Por Ramiro García Morete

“Estoy sola y escribo/ No, no estoy sola/ Hay alguien aquí que tiembla», escribió Alejandra. Decir que la noción de soledad –esa sombra, ese espejo–  alcanzó dimensiones inéditas durante los últimos meses no es ninguna novedad. La falta de algo nuevo o –en consecuencia– esa sensación de reiteración constante que infiere el confinamiento ha sido más que un desafío a resolver con manuales de auto-superación, recetas de masa madre o analogías con Sísifo o el Día de la Marmota. Resueltas para algunes las necesidades básicas de la vida (techo y comida) emergieron las de la sobrevida, terminando de asumir que lo “virtual” no está disociado de lo llamado “real”. Y esa sensación de tener todo el tiempo y a la vez sentir que el tiempo nos tiene atrapadxs y bla bla bla bla. Uf. Basta, señor redactor. Monólogos mentales e infinitos como estos quizás hayan atestado las cabezas de quienes llevan adelante ese colectivo llamado 25 Horas, allí por los primeros meses del aislamiento. Hasta que las notables y expresivas ilustraciones de Camila Ayala dispararon el antídoto al sobre-pensamiento: la acción. Retratos llenos de humanidad y sutil conflicto no solo oficiarían de reflejo de las propias sensaciones sino que promoverían la idea de otorgarles vidas posibles a esos personajes. “Habitar (relatos entre cuatro paredes)” surge como un destacado trabajo que compila 27 historias breves situadas en contexto de cuarentena, que no necesariamente son acerca de la misma. Y así como el confinamiento ha magnificado lo mejor y peor de todes, tanto como hacernos pasar por todos los estados, el registro coral nos lleva con dinamismo desde el drama hasta el humor, desde lo coloquial hasta la distopía, desde la perspectiva de género al existencialismo. “Habitar se propone alentar esas ansias de contar(nos) desde la cuarentena, pero con el desafío de salir del relato autobiográfico o de la catarsis del pie-de-foto de Instagram”, expresa uno de los prólogos de este e-book de casi cien páginas y libre descarga disponibe en 25horas.com.ar

“Nos gustaba eso de trabajar a la inversa de lo que muchas veces se hace, cuando a partir de un relato se ilustra –introduce Ailín Russo, editora y compiladora–. La idea es que la imagen tuviera tanta fuerza como el texto. Son dos lenguajes muy ricos y diferentes. Nos parecía bien ponerlo en igualdad de condiciones. De todas maneras, hubo otro factor. Las ilustraciones son obra de una artista increíble que trabaja con nosotros. Cuando vimos que había empezado a trabajar con esta serie, ahí fue el disparador de encontrarle historias para esas personas. Esos seis personajes que ella creó como modo de retraer esto en lo que estábamos inmersos”. 

La consigna, que en principio fue propuesta para los integrantes del equipo que velozmente se extendió a otras personas ligadas a la comunicación o la escritura fue “contar algo de la vida de ese personajito. Pensar un personaje con todo su universo, ahora achicado o acomodado a un espacio como es la casa. Entonces quizá disparaba mucho para algunos trasfondos”. Además, cuenta que “la cantidad de caracteres era 1700 máximo. Porque sabíamos que al ser digital queríamos que fuera sencillo de leer, que no ocupe muchas páginas”.

Estilísticamente, el libro cuenta con “variados registros. Pero se dieron independientemente. En el caso de la persona que está pintando los ojos se dio naturalmente que todos los textos están atravesados por la cuestión de género. Porque quizá ese elemento era lo más preponderante en esa ilustración en sí. Algunos textos quedaron más parejos pero también era una cuestión de ver la multiplicidad de interpretaciones”.

Lxs autorxs de los textos no solo abordaron las realidades imaginarias de los personajes ilustrados, sino que en cierto modo vieron las propias interpeladas. “Hubo casos más de casi ‘vomitar’ sensaciones y purgar lo que se sentía –cuenta Russo–. Y hubo otros que sentía: no sé qué escribir, no puedo ser creativo en este contexto. ¿Cómo crear cuando tengo la cabeza en cualquier lado?” Y entonces celebra que más allá de “lo maravilloso de sacar un libro, está lo satisfactorio de poder empezar y terminar un proyecto en este 2020. Es una de las cosas más lindas: lo tenemos, lo hacemos circular. Algo pasó”.

Respecto a 25 Horas, Russo lo define como “un medio multiplataforma que nació en Quilmes en 2016. Muchas de las personas somos egresades de la UNQUI. Comunicadores, fotógrafas, investigadores, gente que diseña, un grupo de talentos unidos. Un proyecto multiplataforma que se piensa con una identidad conurbana. Nuestro lema es abarcar desde donde estamos parados hacia afuera”.