Por Ramiro García Morete

“¿Cómo llamarlo?” Hasta hace apenas unos meses llevo ese nombre el grupo  de whatsapp. Habrá habido posiblemente un mensajito por ese medio,  alguno de esos “ando cerca” de Alejandro Bértora al pasar cerca de Plaza Italia . Y es que el taller de lutheria de Daniel, hermano de Natanael  Ullon, sabe oficiar para muches como un buen lugar de encuentro. Allí mismo el guitarrista había conocido a su otro par de Luna Roja y las Guitarras Negras, donde “Elale” entona hermosos tangos del siglo XX. Había sido el tango también quién muchos años atrás y a través de Puente Roma –en busca de cellista-había contactado a Ullón con Melén Silvestre. La también guitarrista no se sumaría a aquella agrupación, pero el vínculo personal se mantendría al punto de traer al mundo a una personita llamada Aimée.

Lo cierto es que aquella tarde de 2019 posterior a un verano en el que Natanael y Melén estaban fascinados por Blamorea,  Elale pasaría por el taller  y entre intercambios musicales sonaría algo del admirado Moby. El multintrumentista y parte de Sr. Tomate o Los Pilares de la Creación sugeriría unos beats con los que había trabajado. Pero la particularidad estaba en que provenían de capturas de sonidos orgánicos luego procesados.

 Esa combinación sería recurrente  y determinante en la dinámica e identidad del ahora sí grupo.  Con algunas canciones de Melén que ya existían y el resultado de los ensayos en Tolosa (porque ahí estaba la computadora de escritorio), el trío generaría un dialogo entre lo folklorito y tribal con los recursos contemporáneos y tecnológicos, con particular cuidado en las texturas y  una narrativa donde la ausencia de palabras no implicaría de relato. Y es que influenciados por la noción de soundtrack y la convicción de entender la música como una experiencia que trascienda la propia disciplina, delinearían una historia  y en un show en vivo llamado “Música para volar”. Un ser de un universo extraño, abordando nuestro mundo en un viaje sensorial. O algo así, que siempre explica mejor la música que la palabra. ¿Cómo llamarlo? In.secta.

Con la apacible “Despertar en la arboleda” publicada y a punto de lanzar la experimental “Rave en el bosque”, sirven como buena introducción al espectro del grupo.  “Son complementarias porque In.secta nació como un proyecto de un soundtrack completo-introduce Ullón -. Cuando tocamos en vivo nuestra propuesta es sin pausas, con todos los temas unidos en una cronología de historia. Intentamos trabajar el concepto de la historia de una ´insecta´ que pertenece a otro universos y que de pronto se encuentra, como si fuera La Metaformosis  de Kafka,  en un nuevo mundo que tiene que descubrir y habitar”.  Y explica: “La razón de ser va por el lado de tener un alter…Que  In.secta podamos ser nosotros tres o más gente, que pueda ser una cuestión audiovisual dentro de un show en vivo o un video, que pueda estar hecho en dibujito, en 3D…Viene por la necesidad de despersonificar al concepto de banda, de músicos y llevarlos a otro lugar, a algo más de fantasia”.

Formado en Diseño Multimedial, agrega que “ desde el principio quisimos laburar lo audivisual. En vivo trabajamos mucho eso. Y ahora que decidimos grabar y difundir material, queremos hacerlo de a un tema y con video para que tenga una linealidad completa”.

Yendo a lo musical, reconoce “una impronta tribal folclórica que dialoga todo el tiempo con lo más contemporáneo de la tecnología”.  Con esa idea proyectaron la instrumentación. “Por ejemplo Melén toca el cello y la guitarra. Está la posibilidad de que en un tema toque uno u otro. Y esa cosa de Alejandro que es multi-instrumentista, te controla un beat o tirar un simple y a la vez estar con algo percusivo.  La textura y los colores para nosotros es muy importante. Porque es nuestra idea de experimentación en este proyecto”.

Ullpon cuenta que “el proceso compositivo es variado”, pero que a pesar de los beats “es una cosa más orgánica, como en el ensayo con un volumen bastante alto y tocando sobre eso. Intentando agregar otras cosas”.

En ese proceso de agregar cosas-que incluye un instrumento tan inusal como una garrafa- no descartan verbalizar. “No cerramos la puerta a las palabras. En estos temas que tenemos decidimos parar  un poco y cerrar esa etapa de lo que es ese show. Y todavía no hay palabras. Pero no descartamos”.