajo su poder tanto las tierras donde establecería las granjas como los puertos, pasando por el traslado de los animales, la faena, el almacenamiento de la carne en cámaras frigoríficas.

Sin embargo, el punto a considerar acá no es solo la producción descomunal que se originaría en nuestro país, sino la contaminación que vendría con ella. No solo afectaría la explotación de recursos como el suelo y el agua, sino que traería infinitas enfermedades tales como las que produce la sojización, al arrojar un 1.400 % más de venenos que hace veinticinco años atrás. Dentro de las complicaciones que podría provocar en las personas, se pueden enumerar: contaminar el aire que respiramos, provocar cáncer o la infertilidad y enfermedades crónicas, especialmente a aquellos que se encuentren cerca de la zona de producción o los mismos trabajadores de la industria. También hay que tener en cuenta que Argentina está dentro de los diez países con más deforestación del mundo y que mayor cantidad de fertilizantes. Estos dos aspectos no colaboran para reducir la contaminación ambiental.